¿Existe alguna receta para ganar un gran premio literario?

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Marlon James, Premio Booker en 2015

Marlon James, Premio Booker en 2015

Por Alejandro Gamero (@alexsisifo)

No hace mucho hablaba del intento de Jodie Archer, editora y asesora, y de Matthew Jockers, cofundador del Laboratorio literario de la Universidad de Stanford, por encontrar una fórmula que garantice la escritura de un bestseller ‒algo que a mucho menor escala también había hecho la cadena de librerías Waterstones‒. De un tiempo a esta parte el análisis de datos aplicado a la literatura ha permitido arrojar un poco más de luz a determinadas cuestiones que quién sabe si sirven para algo. Si existiera una fórmula auténtica para hacer un bestseller nada impediría a cualquier escritor medianamente preparado hacerlos como churros. Pero, funcionen o no este tipo de recetas, hay que reconocer que tienen su encanto. Algo así como buscar la piedra filosofal capaz de convertir cualquier libro en oro.

Pues bien, el editor interactivo Flipsnack acaba de publicar otra cautivadora receta: cómo ganar un premio literario de la envergadura del Premio Booker. Hace algunos meses esta misma plataforma presentaba los resultados de un análisis que demostraba que existe una tendencia a escribir libros cada vez más largos. Ahora, el equipo de Flipsnack ha examinado las cincuenta novelas ganadoras durante los 46 años de existencia del premio, que empezó a ser otorgado en 1969, y ha plasmado esos datos en una página completamente interactiva.

La idea es intentar encontrar qué es lo que se necesita para ganar el Premio Booker, si determinado tipo de novelas o de autores son más proclives a hacerse con él. Para ello han registrado distintos aspectos de cada ganador: edad, sexo, y país del autor, número de novelas publicadas antes de recibir el premio, género y longitud de la novela, sexo del protagonista, tipo de narrador y puntuación en Goodreads y en la prueba de legibilidad de Flesch-Kincaid ‒esta última para conocer la facilidad de comprensión de un texto‒.

El Premio Booker no suele recaer en autores jóvenes. La mayoría de los autores tenían entre 40 y 50 cuando ganaron, situándose la media en 49 años. Solo una novelista ganó el premio dentro de los veinte años, Eleanor Catton, que lo consiguió en 2013 por Las luminarias cuando tenía 28 años. Por otra parte, más de la mitad de los ganadores (un 60%) han sido hombres, algo que no resulta sorprendente y que coincide con el estudio que hizo la novelista Nicola Griffith, que examinó los libros ganadores de seis grandes premios literarios en lengua inglesa en los últimos quince años ‒entre ellos el Premio Booker‒ y demostró que si eres mujer en general tienes menos posibilidades de ganar un premio literario. En lo que se refiere al país de origen, más de la mitad de los ganadores han sido británicos (55%), lógico teniendo en cuenta que hasta 2014 había que ser miembro de la Commonwealth para poder optar al premio. En la actualidad ya no es así y puede participar cualquier autor, siempre y cuando su libro esté traducido al inglés y publicado en el Reino Unido. Como curiosidad, en casi cinco décadas solo ha habido un ganador de Escocia.

Solo cuatro autores han ganado el premio con su primera novela, de los cuales dos no han vuelto a publicar nada. La mayor parte de los autores suelen ganar el premio en su tercer o cuarto libro, siendo siete la media de libros escritos hasta ese momento. La media de longitud es de 370 páginas, en una horquilla que va desde las 140 páginas de A la deriva de Penélope Fitzgerald, ganadora en 1979, a las 848 páginas de Las luminarias de Eleanor Catton. En un 66% de las ocasiones tienen un narrador en tercera persona y en un 84% están protagonizadas por hombres ‒algo sobre lo que también llama la atención Griffith‒. De media tienen una puntuación de 75,0 en la prueba de legibilidad de Flesch-Kincaid y un 3,7 en Goodreads. Esto último implica que muchos de los ganadores no siempre son los favoritos de los lectores.

Todo este análisis nos da como resultado un perfil de autor y de obra determinados, la receta para hacerse con el Premio Booker: un hombre británico de mediana edad con una novela escrita en tercera persona y protagonizada por un hombre de menos de 400 páginas. No es que cumplir todos estos requisitos garanticen el premio pero desde luego sí aumentan las posibilidades de conseguirlo. Además, el análisis de Flipsnack sirve para predecir quién será el futuro ganador del premio. Pronto tendremos ocasión de saber cómo funciona.

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2 respuestas a ¿Existe alguna receta para ganar un gran premio literario?

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  2. A la pregunta de si existe una fórmula para ganar un gran premnio literario, en España podemos dar una respuesta clara: Existe. Se trata de conocer al jurado o estar en los planes de marketing de la editorial que va a editar el premio. Es evidente que hoy el mercado – esa odiosa palabra – domina todo. Y que la corrupción es generalizada, no solo en la política. Así que dejémonos de elucubraciones. No hay mundo literario, hay “mundillo”. Un mundillo infame que depende, salvo honrosas excepciones que aún permiten alimentar un poco de esperanza, del compadreo, la amistocracia, los planes comerciales y la falta de honestidad. A esto hay que añadir la ignorancia. Un asco, vamos. Así que no más pamplinas. Y si no, que se lo pregunten a la mayoría de los grandes agentes literarios. Es así como funciona esto. Es admirable que aún existan articulistas y escritores de buena voluntad que crean otra cosa. La Literatura y el Arte dependen del Poder. Claro que esto no es nuevo. Ha sido siempre así a lo largo de la Historia. De vez en cuando, ya muertos los autores, la vida les hace justicia. Suele ser ya tarde para ellos Pessoa, Kafka, Kennedy Toole y tantos otros no viven ya para apreciarlo. Lo increible es la falta de vergüenza de los que se prestan a todo esto. De los que deciden o se dejan influir en el fallo de unos premios, o en el montaje cara a la galería de otros. “La vida es así” suele ser la frase de algunos compañeros escritores respecto al tema. Pues que bien. Que mierda de vida. Y que mierda de gente. Claro que, la ética, es solo una entelequia. Y no existe el infierno ni el pecado que frenen un poco la manga ancha, ¿verdad, amigos?.

    Emilio Porta
    24 julio 2016 at 13:58 pm

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