La pasión según Pasolini

Por Eloy Yagüe Jarque.

La conjura, disponible en Netflix, recrea el mundo interior del controvertido cineasta

Dicen que Saló, los 120 días de Sodoma fue el testamento artístico de Pasolini. Lo cierto es que esa fue su última película, un film que ha merecido el calificativo de “maldito” porque es cine hecho sin concesiones. Pero a Pasolini no lo mataron por homosexual, ni por comunista sino porque se metió con alguien muy poderoso.

Esta es la premisa de La macchinazione, película de 2016 traducida al español como La conjura, que no es un thriller al uso, sino un film que se asoma al mundo interior de un cineasta quien debió tomar decisiones arriesgadas para mantener su integridad. 

El director David Grieco, quien también funge de coguionista junto con Guido Bulla, opta por un tono reflexivo que logra mantenerse por el impecable trabajo de Massimo Ranieri, como Pasolini. A veces prevalece el homenaje sobre la acción y la trama se vuelve previsible por momentos pero esto no desmerece el conjunto.

En 1975 Italia es un país convulso. Los comunistas acaban de obtener un importante resultado electoral. Pier Paolo Pasolini es uno de los directores más reconocidos. A sus 53 años ha rodado joyas cinematográficas como Pajaritos y Pajarracos  (1966), Edipo rey (1967), Teorema (1968), Pocilga (1969) o la Trilogía de la vida integrada por El Decamerón (1971), Los cuentos de Canterbury (1972) y Las mil y una noches (1974) . 

Cineasta de fuerte personalidad y de estética depurada, es también una figura conocida que no le teme al escándalo y emite sus opiniones sin temerle a la polémica. Pese a todo es querido y respetado. El evangelio según San Mateo (1964), una película que rescata el lado humano de Jesucristo, obtuvo el año de su estreno tanto el León de Plata del Festival de Venecia como el premio de la Oficina Católica del Cine.

Sus actores no son profesionales, es gente del margen, de la periferia romana. Muchos jóvenes, los mismos con los que juega fútbol los fines de semana en canchas improvisadas a orillas de la playa de Ostia.

Algunos, como Giuseppe Pelosi, «Pino», a quien ofrece ser actor, son sus amantes. Pasolini prefiere los encuentros furtivos, debajo de un viaducto, dentro de su propio coche, un Alfa Romeo. El director tiene una estrecha relación con su madre, aunque ella sabe de su condición homosexual y lo acepta como es.

Pasolini rueda Saló, película que marca una inflexión en su obra y está destinada a ser un escándalo. Se trata de una orgía sexual, con elementos sadomasoquistas, coprofágicos, y todo tipo de perversiones, que tiene como escenario la fugaz república de Saló, una institución que los fascistas italianos fundaron cuando vieron que la guerra ya estaba perdida.  

Saló, o los 120 días de Sodoma, se trata de una visión personal, fuertemente influenciada por el psicoanálisis y por la obra del marqués de Sade, del fascismo como ideología pero, más allá aún, de la crueldad y la perversión como partes constitutivas de la naturaleza humana. 

Pasolini, quien además era un destacado escritor, prepara una novela llamada Petróleo y para ello se basa en un libro, un reportaje de un periodista, escrito bajo seudónimo, que pone al descubierto una compleja trama de corrupción que ocurre dentro de la ENI, la petrolera estatal italiana. 

La lucha por el control del consejo de administración dentro de la poderosa empresa (tema de otra película, El caso Mattei, de Francesco Rosi) revela que un oscuro personaje llamado Cefis quiere hacerse con el poder a costa de lo que sea y para ello apela al soborno y hasta al crimen.

El libro desaparece de las librerías pero Pasolini, se interesa personalmente en el caso, logra descubrir al periodista y le propone un trato. Lo que no sabe es que lo están espiando y que su insistencia en apoyar la denuncia traerá consecuencias. 

La primera es que secuestran los negativos de Saló del laboratorio y le piden a Pasolini un elevado rescate por su devolución. El cineasta acepta pagar una parte y decide encontrarse con los secuestradores, un grupo de jóvenes que él conoce, pues son amigos de su joven amante Pino.

Pero la cosa se complica y Pasolini muere en un confuso incidente en la cancha donde jugaba fútbol con sus amigos. Lo matan con su propio coche quienes querían evitar a toda costa que se supiera lo que posteriormente sería de todos modos conocido. El misterioso Cefis funda la logia P2 que sería tristemente célebre en Italia por sus actividades conspirativas.

Pasolini tomó decisiones arriesgadas pese a estar consciente de las consecuencias. Su novela Petróleo salió publicada de manera postuma, sin el capítulo dedicado al caso Mattei. El asesinato del director, aún no esclarecido, pone en entredicho el imperio de la justicia en Italia, un país donde, según el propio Pasolini, la verdad y la política parecen ser dos ámbitos irreconciliables. 

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