El crimen que Edgar Allan Poe intentó resolver a través de la literatura

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Ilustración de 1841 de María Rogers en el río

Ilustración de 1841 de María Rogers en el río

Por Alejandro Gamero (@alexsisifo)

Aunque la tienda de cigarrillos del señor John Anderson no era demasiado distinta a otros establecimientos de tabaco que pudiera haber repartidos por Nueva York, lo cierto es que siempre estaba llena. Lo único que diferenciaba a ese comercio situado en Liberty Street del resto era el poderoso atractivo de su vendedora, la joven María Cecilia Rogers. La belleza de María llegó a ser tan legendaria que incluso la prensa local se hizo eco de ella. Eran innumerables los clientes, entre los que se encontraban figuras literarias de la talla de Washington Irving, que frecuentaban el local bajo cualquier excusa. Todo con tal de pasar un rato coqueteando con la hermosa muchacha.

Pero el 25 de julio de 1841, tras anunciar que iba a ver a unos familiares, María desapareció sin dejar rastro. No era la primera vez que algo así ocurría. Años atrás, en 1838, la joven ya había desaparecido, aunque al final todo resultó ser un engaño para poder visitar a un amigo en Brooklyn. Esta vez, en cambio, tres días después de que fuera declarada en paradero desconocido, su cadáver apareció flotando en el río Hudson en Hoboken, Nueva Jersey. Según el forense, sus ropas estaban destrozadas y su cuerpo presentaba signos de haber sido forzado, lo que indicaba que se trataba de un asesinato. La morbosa noticia, que despertó un fuerte interés mediático y protagonizó la portada de todos los periódicos de la época, no tardó en escandalizar a una ciudad que por aquel entonces tenía poco más de 300.000 habitantes.

Recorte de la prensa de la época

Recorte de la prensa de la época

En un primer momento las sospechas recayeron en su prometido, Daniel Payne, que se suponía que podría haberla asesinado para evitar que ella rompiera su compromiso. El joven no tardó en ser exculpado, pero meses después de la muerte de María la depresión por haberla perdido le llevó a suicidarse con una sobredosis de láudano. Otra hipótesis llegó a conjeturar que el cuerpo de María había sido abandonado en el río después de un aborto fallido, del que se acusó a la célebre abortista Madame Restell. Sin embargo, las pruebas demostraron que esta también era inocente.

El caso todavía se encontraba abierto cuando un nuevo crimen, el asesinato del impresor Samuel Adams a manos de John Caldwell Colt ‒hermano del inventor del conocido revólver‒, hizo que el interés por María Rogers se fuera disipando poco a poco. A pesar de ello, a finales de 1842 un escritor aprovechó el tirón que todavía tenía el caso para convertirlo en un relato literario. El escritor en cuestión era Edgar Allan Poe y el cuento «El misterio de Marie Rogêt».

Poe había sido el iniciador del género policíaco con un relato, «Los crímenes de la calle Morgue», que estaba basado en los detalles de un crimen real y cuyo protagonista, el detective Monsieur Auguste Dupin, era una adaptación libre del inspector de policía parisino Vidocq. Con «El misterio de Marie Rogêt» Poe quiso repetir el éxito de su historia anterior: volvía a utilizar al personaje de Dupin y una vez más se basaba en un asesinato real, precisamente el de María Rogers. Si bien Poe alteró algunos datos en la secuela de «Los crímenes de la calle Morgue» ‒María Rogers cambia su nombre por el de Marie Rogêt y la acción transcurre en París en lugar de en Nueva York‒, los lectores de la época no tuvieron demasiadas dificultades para identificar ambos crímenes como el mismo.

Ilustración de una reedición de 1853 de El misterio de Marie Roget

Ilustración de una reedición de 1853 de El misterio de Marie Roget

«El misterio de Marie Rogêt» fue publicado en la revista Ladies’ Companion en tres entregas: en noviembre de 1842, en diciembre de ese mismo año y en febrero de 1843. La estrategia de Poe funcionó a la perfección: en la última entrega el nivel de expectativa generado entre los lectores era bastante alto, porque todo parecía indicar que el autor iba a resolver a través de la literatura un asesinato que estaba lejos de esclarecerse en la vida real. Una vez publicada la historia, en ella Dupin concluye que el asesino de Marie Rogêt era un marinero, algo que más allá de la ficción fue imposible de comprobar. Y es que Poe, con su historia, en realidad estaba muy lejos de resolver el crimen de María Rogers.

De las tres historias que protagonizó Dupin ‒a las mencionadas habría que añadir «La carta robada»‒, «El misterio de Marie Rogêt» se suele considerar como la menos brillante. A pesar de ello al año siguiente Poe, que vio cómo la jugada le había beneficiado, volvió a basar uno de sus relatos, «La caja oblonga», en un asesinato real, el de Samuel Adams. No sería esa la última vez que ficción y realidad se cruzaban en la novela policíaca. Hay que decir que si Poe saltó de un crimen real a uno literario sin conseguir resolverlo, otro maestro del género de detectives, Arthur Conan Doyle, hizo exactamente lo contrario y consiguió resolver varios crímenes reales convirtiéndose a sí mismo en una especie de doble de Sherlock Holmes.

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