El encuentro entre Edgar Allan Poe, Charles Dickens y el cuervo Grip

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Una de las obras literarias que goza de mayor renombre tanto entre críticos como entre lectores en general es la de Edgar Allan Poe: sus cuentos, poemas y novelas son fundamentales para entender el desarrollo del héroe policíaco moderno, y su sentido del suspenso creó una veta que no ha dejado de brindar aterradores frutos.

Pero a principios de la década de 1840, Poe era solamente un crítico literario que escribía sobre libros en Baltimore para ganarse la vida. Uno de sus encargos fue la novela por entregas Barnaby Rudge, una suerte de preludio o anticipación de una obra más conocida de un autor aún bastante popular en nuestra época: Historia de dos ciudades, de Charles Dickens.

Uno de los personajes de la novela de Dickens era el cuervo Grip, basado abiertamente en el cuervo mascota del escritor.

Durante ese tiempo, Dickens hizo una gira por Estados Unidos, en la cual lo acompañaron su esposa y el particular cuervo Grip. Poe y Dickens habían intercambiado correspondencia previamente, por lo que el anfitrión estadunidense quedó muy impresionado al conocer tanto al escritor como al ave, que según la leyenda contaba con un impresionante vocabulario y manifestaba una personalidad orgullosa y altanera.

En 1845, Poe publicó el que sería el mayor éxito de su carrera, además de un clásico que se mantiene vigente hasta nuestros días: El cuervo, un poema narrativo cuya musicalidad fue vertida al español por Julio Cortázar por primera vez. Tal vez sea ese momento de la historia literaria en que la figura del cuervo como un animal asociado a la noche, a la magia y la fuerza de gravedad de las pesadillas queda definitivamente cimentada, y donde el imaginario del terror adoptó uno de sus mayores emblemas.

El cuervo de Dickens todavía puede observarse, perfectamente conservado gracias a la taxidermia, en la Free Library of Philadelphia Rare Books Department. Pero el ave que inspiró algunas de sus páginas más celebradas a dos grandes escritores se percibe mejor en el medio eterno de las palabras:

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse ¡nunca más!

 

 

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