Cloud Gate 2 o la sublime danza de Taiwán

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Por Eloy V. Palazón

La compañía taiwandesa Cloud Gate 2 presentó tres coreografías diferentes en la londinense Sadler’s Wells entre el 21 y el 23 de noviembre. Las dos primeras siguen la estela de minimalismo y juego de luces que parte de la danza oriental ha desarrollado en los últimos tiempos, algo que ya se pudo ver en las obras de la compañía TAO hace unas semanas, tanto en Londres como en Barcelona.

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Fotografía: Lin Chen-hsiang.

La primera, Wicked Fish, sobre la partitura de Iannis Xenakis Shaar, pone en el primer plano el diseño de luces, que seccionan los cuerpos, creando geometrías fluidas que sitúan al espectador ante una danza originada por figuras y formas que aparecen en el escenario y se intercalan con los cuerpos de los bailarines, que a veces aparecen completos. Huang Yi, coreógrafo de la pieza, prueba esta vez una obra creada puramente con el movimiento de los artistas, ya que en anteriores piezas la tecnología jugaba un papel crucial. Desaparecida la tecnología, esta obra, sobre una música poco dada a ser danzada, juega con metáforas orgánicas extraídas de la naturaleza. Según el coreógrafo, “quería presentar una estructura fluida, como si fueran grupos de peces o bandada de pájaros”.

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Fotografía: Gia To.

The Wall, del coreógrafo Cheng Tsung-lung, sigue la estela del anterior trabajo en el ámbito estilístico, pero las referencias al muro nos llevan a pensar en cuestiones más políticas: un muro puede ser protección pero también segregación, a su vez puede ser físico y mental. La música esta vez es de Michael Gordon, con ritmos más marcados y danzables. Aquí el protagonista de la pieza es el cuerpo de bailarines en su conjunto, la comunidad.

Después del descanso, la pieza Beckoning, del mismo Tsung-lung, cambia radicalmente el registro estilístico y nos trae una obra que se distancia de las anteriores también en la acusada influencia de danzas tradicionales: las danzas callejeras taiwanesas del ritual Ba Jia Jiang (ocho generales infernales) juega en esta propuesta un papel crucial para comprender de qué manera se entrelaza con la danza contemporánea. En palabras del coreógrafo, “la gente puede a veces mutar a otra identidad, al menos de forma momentánea, y estoy fascinado con aquellos cuyos cambios se producen en sus cuerpos, expresiones o tonos”. Es decir, una obra que juega con la tensión entre lo nuevo, lo contemporáneo, y lo tradicional e identitario.

No hay que perder de vista esta compañía y menos sabiendo que esta Cloud Gate 2 es la “hermana pequeña” de la Cloud Gate Dance Theatre que vendrá a Madrid el año que viene a los Teatros del Canal (los días 26, 27 y 28 de mayo).

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Fotografía: Gia To.

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