Madrid se empapa de la lluvia fina de Alba Reche

Texto: Mariano Velasco

Fotografías: Silvia Peydró @photopey_

La artista repasa los mejores temas de su carrera y estrena No cambies tu andar ante un entregado público en el festival “El Encuentro”, donde lleva a cabo una soberana lección teatral.

Hay que tener muy claritas las cosas para, siendo conocida como cantante, una se defina nada menos que como “artista”.  Y más siendo tan joven como es el caso de Alba Reche, quien ha sido uno de los fenómenos musicales de 2021 y que arranca este 2022 estrenando nuevas canciones y siendo cabeza de cartel del Festival de Música New Wave “El Encuentro”. Y no es porque lo diga ella, es que ver a Alba Reche en directo es mucho más que asistir a un concierto de música. Ahí sobre el escenario hay, sí, muy buena música, pero también una soberana lección teatral de poderío interpretativo y de cómo transmitir arte y conectar con el público. Puro teatro. Y de paso, demuestra cómo hacer lo que una quiere hacer, aquello en lo que se cree firmemente, y que no importa lo que diga la gente si una va de frente por la vida, como dice su última canción y como le suplicamos todos y cada uno de quienes allí estuvimos el sábado 26 disfrutando de su concierto: que no cambies tu andar, tía por favor, que ya te lo dice tu madre.

La cantautora ilicitana, que ha compartido cartel en este “encuentro” con $amuraï, Trashi, Lionware y Daniel Sabater (foto), demuestra una vez más que escribe y compone excelentes canciones, que su personalísima voz – esa bendito instrumento que atesora su garganta que a veces parece que se va a romper pero que nunca lo hace –  sangra ternura y reparte emociones por doquier, que anda sobrada de encanto y que encima va y te ofrece un directo apabullante que aúna potencia y sensibilidad a partes iguales y donde, si ya su material de estudio es bueno de narices, la tía lo mejora con creces. Porque hay conciertos, créanme, en los que aunque haya sus problemillas de sonido, interrupciones, roturas de cuerdas de guitarra…, ya podía pasar lo que fuere que allí estaba Alba Reche para hacerlo todo maravilloso.

Alba Reche no resulta novedosa por el mero hecho de serlo. En su propuesta no se evidencia una pretensión de ruptura con todo lo anterior porque ella lo valga. Lo es, novedosa digo, pero sin renunciar a cuanto ha aprendido y asimilado, sabiendo alimentarse de su bagaje musical y artístico, que no cabe duda que lo tiene y bien que se le transparenta. Por eso resulta tan difícil encuadrarla en un estilo de música determinado aunque en El encuentro se hayan atrevido a ponerle la etiqueta de “new wave”. Discúlpeseme, pero yo no me mojo. Me quedo con la de “pedazo de artista” y no me equivoco.

Observándola en su faceta más interpretativa, esta remite – mira, aquí sí que me voy a mojar – a un cierto raphaelismo en su expresividad, o a lo que por momentos tiene de zenetiana su puesta en escena. Cuando se golpea el pecho conmovida, cuando pisa con fuerza el escenario, cuando mira de frente con dulzura y a continuación vuelve la cara con cierto desdén, cuando gesticula con sus manos y todo su cuerpo, cuando te sonríe, te sonríe y te vuelve a sonreír, cuando saca la lengua en un gesto graciosísimo y pícaro muy característico suyo o cuando pasa de derretirse de melancolía a pegar botes y agitar el brazo como poseída (¡que arranca la moto!, chillan desde el público)… sus ademanes dejan bien claro que su alma de artista siente cada nota que entona. Y que tú, abajo del escenario, también lo vas a sentir, mal (o bien) que te pese. Y si hay que llorar, pues se llora.

Todo ello aporta un sello muy auténtico a su manera tan rotunda de plantarse ante su público y le otorga permiso para definirse a sí misma como la artista completa que es, comprometida no solo con un estilo de componer, escribir, cantar e interpretar, sino también con la reivindicación de valores tan necesarios como el feminismo y la diversidad, el respeto, la dignidad y la empatía, que hay mucho de todo ello en sus canciones y en su discurso. Y al final, siempre con la ternura y la emoción como empoderadas armas de combate ante injusticias de la vida y del alma.

A diferencia del más puro estilo Delacroix del que echa mano la genial Rigoberta Bandini con un mensaje explícito que apunta alto y directo, Alba Reche esparce entre su público un relato que se nos antoja más suave y delicado, pero igual de necesario que aquel. El de Bandini es como un chaparrón, y lo de Alba Reche sin embargo es “lluvia fina”, aquella de la que hablaba Luis Landero en su novela del mismo título. Lluvia que va calando y calando poquito a poco y que te acaba llegando al alma. Orbayu, que le dicen en Asturias. Pero también, cuando ella se lo propone, con una contundencia que tira para atrás, como lo hace con esa frase tan redonda que es “la culpa es mía que no quise darme cuenta de que no sabes querer” (La culpa).

