Los libros de la isla desierta

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Por Óscar Hernández Campo.

LOS LIBROS DE LA ISLA DESIERTA

Mi planta de naranja lima. José Mauro de Vasconcelos (Ed. Libros del Asteriode)

Mi plant de naranja limaEste es un libro breve. Un relato que camina de puntillas entre los recuerdos y la imaginación de un niño. De un hombre que fue niño y que desde los ojos de un niño vivió unas circunstancias duras en un tiempo difícil. José Mauro de Vasconcelos (1920-1984) fue un escritor brasileño que conoció la dureza de los barrios pobres hasta la extenuación. Y que plasmó en este librito aquellas vivencias desde el punto de vista de un pequeño de cinco años, casi seis, Zezé, cuya imaginación lo desborda y cuya capacidad para crear fantasías, sueños y trastadas, le acarrea los castigos de los mayores. Zezé va a la escuela con los niños de seis años, aunque tenga cinco. Nadie puede saber que han mentido para escolarizarlo. Su maestra lo adora, el dueño del bar lo adora, todos lo adoran; pero en su casa, a la mínima, recibe una buena azotaina.

El pequeño Zezé, penúltimo de varios hermanos en una casa castigada por el paro y la pobreza extrema, se refugia en sus charlas con su arbolito de naranja lima, con quien habla e imagina aventuras junto a los vaqueros de sus películas favoritas. En ese mundo de ensueño, evasión de una realidad asfixiante, el pequeño se siente feliz. Cuando tiene que trabajar, coge su cajita de limpiabotas y se va por la ciudad en busca de unas monedas que llevar a casa. Trabaja sin descanso para conseguir comprarle a su padre un regalo, roba una flor para su maestra, asusta a las vecinas con una media que parece una serpiente… Zezé tiene un corazón enorme y quizá por eso es la víctima de la frustraciones de los mayores. Su cuerpecito recibe una tras otra porque suele estar en el momento equivocado en el lugar equivocado. O porque su boquita le pierde. Aunque sólo tiene cinco años.

Pero en los barrios donde la pobreza es enorme, en esos barrios de las grandes urbes del Brasil de los años veinte del siglo pasado, quizá no muy diferentes de los de hoy en día; en esos suburbios donde otro genio, Jorge Amado, narró sus historias más sublimes, Vasconcelos nos muestra la desgarradora realidad de una familia que vive al día, o al límite, o empujada por la corriente. Y un pequeño de cinco años, casi seis, ve cosas, vive situaciones, que un niño no comprende, y que en su imaginación tierna e ilimitada, se convierten en fantasías propias del cinematógrafo. Entonces, en medio de ese drama, Zezé conoce al portugués. Un hombre grande, gordo, rico, que conduce un coche más grande aún. Y aunque lo odia en un primer momento, el portugués, o Portuga, como acabará llamándolo, le cambiará la vida.

Estamos ante una fábula, ante una narración infantil que muestra el desgarro de una sociedad dividida en extremos, donde el hambre, el dolor, la soledad y la desesperación se nos explican desde el punto de vista de un niño. Al menos desde el punto de vista del niño que fue. Porque el narrador es el Zezé adulto que nos habla desde su memoria de Zezé niño. Y esa mezcla de ingenuidad, de dolor, de nostalgia, de amargura y de conocimiento, dan al texto un sabor agridulce que llega muy adentro. José Mauro de Vasconcelos, que fue actor, guionista y escritor en una vida que sin ser larga fue intensa, llena de viajes y experiencias, escribió numerosas obras en las que se situó del lado de los más desfavorecidos y preocupado siempre por el medio ambiente.

Mi planta de naranja lima, quizá su obra más popular, aunque poco conocida entre nosotros, es una pequeña joya que merece ser leída y releída con calma, con sosiego, buscando el niño que todos llevamos dentro y cuya imaginación, bulle y nos permite charlar con nuestro arbolito, viajar al far west y vivir todo tipo de aventuras sin salir del patio de casa. Por eso, este libro merece formar parte de los libros de la isla desierta.

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