“Serlo o no”: Flotats sorprende, pero no convence

Por Horacio Otheguy Riveira

Decepcionante reaparición de Flotats en el mismo escenario donde triunfó por todo lo alto con otro “teatro de ideas” de extraordinaria potencia (“Encuentro de Descartes con Pascal”), y luego destacó con un complejo “Beaumarchais” de largo y gran elenco. Tras un exitoso año de representaciones en catalán, llega en impecable castellano Serlo o no, una función que intenta profundizar entre sonrisas —e insólitas lágrimas— sobre la condición judía: vano intento que vale la pena conocer por el trabajo de sus intérpretes y veinte minutos finales dignos de ovación.

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Los últimos estrenos en Madrid de Josep Maria Flotats (los que recuerdo con mayor interés) fueron París 1940, versión de los diarios de trabajo de Louis Jouvet: una maravillosa experiencia, si mal no recuerdo la primera de Flotats en castellano, con Mercè Pons. La vi cuatro veces y hubiera seguido disfrutando de cada instante de aquel duro invierno en el que, muertos de frío, el gran hombre de teatro dirigía a una joven judía en escenas del Dom Juan de Moliere, mientras los nazis invadían la ciudad.

Luego, La cena, de Jean Louis Brisville, irónica y lúcida conversación entre Charles Maurice Talleyrand, príncipe de Bénévent y uno de los hombres más poderosos e intrigantes en la Francia revolucionaria y de la Restauración, y Joseph Fouché, duque de Otrante y en esos momentos presidente del Gobierno provisional, aunque fue especialmente popular en otra época como jefe de la policía de Napoleón. Con el propio Flotats y Carmelo Gómez, y del mismo autor, La mecedora, donde dirigió a Helio Pedregal y Eleazar Ortiz en un duelo intelectual sobrecogedor, con la gratificante colaboración de Daniel Muriel. Luego se ocupó de un excelente texto de Florian Zeller, debutante en los teatros de España (ahora mismo hay otras dos obras suyas representándose al mismo tiempo): La verdad: inmejorable creación con Kira Miró, María Adánez, Aitor Mazo y el propio Flotats como protagonista y director. Después el CDN trajo un Marivaux desvaído en el que no actuaba, sólo dirigía. Y ahora, nuevamente actor y director de un proyecto rico en intenciones pero demasiado pobre en resultados. Y no porque el maestro esté falto de reflejos o de talento, todo lo contrario, sino porque ha sido desacertada la elección de la obra, opinión de este cronista pero también la del autor, Jean-Claude Grumberg, íntimo amigo que le recomendó que, al ser su primera obra en España, podría elegir otra entre las 35 ya estrenadas en Francia donde se le quiere, se le aplaude y se le respeta tanto que se incluye entre los libros de texto para bachilleres.

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Así las cosas, J.M.F. se empecinó en este Serlo o no. Para acabar con la cuestión judía: un espectáculo que se quiere afinada y divertida reflexión acerca de los prejuicios contra los judíos con algunos datos autobiográficos que Flotats conoce muy bien, tan bien que se leyó a fondo los dos volúmenes de las memorias del escritor de los que escogió unos 17 minutos que añadió al final, coronando el desfile de breves secuencias en el rellano de una escalera entre un alter ego del autor y un vecino tan ignorante como ingenuo.

“Para acabar con la cuestión judía” debería llamarse Para empezar con la cuestión judía, ya que el vaivén de información entre la ironía y el testimonio histórico resulta muy superficial. Este “teatro político con forma de comedia” no es ni lo uno ni lo otro, pues no llega a asomarse a la apasionante influencia cultural del tan perseguido judaísmo centroeuropeo en el mundo entero, y cuando toca el conflicto con Palestina es decididamente banal (“apoyo la necesidad de dos estados en un contexto pacífico y democrático”) y muy reaccionario cuando adjudica la violencia israelí a defenderse por su cuenta del acoso palestino, ya que no puede contar con el apoyo occidental, cuando todo el poderío militar del pequeño país se debe, precisamente, al apoyo incondicional del poderoso lobby judeocristiano estadounidense.

Por suerte hay una coda final. Un epílogo que en sí mismo es un drama basado en una historia real, un monólogo en el que vemos a un Flotats muy impactante, porque, en los muchos trabajos en catalán y castellano en que le he aplaudido, siempre le vi atacar los melodramas de forma contenida, transmitiendo profunda emotividad con enorme sobriedad. Aquí no. Todo lo contrario. Sigue encarnando al mismo personaje, el autor de la obra, su gran amigo Grumberg, el narrador a través de todo su cuerpo, sentado en la escalerilla que une escenario y patio de butacas, y del frío relato inicial va entrando en la vorágine de familias desgarradas llenas de solidaridad y esperanza. Y se desborda y nos entrega una clase magistral de interpretación sentimental. La historia de una superviviente de Auschwitz, Madame Bella, es, sin duda, lo mejor del espectáculo. En realidad vale la pena asistir a esta función para conmoverse con estos escasos veinte minutos finales en los que su contenido humanista —escrito con la profunda sencillez de los mayores escritores yiddish  (y pienso en genios como Scholem Aleijem e Isaac Bashevis Singer)— rinde justo tributo a una injusticia que a menudo los defensores a ultranza de Israel olvidan que también ellos se comportan como sus antiguos verdugos.

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Serlo o no. Para acabar con la cuestión judía

Autor: Jean-Claude Grumberg

Traducción del francés: Mauro Armiño

Dramaturgia y dirección: Josep Maria Flotats

Intérpretes: Josep Maria Flotats y Arnau Puig

Escenografía: Alejandro Andújar

Iluminación: Albert Faura

Interpretación musical: Dani Espasa

Teatro Español. Del 28 de septiembre al 13 de noviembre de 2016.

 

 

 

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