“Feelgood”: una gran comedia que desnuda la corrupción política

Por Horacio Otheguy Riveira

Una alegría grande en pleno verano madrileño: la reposición de una función que apenas estuvo unos 40 días en la primavera de 2013 en Matadero. Un gran trabajo en el que todo está logrado: diversión y brillantes recursos envolventes con capacidad de sorpresa, en un elaborado ejercicio de muy buen teatro.

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En el suelo: Javi Coll; de izquierda a derecha: Javier Márquez, Fran Perea, Ainhoa Santamaría.

 

De entrada hay que agradecer al director/adaptador Castrillo-Ferrer que haya sido fiel a la obra original, al menos en lo que se puede detectar en el patio de butacas: no hay atentados españolizantes que busquen la carcajada fácil del espectador, sino una adaptación inteligente de lo específicamente inglés a lo universal. Y de paso algo que podamos reconocer por aquí: diálogos y situaciones perfectamente trasladables al actual gobierno español bañado por una corrupción galopante, pero con discursos reformistas y positivistas como si viviéramos en un mundo ideal.

Un autor, un estilo, una realidad siniestra

Asistimos al vendaval que padecen cuatro hombres y dos mujeres dispuestos a todo —según el grado de ambición y sus escrúpulos— en las cloacas del poder: mientras ministros y presidente juegan la comedia del Feelgood (sentirse bien; yo estoy bien; todo está bien) y los ciudadanos que dirigen están a punto de explotar, desesperados por la miseria, los recortes, los robos descarados, representados por una pertinaz manifestación a los pies del edificio donde se fragua el congreso del partido gobernante…

El autor, Alistair Beaton, es un crack de muchas cosas en Reino Unido, un país que nos da diez vueltas en la permisividad para parodiar a la monarquía y la clase política. Ni siquiera Margaret Thatcher pudo impedir que se mofaran de ella. Pues bien, Beaton, además de su talento teatral, tiene una experiencia que ha explotado brillantemente en este texto: ha escrito los discursos del último primer ministro laborista (socialista) de Reino Unido, Gordon Brown, de manera que todo lo que en escena sucede está pasado por el filtro de su propia experiencia:

 

Aunque he de confesar que todo lo que en la obra causa gracia y desde luego horroriza, en la realidad cotidiana que yo viví fue muchísimo peor, pero, claro, a tal punto que resultaría inverosímil, completamente increíble llevado a escena. Vamos, que esa realidad patética no hay guión que se lo trague. Demasiado siniestra.

 

Un reparto que enamora

Actores de talento para una comedia muy exigente. Desde el comienzo recorre el escenario un formidable espíritu de equipo dirigido por el también actor Alberto Castrillo-Ferrer: un aire ligero de comedia con un ritmo trepidante en que cada actor compone un personaje desde el mínimo elemento físico que le caracteriza, y todos a una se deslizan como por una pista de patinaje para respirar al son de las situaciones, es decir: ansiosos, irritables, fascinados o desesperados… al servicio de quien les paga: el señor presidente, GP (el Gran Pastor).

Entre risas burlonas, irónicas o sarcásticas, se desenvuelven con espléndido talento todos los actores: Fran Perea (el asesor ex-alcohólico, tenso y ansioso, obsesionado con la limpieza y el orden), Manuela Velasco (la ex esposa y joven periodista entre el ataque y la conciliación con epílogo impactante), Ainhoa Santamaría (la secretaria todoterreno, adoradora de la autoridad), Jorge Usón (el hombre de los gags de televisión, a merced del mejor postor con hilarante ingenuidad), Javi Coll (el ministro que simboliza lo más odioso del poder: el cinismo y el expolio —sustituye con gran acierto el trabajo encomiable que hiciera en la anterior versión, Jorge Bosch), y Javier Márquez (escritor de discursos, entre el quiero y no puedo de la rebelión).

Feelgood Teatro

Manuela Velasco y Fran Perea: reencuentro de ex cónyuges, una bebe, el otro lo ha dejado: la corriente erótica que les alcanza es falsa, cada uno necesita cumplir con una ambición.

Diversión, suspense y reflexión final

A menudo los repartos son difíciles de armonizar. Muchos directores se lamentan de esta dificultad y confiesan que algunos de sus elencos fueron mal ensamblados porque los actores que querían no estaban disponibles. No es el caso. Esta vez se trata de una fértil unión surgida de Todos eran mis hijos, ya que la mayoría de ellos estuvieron en aquella inolvidable función protagonizada por Carlos Hipólito y Gloria Muñoz, aquí colaboradores en off.

 

En Feelgood durante una hora cuarenta minutos todo está muy bien logrado: la diversión, la capacidad de sorpresa, y un ejercicio de muy buen teatro bajo la refinada puesta en escena de una de las sátiras más crudas y a la vez más elegantes de la temporada. A menudo los parodistas confunden los estilos y se lanzan a unos excesos propios de farsas que no vienen a cuento. Aquí está todo muy medido, a tal punto que cuando un crimen da el mazazo final, comienza la reflexión profunda que se ha ido deslizando por la comedia como un río venenoso que a todos nos alcanza.

 

Feelgood

Autor: Alistair Beaton

Traducción, adaptación y Dirección: Alberto Castrillo-Ferrer

Ayudante de dirección: Amanda Recacha

Intérpretes: Fran Perea, Javier Márquez, Ahinoa Santamaría, Jorge Bosch, Jorge Usón/Javi Coll, Manuela Velasco.

Colaboraciones especiales: Carlos Hipólito (en vídeo, con dirección de Paula Ortiz) y Gloria Muñoz (voz).

Iluminación: Uxua Castelló

Vestuario: Marie-Laure Bénard

Lugar: Teatro Infanta Isabel

Fechas: Del 20 de agosto al 28 de septiembre de 2014

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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