Entrevista con el escritor Laury Leite

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“Mi novela narra la travesía de un tipo por las ruinas del progreso”

 

Por: Gonzalo Alarcón

Culturamas entrevista a uno de los autores jóvenes que irrumpe con más fuerza en el actual panorama literario. Nacido en México y residenciado en Canadá, donde crea una nueva obra gracias a una beca de escritura del  Toronto Arts Council, estamos ante un autor del que se habla mucho con apenas una novela. En la soledad de un cielo muerto (Ediciones Carena, 2017) es la primera obra literaria con la que Laury Leite se abre paso. El argumento nos dibuja varias de las crisis que estallan en el siglo XXI a través de las vivencias de una familia mexicana en Madrid. Para el escritor la pérdida de los valores absolutos del siglo pasado es el nuevo escenario que se  abre ante la vida de los protagonistas de su trama, y de la sociedad global.

 

Pregunta: -¿Qué historia cuenta su novela?

Respuesta: -Cuenta la historia de un hombre que vivía en Madrid adaptado al modo de vida de su época. Tenía una tienda, tenía una novia, tenía una casa. Con la última crisis económica, el curso habitual de las cosas se interrumpió y la vida que llevaba se derrumbó. Perdió su tienda, perdió su casa y cuando faltó dinero, la relación con su novia se deterioró. De manera que la crisis colectiva se transformó en una especie de crisis existencial en el hombre y de súbito se encuentra completamente perdido. Todo lo que había constituido su identidad se desmoronó. Lo único que le queda es la relación con su madre. Entonces, después de muchos años fuera, vuelve a su país de origen, vuelve a vivir con su madre guiado por esa necesidad de encontrar su lugar en el mundo. Y para encontrarlo tendrá que hacer un recorrido a través de su historia personal y la historia colectiva. Me gusta pensar que la novela narra la travesía de un tipo por las ruinas que el progreso ha ido dejando tras su paso a lo largo de la Historia.

P: -Al leer su novela da la impresión de que la sociedad actual lo que padece es una crisis humana, ¿considera que esto es así?

R: -Sí. Me parece que sí. Siento que vivimos en un mundo que ha cambiado mucho a raíz del giro neoliberal a finales de los setenta. Lo que ha cambiado es la manera en que nos concebimos como sociedad y como individuos. Lo que significa ser humano, así como nuestras ideas acerca del sentido de la vida han cambiado. En la sociedad actual las personas basan su comportamiento en el modelo de la empresa. Esto hace que no logremos vernos como un colectivo, que no haya un horizonte común, más allá del crecimiento económico, y que nos veamos obligados a competir entre nosotros para obtener mercancías que están llevando el planeta al colapso ecológico. Quizá más que una crisis humana, yo diría que atravesamos una fase peligrosa de delirio colectivo promovido por esa lógica empresarial, por nuestra adicción al dinero, nuestra obsesión por el mercado, el crecimiento económico y sobre todo el mito del éxito. Antes se culpaba a la sociedad por las desgracias o el fracaso de un individuo, ahora el individuo se culpa a sí mismo. Esto produce depresiones y ansiedades fuertes. El filósofo Byung-Chul Han hace un buen análisis sobre este aspecto de la sociedad actual. Él dice que en la sociedad de la vigilancia de Foucault los marginados eran los locos y los criminales, y en la nuestra son gente con trastornos de ansiedad y depresión. La ideología actual, además de estar destruyendo el planeta, está dejando a las personas con un sentimiento de soledad muy acentuado. Y la industria farmacéutica se beneficia de esta nueva circunstancia.

P: -Observo que “En la soledad de un cielo muerto” se distancia de las tramas literarias de moda. ¿En literatura le importan las modas?