El concierto de El encuentro fue, como otros tantos de ella lo han sido, sencillamente impecable. Luciendo espectacular toda de negro y con su ya habitual melena bicolor – ¡cómo de bien que le sienta el naranja! – Alba Reche salta al escenario con Pido tregua, probablemente el tema de toda su discografía que más gana con la fuerza del directo, y más si se le suman la batería de Saray Sáez y la guitarra de Laura Solla: ¡Rock’n roll! Le acompañan inseparables, Martín Muñoz («Mon Dvy») —foto—, con quien se adivina existe una conexión musical muy estrecha y especial, y su hermana Marina Reche a los coros, a la que el público madrileño sorprendió con un entrañable “cumpleaños feliz” demostrando que se la quiere y admira tanto como a la hermana. Una banda a la altura de la artista.

En una hora que supo a bien poquito, Alba Reche repasó los mejores temas de su repertorio, desde lo más pausados y melancólicos, como Niña o El desarme, hasta los más moviditos (el recinto no se vino abajo con la locura que desató La Posada porque Santa Reche no lo quiso. ¡Brutal!). Y aun tuvo tiempo para reafirmarse resuelta y decidida en el estreno de No cambies tu andar, invitar al escenario a la palmera Valeria Castro (sobredosis de emoción con una delicada versión de Algo contigo), y presentar Como si no importara, su reciente colaboración con el murciano Daniel Sabater, quien supo mantener su sensibilidad a la altura de la de Alba Reche y aguantarle la voz, la mirada y la sonrisa sin derretirse, que tampoco debe de ser tarea fácil.

A uno le gusta especialmente de la forma de escribir de Alba Reche su habilidad en el uso de los pronombres de primera y segunda personas, con los que acostumbra a jugar traviesa con una facilidad que pareciera aprendida de aquel “la forma de querer tú es dejarme que te quiera” de La voz a ti debida de Pedro Salinas. Sus letras acostumbran a ser una continuada reflexión sobre el “tú” y el “yo”, sobre cómo nos relacionamos el uno con el otro, a veces de la mejor manera posible, “espero verte feliz aunque sea sin mí” (Aura), a veces de la peor, “si me vas a matar más te vale que muera, si me vas a morder más te vale que duela” (Eco). Y también, tan importante o más, qué nos autoexigimos y cómo nos entendemos con nosotros mismos: “quiero envejecer con dignidad, que me escuchen al cantar” (La dignidad), “no tengo tiempo de sentir lo que fui una vez” (No cambies tu andar).

Sus composiciones tienden a buscar esa melancolía tan suya precisamente en la ausencia del “tú”: “calle vacía y yo sigo pensando que tú vas a regresar, qué pesar” (Escúchala), “te encuentro pero no sé a quién veo” (El desarme), “prendo el alquitrán, por si apareces en el humo” (Quimera). Puestos a comparar, el uso de ese “tú” que ya no está, que da sentido a unas cuantas canciones de Alba Reche, recuerda a esa técnica narrativa tan cinematográfica del personaje ausente. A aquel Bronco Henry de la excelente “El poder del perro”, quien sin aparecer un solo minuto en escena es quien dota de sentido a toda la historia que Jane Campion nos cuenta. Una historia aparentemente dura y fría pero también muy sutilmente empapada de ternura.

Destaca una preciosa y conmovedora canción en el último disco de Nacho Vegas, inspirada en un poema no menos conmovedor de Raymond Carver, que habla de un don. El don de la ternura. Esta mujer no solo lo atesora, sino que posee la habilidad para transmitirlo. Qué más quieres, Federica… Y con eso, aunque solo fuera con eso, que no es el caso, debería llegar muy lejos en esta bendita profesión que se nota que adora y de la que disfruta como la que más, que da gusto verla. Ojalá sirva todo lo apuntado, más lo que seguro nos queda por descubrir en sus próximos trabajos – prepárense porque se vienen, se vienen, se vienen… – para que alguien con voz y voto en esto de la complicada industria de la música y el espectáculo advierta de una santa vez que Alba Reche es una joya que tal vez no esté todavía siendo valorada como merece y que está pidiendo a grito pelado que se le vaya abriendo paso, señores. Aquí, en Latinoamérica y en el infinito y más allá, si hiciera falta. “Perderán la ocasión – canta Nacho Vegas como si hubiera escrito tales versos para ella – de entender que es la ternura nuestro don”.

Alba Reche

Festival de Música New Wave “El Encuentro”

El Invernadero, Plaza de Toros de las Ventas

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