“La otra vida” o la autoría del Lazarillo en el nuevo libro de Blanca Bravo

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«El dinero ganado con los asesinatos le permitía sobrevivir. No era un hombre ambicioso. No mataba por maldad, sino que lo había convertido en su medio de subsistencia».

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La otra vida (Roca Editorial), novela de la barcelonesa Blanca Bravo con la que ganó el último Premio Internacional de Narrativa Marta de Mont Marçal, es una novela histórica plagada de misterios, de enigmas y de ocultaciones que contiene una investigación sobre la autoría de uno de nuestros libros más popular y enigmático, La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, más conocido como El Lazarillo de Tormes. Calificado como la obra cumbre del género picaresco, tan netamente español aunque muy imitado en el resto del mundo, es de autoría desconocida, si bien sabemos que la primera edición se realizó en 1554, durante el reinado de Felipe II en las ciudades de Burgos, Amberes, Alcalá de Henares y Toledo. El que la publicación fuese prácticamente simultánea en esas ciudades tan distantes, le da juego a Blanca Bravo para mantener en la novela la hipótesis de que, anteriormente, debió haber una primigenia edición. Su suposición, con grandes visos de verosimilitud, es que en 1550 existió un manuscrito publicado en Alba de Tormes, precisamente en la población donde falleció Santa Teresa de Jesús.

«Los números escondían también mensajes cifrados y eso era un riesgo. La Inquisición velaba porque no se utilizaran mensajes secretos, ya que esto impedía la supervisión de esas comunicaciones y la organización quería vigilar todo tipo de relación que se diera fuera quien fuera el emisor o el destinatario».

Rodrigo Hurtado, hijo adoptivo del diplomático y pensador Diego Hurtado de Mendoza, se encarga a la muerte de su padre de realizar una investigación sobre la autoría de El Lazarillo de Tormes y sobre la correspondencia secreta que mantuvieron Diego Hurtado y Teresa de Jesús. En herencia había recibido un modesto palacete y dos libros que consiguió distraer del afán requisitorio de su majestad el rey: El Amadís de Gaula, favorito de su padre y una edición del Lazarillo castigado, la edición de 1554 cercenada por la Inquisición. El joven sabía que algo se le ocultaba en ese libro y decidió buscar la primera edición del mismo. Su padre le había enseñado a resolver numerosos enigmas –el del juego de la oca y el valor numérico de las palabras, entre ellos– y como diplomático sabía ocultar formas para transmitir mensajes desde las embajadas a la Corte. Emprende varios viajes a algunas de las fundaciones de Teresa de Jesús donde fue recabando información. Es en el convento de Alba de Tormes donde encuentra ciertos papeles en los que se descubre al supuesto autor del Lazarillo y que el sicario que acabó con su vida no supo localizar. Pero ahí no acaban las aventuras del joven, no solo deberá visitar a un librero judío que vende libros prohibidos por la Santa Inquisición, sino que tendrá que trabajar en la biblioteca de El Escorial a las órdenes de Benito Arias Montano, humanista y escritor, además de fiel bibliotecario de Felipe II.

«–Rodrigo, ya sabéis que el trece es un número fatídico para los que siguen las enseñanzas bíblicas. La última cena, doce apóstoles más un mesías. Por eso también aquí supone un final. Sin embargo, todo final, en la mentalidad cristiana, sugiere un inicio. Caer en esa casilla significa la posibilidad de volver a empezar. Es una resurrección. Como la carta trece del tarot de Marsella».

Blanca Bravo nos conduce, en su novela, por algunos de los lugares más significativos del siglo XVI. Las ciudades que recorre Rodrigo nos muestran la vida de dicho siglo y algunas de sus costumbres pero, también, nos enseña la sordidez de una de las instituciones más nefandas de nuestra historia, la Santa Inquisición, y de los oscuros personajes de la misma. Fernando de Valdés es el paradigma de estos personajes que asolaron nuestra geografía y que tuvieron sometidos, con mano férrea, al pueblo. Prohibieron lecturas que en Europa se podían realizar sin cortapisas y no permitían que las mujeres aprendiesen a leer. La lectura de la Biblia sólo se podría realizar por los eclesiásticos que la interpretaban a su conveniencia, sumiendo al pueblo a la ignorancia y dirigiendo su pensamiento para así tenerlos más controlados.

Blanca Bravo nació en Barcelona (1972) y se doctoró en la Universidad de Barcelona con una tesis dedicada al memorialismo español contemporáneo. Ha colaborado con publicaciones tales como Memoria, Historia del presenteCuadernos Hispanoamericanos, Lateral y Revista de Occidente. Ha sido profesora en varias universidades y actualmente imparte clases de literatura española en bachillerato y cursos de verano en el Colegio de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras de Cataluña. Con la publicación de La otra vida demuestra sus conocimientos sobre los clásicos españoles del siglo XVI.

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La otra vida.  Blanca Bravo.  Roca Editorial, 2016.  288 páginas.  17,90 €

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