R: -Creo que tienes razón. No me planteo la literatura y el arte en general en relación a las modas. No me interesan demasiado las obras que intentan copiar los modelos de moda para integrarse en el mercado literario o buscar el aplauso social. Para mí, la literatura es sobre todo una forma de conocimiento, un espacio para pensar el mundo desde los márgenes, no un instrumento para fortalecer los discursos de una época. William H. Gass dice que la literatura es una manera de contemplar el mundo a través de las palabras y los libros son recipientes de conciencias. Yo concuerdo con esta idea. Los libros que solo son objetos de consumo o entretenimiento no me interesan. Me interesan los libros como un vehículo para comprender el mundo propio y el ajeno.

P: -En un autor tan joven como usted, ¿queda alguna influencia de los escritores del boom latinoamericano?

R: -La verdad es que no mucha. No tengo nada en contra del boom, pero casi ninguno de los autores a los que se suele incluir en esa categoría han sido demasiado importantes para mí. Quizá solo destacaría a Juan Carlos Onetti, un escritor que me encanta. Siento que por debajo de esa historia tan conocida de la literatura latinoamericana fluye otra menos conocida, pero que me interesa mucho más. A mi juicio, hay un recorrido en la novela latinoamericana que empieza con Memorias póstumas de Bras Cubas, de Machado de Assis, y llega hasta La novela luminosa, de Mario Levrero, haciendo varias paradas a lo largo del camino: Zama, de Antonio Di Benedetto, El libro vacío, de Josefina Vicens, por citar dos ejemplos. Esa es la literatura latinoamericana que más me gusta. Luego están Clarice Lispector, João Gilberto Noll, Juan José Saer, Rodolfo Fogwill, y un larguísimo etcétera.

P: -Y después de Roberto Bolaño, ¿qué importancia tiene actualmente la literatura latinoamericana en España? ¿Cómo se siente usted como escritor dentro de España?

R: -Vivo lejos de España así que creo que no soy la persona más indicada para responder a la primera pregunta, pero lo que sí puedo decir es que hace poco viajé a España y vi que las librerías están llenas de libros de autores latinoamericanos. Me sorprendió gratamente percibir la apertura y el interés que la gente en España tiene hacia la literatura de América Latina. Como escritor esto es muy estimulante. He tenido suerte con la recepción del libro y me siento muy feliz de que haya un interés por la literatura escrita en castellano, más allá de las fronteras y las diferencias culturales. Es una ventaja poder leernos entre tantos hispanohablantes, independientemente del país de origen de cada autor.

P: -Decía Kafka que una novela debe ser “como un hachazo en el lector”; para Saramago la novela debía conmocionar. ¿Ese fue su propósito al escribir “En la soledad de un cielo muerto”, impactar al lector anestesiado por la crisis humana y económica?

R: -Qué coincidencia. Justo el otro día me tropecé con esa frase de Kafka. Debo decir que cuando escribo intento no pensar en el lector. De hecho, una de mis estrategias es decirme a mí mismo que no hay obligación de publicar. Solo si termino satisfecho con el resultado pienso en publicar cualquier texto que escribo. Esta actitud ante el trabajo me permite tomar riesgos que de otra forma nunca tomaría.  Si sintiera la mirada del lector encima de cada frase, me bloquearía o empezaría a escribir para producir un efecto específico. Ahora bien, siempre hay motivaciones que me llevan a rechazar todas las tentaciones que hay en el mundo afuera de mi casa y hacen que me siente a una mesa a escribir durante horas. En mi caso, no tiene tanto que ver con el efecto que quiero producir como por una curiosidad hacia ciertos temas, imágenes o personajes que quiero explorar. Luego está el enorme placer de jugar con el lenguaje, de intentar hacer que emerja un pensamiento, una situación o una emoción a través de las palabras. Disfruto mucho del proceso de construcción de un libro, desde el trabajo sobre la estructura y los personajes hasta la composición de cada frase. Creo que si la literatura llega a suscitar cambios en el pensamiento corriente, lo hace de forma indirecta.

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