Santiago Posteguillo a propósito de “La sangre de los libros”, su último trabajo

«La buena literatura de verdad, la que nos hace palpitar, la que nos emociona y nos transporta a otros mundos, la que nos parece más real que la realidad misma es la que está escrita, palabra a palabra, verso a verso, página a página, con sangre en las sienes, en las manos y en el alma».

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La sangre de los libros, de Santiago Posteguillo.

Santiago Posteguillo, el autor español más vendido de novela histórica, deja temporalmente a un lado Roma y las aventuras de Trajano para invitar al lector a un fascinante recorrido por las historias y los enigmas más apasionantes e insospechados de libros y autores destacados de la historia. Anécdotas insólitas y significativas de la literatura contadas con el peculiar estilo Posteguillo.

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La sangre de los libros.  Santiago Posteguillo.  Editorial Planeta, 2014.  208 páginas.  18,90 €

Asesinatos, suicidios, duelos, condenas a muerte, juicios… Detrás de los grandes libros se esconde más sangre de lo que inicialmente cualquiera podría imaginar. ¿Qué pasó para que Séneca fuera condenado a muerte hasta tres veces por tres emperadores diferentes? ¿Es cierto que se han hallado pruebas de la reencarnación de Shakespeare? ¿Se imagina a Calderón de la Barca capaz de quebrar la clausura sagrada de un convento en pos de venganza? ¿Por qué Pushkin murió en un duelo? ¿Fue Agatha Christie asesinada? ¿Sabía de las dificultades que tuvo Pessoa para encontrar editor o que La divina comedia estuvo a punto de no publicarse? ¿Sabía que Quevedo usó un calambur para mostrar en público y delante de la propia reina Mariana de Austria la cojera que sufría?

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P.- La buena literatura, la de verdad, es la que está escrita con sangre… ¿Se derrama mucha sangre en el momento actual a la hora de escribir?

Por supuesto. Se están haciendo muy buenas obras en novela, poesía o teatro, ya sea en España o fuera de ella. Pero nos falta la suficiente perspectiva para saber cuáles son las que perdurarán en el tiempo.

P.- Las anécdotas y las historias ligadas a los libros son siempre una buena forma de atraer y atrapar al lector. ¿Es este libro una estudiada manera de incitar a la lectura?

A mí me lleva funcionando muy bien durante 23 años de docencia universitaria en la Universitat Jaume I de Castellón. Recurrir a lo anecdótico, a lo misterioso o enigmático puede parecer superficial a la hora de enseñar literatura, pero es una manera, para mí lícita e inteligente, de, como decías, atraer a muchas personas hacia los autores clásicos de épocas pasadas y, sobre todo, hacia sus magníficas obras. Muchas piezas literarias de tiempos pasados son percibidas por lectores actuales como distantes, como si no tuvieran ya nada que compartir con ellos. Desde lo anecdótico podemos conducir a muchos de esos lectores de regreso a las grandes escritos y escritores de todos los tiempos en un viaje que siempre recordarán con sumo agrado. La sangre de los libros puede hacer de puente entre nuestra literatura de hoy día y la del pasado.

P.- Siguiendo con el tema de incitar a la lectura… ¿cree que a nivel educacional y familiar nuestros jóvenes están suficientemente motivados a la lectura?

Los hay que sí, pero muchos se pierden en otras formas nuevas de lectura que sin ser malas sí son diferentes y que deben ser complementadas. Me explicaré: hoy día los jóvenes leen mucho en tabletas y dispositivos electrónicos de todo tipo (ordenadores, móviles, etc…). Están acostumbrados a frases cortas, intercambios rápidos o navegar por la red saltando de una página a otra. Es una forma de lectura e intercambio de información que desarrolla destrezas como la rápida conexión de ideas diferentes. Y esto no es malo en sí mismo, pero se pierde la reflexión que se consigue con la lectura dilatada en el tiempo de textos largos y continuos. Esta es la reflexión que da leer novelas, por ejemplo, sea ya en formato electrónico o impreso. Lo ideal es que los jóvenes vean que ambas formas de leer son complementarias y que las pueden y deben compatibilizar. No hay que caer en el error tampoco de forzarlos a que una lectura de novelas remplace por completo sus otras formas de lectura.

Posteguillo

Santiago Posteguillo

P.- ¿Cómo surgió la idea de hacer este libro? ¿Una manera de cerrar cuentas con los clásicos?

Más bien pasión por ellos. Al ver que esta forma de presentarlos en mi universidad me ha estado sirviendo durante años, pensé que quizá sería interesante probar a hacerlo también dirigiendo estas historias, estos relatos de La sangre de los libros hacia un público más amplio. Ya me funcionó bien con un volumen previo de formato similar titulado La noche en que Frankenstein leyó el Quijote. Lo que ocurre es que la popularidad de mis novelas históricas traza una sombra muy larga que ocultó este volumen que, no obstante, encantó en muchos foros literarios y clubes de lectura. La sangre de los libros sigue su senda pero es más ambicioso, con más relatos, que nos llevan desde Cicerón hasta Asimov.

