‘Hijos de Dune’, de Frank Herbert

ROBERTO VAQUERO.

Paul Atreides, Muad´dib, se internó en el desierto para morir y huir de un destino aciago. Su hermana, Alia, casada con el Gula de Duncan Idaho, se quedó al mando del Imperio y al cuidado de los dos hijos del anterior emperador: Ghanima y Leto II. La dama Jessica y Gurney Halleck vuelven de su estancia en Caladán, ha vuelto a la Hermandad de las Benne Gesserit y tiene planes para los gemelos y el Imperio.

Los corrino también tendrán su papel, centrados en la figura de Farad´n como figura principal y aspirante al trono. Los temibles Sandaukar volverán a formar parte en los planes de los corrino por recuperar el trono.

Surgirá la figura del predicador, una figura enigmática, ciega al igual que Paul, que se opondrá al gobierno de Alia. Muchos fremen pensarán que se trata del propio Paul Atreides que ha vuelto para poner las cosas en orden.

La historia de centrará en gran parte en la evolución de los gemelos, pero según avanza la trama, Leto II se convierte en el personaje principal de la obra, en la única opción viable para la continuidad del Imperio y de la propia especie humana.

La historia se narra desde puntos distantes, tantos que al principio cuesta un poco seguir bien el hilo argumental, o por lo menos descubrir hacia donde se dirige, pero tras los primeros capítulos nos encontramos ante una obra bien desarrollada, estructurada y que nos cuenta bastantes más detalles sobre la sociedad fremen, los cambios que se han producido en Dune como consecuencia de las políticas de Paul y sobre el mundo de los gusanos de arena y su incierto porvenir en el nuevo Dune.

Frank Herbert se servirá de la figura de Stilgar, el viejo Naib fremen, para mostrarnos un poco más de la esencia y estructuras políticas del pueblo del desierto. El honor, las rivalidades y la tradición entrarán en contradicción con muchos aspectos de este nuevo mundo.

El universo creado por Frank Herbert está en proceso de cambio, nada volverá a ser como era, y esos cambios no se ciñen solo a Arrakis, se propagan por todo el Imperio. De hecho, el libro acaba abriendo la puerta a una serie de conflictos que sin duda se desarrollarán en los siguientes volúmenes.

He visto, de nuevo, como algunos reseñistas actúan con los libros siguiendo modas o directrices de lo que está considerado o aceptado como “popular”, están haciendo mucho daño a la visión que la gente va a tener de los reseñistas y también del propio género. Critican la obra centrándose en que es una tercera parte y recomiendan no leer a partir de este libro, pero ¿qué clase de recomendación es no leer y creer en las opiniones de otros en vez de comprobar por ti mismo? ¿Cómo puede ser que todos repitan como papagayos que es una tercera parte, muy compleja y que sería mejor recortar?

Estamos hablando de reseñas de apenas doscientas palabras, para aportar esto lo que deberían hacer ellos es no escribir, para la labor que están haciendo mejor que no importunen a los demás y que no falten al respeto a un autor que es uno de los grandes de la ciencia ficción.

Es una buena labor criticar, sacar fallos e incluso decir abiertamente que un libro rebaja o quita valor a una saga, pero hay que valorar estas en su conjunto y, sobre todo, hay que hacer críticas originales y no seguir modas del copia-pega de forma seguidista, en lo cual creo que caen muchos de los críticos de Herbert.

Nos encontramos ante una obra entretenida, compleja pero bien estructurada y que aporta muchos datos que nos ayudan a entender el universo creado por Herbert, me parece un broche perfecto para cerrar esta trilogía, que para mí es una de las mejores que han caído en mis manos.

Este libro es un gran cierre para la trilogía, más que recomendable para aquellos que hayan iniciado Dune. Una obra de gran valor para todo buen amante de la ciencia ficción.

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