Todo está en todo

Categoría: Críticas,Poesía |

 

todo-esta-en-todoLA REPÚBLICA DEL POETA

 

Todo está en todo

Ernesto García López

 

 

Por Agustín Calvo Galán

Como el tejer de Penélope, en el último libro de Ernesto García López, Todo está en todo, la poesía se hace y se deshace escribiendo y tachando lo escrito, mostrándola en la frescura de lo que busca no estar definitivamente cerrado; porque este libro es la plasmación del ejercicio mismo de la creación, donde el lenguaje también abriga dudas y destapa todo aquello que la vida nos ha deparado, al poeta y a sus lectores, en una coincidencia territorial en la que el creador compagina la voz propia con la voz colectiva, o como él mismo se pregunta: “¿quién pudiera unificar tantas voces en esta voz?” (pag. 45).

Así, en Todo está en todo, García López teje textos y, a continuación, los desteje, experimentando con diferentes texturas y asumiendo con valentía el mostrar sus propias correcciones (tachaduras), y más que asumiéndolas, exhibiéndolas, pues lo tachado va creando aquí un campo nuevo, entre el bosque gráfico que siembra de palabras la página, del que surge un camino nada sencillo, ciertamente arriesgado y, por encima de todo, no evidente. Además, se juega con las tipologías, con las mayúsculas –o más bien con su ausencia voluntaria tras el punto y seguido o el punto y aparte, tal vez como una forma original de no jerarquizar lo escrito–, incluso con las ilustraciones con trasfondo de protesta que salpican expresivamente el libro.

El libro se divide en cinco partes, cada una de ellas con un trabajo lingüístico y formal diferente, donde se mezclan la poesía y la prosa, así como lo que podríamos llamar géneros poéticos: pasando desde la poesía social (ahora llamada de la conciencia) a la poesía íntima, sin apenas transición. En la primera parte, “Daño”, se exploran, en un largo poema, las raíces familiares tanto de las ideas/frustraciones políticas como de los afectos en primera persona; en “El fin de todos los mundos”, los poemas se mezclan con prosas, y comienzan a surgir fechas, años, logaritmos que le permiten al poeta entrelazar la vida privada, la pública, las anotaciones, los acontecimientos, el desarrollo social de las ideas, etc.: “¿cuerpo en la frontera? ni eso. lenguaje que maquina a gritos. despojo de una sola dirección. 1994.” (pág. 49) y, convenientemente, después se nos recordará, en las notas al final del libro, que 1994 fue el año de la insurrección zapatista en México.

Por el contrario, frente a la densidad de las partes anteriores, en la tercera parte, “Apnea”, los poemas se esponjan y destilan aire: se abren en la página, ocupándola en toda su extensión. Aquí encontramos textos no-textos, que se vacían de palabras innecesarias, permitiendo así que respiren gráficamente, casi como caligramas que conectan términos de una manera no lineal, sino múltiple; o en otras ocasiones como collages en los que se experimenta con la conexión de palabras de campos lingüísticos distantes, creando un efecto vertiginoso.

En la parte titulada “Merodeo” se vuelve, de nuevo, a compaginar prosas y poemas; aquí resurgen las referencias a América Latina, mezcladas con las de la política española: desde los años esperanzadores de la transición, al descontento posterior y, finalmente, a la actual toma de postura cívica del autor: “(…) la historia de las columnas, de las marchas indignadas, ciudad que nunca fue, dormida (…), para preguntarse si, exigir lo justo (…)” (pág. 89)

Y, por último, de nuevo encontramos un largo poema para cerrar el libro, en la parte titulada “Cuerpo”, donde el amor y el deseo, los aprendizajes de la juventud y de la nueva madurez buscan un espacio en el que la privacidad triunfe resguardada, y que finaliza con el verso: “ese lugar donde pronuncio las palabras del amor” (pág. 126)

Todo está en todo es una mezcla que teje poesía y vida, que no busca la reflexión enfática ni el retrato al uso de la actualidad política –inquietante para unos, esperanzadora para otros–, sino la autenticidad de una voz diferenciada y flexible en la que la palabra surge como realidad, y solo en su busca el poeta se atreve a adentrarse en una topografía nueva, colectiva y fértil.

 

 

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