Yo, él y Raquel (2015), de Alfonso Gomez-Rejon

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Por Jaime Fa de Lucas.

Yo-el-y-RaquelNada sabía del director. Nada sabía de la película. Tras el visionado la sensación fue positiva. Ganó el premio del público y el gran premio del jurado en Sundance. Trata de un chaval cuyo hobby es grabar versiones raras y humorísticas de películas clásicas –con un amigo, el “él” del título– y al que su madre obliga a quedar con una compañera de instituto a la que acaban de diagnosticar leucemia –“Raquel”–. Al principio él se resiste, pero al final acaba forjando una sólida amistad. Quizás este último sea el único tópico que sobrevuele al film, pues si bien pudiera parecer la típica película de adolescentes con historia de amor, chistes fáciles y dramas juveniles varios, ésta se desmarca a la perfección de los convencionalismos y presenta, entre otras cosas, un retrato humano bastante refrescante.

Lo más destacable son los recursos narrativos del film: fotografía muy cuidada, voz en off con el flujo de conciencia del protagonista, fragmentos con stop motion, escenas surrealistas, el humor… Por establecer alguna comparación, tiene cierto parecido con las películas de Wes Anderson, pero con mayor consistencia, sin caer en el absurdo, lo disparatado o la dispersión. Tiene detalles muy interesantes, como los planos picados y contrapicados en la primera escena en la que los dos jóvenes se encuentran, mostrando así el conflicto previo a su amistad, algunos giros de cámara que reflejan cambios temporales, los planos cenitales, etc. Esa semantización formal, ese encuadre o movimiento de cámara que apoya el sentido o el significado de lo que se transmite de forma lingüística y gestual, está bien elaborada y denota bastante sensibilidad por parte del director.

Otro aspecto relevante reside en el toque metanarrativo de la película. Además de los comentarios que el propio protagonista hace sobre la historia, “esto no es una historia romántica”, los chavales son amantes del cine clásico y hay varias escenas en las que aparecen referencias al mismo, como una de ellas en la que entran a un videoclub en busca de inspiración para sus versiones y se puede observar el nombre de infinidad de directores. Esto, al mismo tiempo que es parte de la narración, del interior de la película, también habla de lo de fuera, de un director y una película que se ubican en el siglo XXI y que son conscientes de la tradición. En este sentido, el director también tiene que inspirarse en esa tradición existente e intentar dar algo nuevo.

yo, el y raquelSiguiendo el hilo del párrafo anterior y sin separarnos de esa tendencia metanarrativa –aviso de spoiler–, los chavales hacen una película para la enferma y en primer lugar acuden a los testimonios personales y se dan cuenta de que, ante la enfermedad, todos son iguales: “te deseo lo mejor”, “seguro que consigues salir de esta”, etc. Tópicos. Tras ese fracaso, la película que finalmente presentan nada tiene que ver con eso, es una creación más personal y más abstracta, como si el interior de una persona enferma terminal, sus emociones, sus sufrimientos, se reflejaran mejor a través de algo puramente visual, sin contenido emocional aparente y, por tanto, de manera más estética que documental, poniendo así de manifiesto la oposición entre el arte y la vida. Esa supresión de lo humano y del tópico evidente es lo que también desarrolla el director. Un ejemplo de ello es que la tía buena del instituto se ofrece como cita del protagonista para la fiesta de fin de curso, pero en la película no aparece ninguna escena. El director, al igual que los chavales, esquiva el tópico facilón basado en las emociones humanas más elementales y se propone transitar otros caminos. Así, esta película intenta dar una perspectiva diferente a la que dan las típicas películas de enfermedades y de adolescentes que resaltan el lado humano y emotivo, decantándose por subrayar la conexión que existe entre la vida y el arte.

En la misma dirección –ojo spoiler–, el director hace un guiño a los presupuestos de una película ya existente. La chica muere viendo la película. Además de la belleza y originalidad de esa escena, no cabe duda de que dentro de este contexto tan cargado de referencias fílmicas se trata de un guiño a The Ring –la protagonista de The Ring también se llama Rachel–. De esta manera la propia película, especialmente al final, se convierte en una parodia sutil de una película ya existente, algo similar a lo que hacen el protagonista y su amigo con los clásicos. El director trasmuta los valores, pues esta película, con una adolescente con leucemia y el tema de la muerte de fondo, debería ser una película de “terror”, repleta de tristeza y pena, y con clichés sacados de otras películas de adolescentes, sin embargo, se presenta como un relato con bastante positividad, ingenioso, original, que prefiere decantarse por el lado artístico más que por el humano, desplegando una visión en la que la vida se concibe como arte.

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