Los escritores y sus madres (de la ausencia fatal a la “mamitis”)

Honoré de Balzac:

Balzac no corrió con ninguna suerte en cuanto a familia se refiere. Cuando su hermano murió, su madre lo entregó a una nodriza siendo sólo un bebé, y después fue enviado a un internado, por lo que nunca convivió con sus padres.  Esto lo llevó a escribir: «Nunca tuve madre… Mi madre es la causa de todo el mal de mi vida».

Jorge Luis Borges:

La conexión entre Borges y su madre era excelente, el apego era tal que muchos lo catalogan como insano. Él vivió con ella casi toda su vida en un departamento de 70 metros, y su dinámica se acercaba más a la de esposos que a la de madre e hijo. Definitivamente entra en la categoría de lo que conocemos coloquialmente como «mamitis».

Mario Vargas Llosa:

Mario no la pasó nada bien, su madre le hizo creer que su padre había muerto tras su separación y nunca lo apoyó como escritor. Tuvo que buscar refugio con su tía, como nos relata en su novela La tía Julia y el escribidor. En este caso en particular es muy claro cómo las relaciones interpersonales se ven reflejadas en la escritura.

Michel Houellebecq:

El conflicto entre Michel y su madre no es ningún secreto, en su obra Las partículas elementales no tiene piedad y le hace un retrato muy cruel. La madre no se quedó callada y le contestó con El  inocente, en donde dice que no hablará con él hasta que aparezca con una copia de Las partículas elementalesy le pida perdón en público.

J.D. Salinger:

Salinger nació en una familia de clase media alta, y a pesar de su educación burguesa se rebeló a temprana edad. Esto no fue motivo de desesperación en la familia, su madre siempre lo apoyó y lo protegió, por lo que terminó convirtiéndose en una fuente de inspiración para él. Nos podemos dar cuenta de su amor por ella en todos sus libros en los que aparece una figura materna.

Julio Cortázar:

No todas las relaciones son tormentosas. Julio apreciaba a su madre y su relación con ella era próspera. El maestro del relato corto nos describe esta dinámica con sus sabias palabras: «Mi madre fue muy imaginativa y con una cierta visión del mundo. No era una gente culta pero era incurablemente romántica y me inició en las novelas de viajes. […] Mi madre leía mala literatura, no era culta pero su imaginación me abría otras puertas. Teníamos un juego: ‘Mirar el cielo y buscar la forma de las nubes e inventar grandes historias’. Esto ocurría en Bánfield. Mis amigos no tenían esa suerte. No tenían madres que mirasen las nubes».

Fuente: editorialink.com.mx

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