P.- Supongo que este tipo de trabajos exige de una ardua labor de documentación. Y también de selección, para finalmente redondear el libro como lo hace.

Sí, hay mucha documentación en un volumen de este tipo porque hay que recrear la antigua Roma (aquí ya tenía trabajo adelantado por mis novela de Escipión y Trajano), la Francia o la Rusia del XIX, detalles de la primera guerra mundial, etc…

P.- ¿Cuál de estas historias le resulta más atractiva e interesante? ¿Por qué?

A mí me emociona enormemente la de Cartas rotas donde se ve como Charlotte Brönte, que sufrió una vida llena de padecimientos, en lugar de quedarse sola en una esquina de su casa, llorando y sintiendo lástima de sí misma, reconvierte todo ese horror vivido y lo transforma en Jane Eyre, una de las obras maestras de la literatura universal: entretenida, enigmática, misteriosa, moral y donde la justicia y el amor triunfan y pueden con todo. Una lección de técnica literaria y de resistencia vital ante la adversidad. Creo que el relato conmoverá a mucha gente.

P.- ¿Tiene quizá alguna explicación de cosecha propia a la muerte de Allan Poe?

Para mí lo más probable es la teoría que apunta a que quizá fuera usado para votar ilegalmente en las elecciones, una práctica que se desarrollaba en aquella época, donde se pagaba a alguien para que votara en más de una ocasión con nombres falsos. Era conocido que Poe tenía necesidad de dinero y podría haber aceptado para conseguirlo. Quizá fue drogado al final para que no revelara el delito y se les fue la mano con la dosis. O pudo ser también que hubiera ingerido más alcohol de la cuenta aquella noche. En todo caso, sigue siendo un gran misterio porque han desaparecido todos los archivos relacionados con la investigación de su muerte.

P.- ¿Tendría hoy Blasco Ibáñez el éxito que en 1919 tuvo a nivel internacional en EEUU?

Seguramente, porque era un hombre internacional y volvería a serlo hoy día. Lo que tampoco cambiaría es que luego tenderíamos a olvidar semejante proeza con rapidez.

P.- Como escritor de exitosa novela histórica que es y viendo la trayectoria de autores del género como Ken Follet, ¿Se ve usted en la senda del best-seller?

Bueno, como escritor sí que intento que mis novelas sean lo más accesibles posible a un público lector muy amplio. Tengo lectores y lectoras desde los diez años a los 98. Cuando apuntas a un público tan amplio, si aciertas con una forma de narrar que resulte popular, es factible que termines como algo parecido al best-seller. A mi no me molesta en absoluto esa etiqueta si es que mis ventas me hicieran merecedor de la misma. Pero sí me gusta precisar que no todo lo que vende mucho y es popular tiene porque estar falto de calidad, de la misma forma que el vender muy poco tampoco garantiza que lo que hagas sea bueno.

P.- Vuelvo a la sociedad actual y sobre todo a la juventud: ¿son el móvil e internet los enemigos directos del libro y de la lectura?

No necesariamente. Ambos inventos suponen avances sobresalientes: Internet ha puesto al alcance de muchos una cantidad de información como nunca antes y eso es maravilloso. Y los móviles nos permiten estar conectados al mundo profesional o privado desde lugares insospechados. Todo eso puede ser muy bueno, pero un uso inadecuado o adictivo de la tecnología, por supuesto, es enemigo de la lectura y también de cualquier otra actividad cultural o profesional. El propio Steve Jobs imponía a sus hijos un uso muy selectivo de la tecnología, pues era consciente de cómo ésta puede arrebatarte la libertad para otras actividades que te ayudan a componerte como una persona mucho más plena. Pero, bien administrado su uso, una persona puede usar el móvil para comunicarse con agilidad, Internet para informarse, documentarse y otras actividades profesionales y de ocio y encontrar también tiempo para la lectura.

P.- ¿Está ya embarcado en nuevos proyectos literarios?

Terminar la tercera parte de la trilogía de Trajano. En ello trabajo a diario, pero como se trata de otra novela de más de 1000 páginas y otros cien personajes es una tarea de titanes y uno es sólo un escritor, así que esto lleva tiempo. Pero en ello estoy. Creo que va camino de convertirse en mi novela más sorprendente y espectacular por los puntos de vista narrativos que voy a combinar en ella y por los giros de la trama, más allá de que por sí solas, las campañas de Trajano en Oriente son alucinantes.

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Por Benito Garrido.

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