«Poesías completas», Ramón Mª del Valle-Inclán

LA PALABRA VELADA. Por María José Muñoz Spínola.
”No es raro que nuestros autores —poetas y novelistas del modernismo— hagan profesión explícita de su fe estética” (1), y Ramón Mª del Valle-Inclán, más allá de las ideas sueltas tan propias de la época, la materializó en su inagotable obra “La lámpara maravillosa” (2). Escrito a posteriori de sus libros fundamentales de poesía: Aromas de leyenda 1907) —obra primeriza de sensual y melancólica voz gallega—, El pasajero (1920) —ejercicio estético de sus ideas teosóficas y su moderna concepción del tiempo— y La pipa de Kif (1919) —vital reflexión innovadora y rupturista sobre la imagen deformada de la realidad— (3), en él se describe el cuerpo teórico de su Poética. Opera Omnia, su nombre alude a la “lámpara” de Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891) a la que tuvo acceso a través del teósofo y atenista Mario Rosso de la Luna (1872-1931). Una “luz áurea e inextinguible del Espíritu que a partir del Logos, Creador Colectivo del Universo” (4) teosófico blavatskyano, orientó en la contemplación de Miguel de Molinos (1628-1696) hacia el panteísmo y el quietismo, las dos rosas estéticas —Logos y Unidad de Conciencia—, que mediados por el Verbo, rosa clásica —maravillosa geometría—, configuran los tres centros divinos, pilares básicos del templo de la Sabiduría vinculados, para don Ramón, a los círculos del tiempo.
Transposición estética del misterio en razón de su naturaleza literaria, si con la teosofía se intentaron construir universos alternativos para un reajuste ontológico a partir de ideas heterodoxas, esotéricas, alquímicas, hindúes, gnósticas, neoplatónicas o pitagóricas, entre otras, “Inclán mostró más que superficial curiosidad por estas doctrinas” (5) en una estética en el que la belleza neoplatónica, alcanzable por la autoperfección, guarda sus normas en el camino del autoconocimiento, la ética, pues “toda la doctrina estética es una enseñanza para amar el bien” (6). Para el iniciado que todas las cosas crea, y ninguna recibe en herencia, la luz es numen del Verbo, eternamente hermético e imposible para las palabras. Valle concebía como un sueño que las palabras, al volar sobre los siglos, aparecieran sin edad. Creación de multitudes, son en nosotros y viven por el recuerdo con vida entera cuando pensamos, y adonde no llegan con sus significados perdidos con el que nacen, van las ondas de sus músicas. Numen de una categoría más alta, en el goce de su esencia musical se revela la belleza de estas cuando la voz humana, por virtud del tono, vuelve a infundirles toda su ideología. El secreto de las conciencias solo puede develarse en el milagro de las palabras y, en su elección —(casi) equívoco verleineano—, el verbo de los poetas es, en su esencia, el milagro musical, al entrever en la ficción del momento el aparente rodar de las horas para llegar adonde jamás haya llegado la voz humana ni en sus ecos: a levantar los velos de sombra del mundo visible y en el estremecimiento, más allá del movimiento del pensamiento, alcanzar la contemplación divina transformadora del espíritu humano en el verso lejano, que al revivir su evocación encuentra otro verso que le guarda consonancia y, sin perder el primer significado, entra a completar un significado más profundo.
Si La lámpara maravillosa ilumina la realidad que está más allá de la falsa ilusión que los sentidos son capaces de percibir y la razón es capaz de comprender, su poética fue la búsqueda del “éxtasis”, momento que contiene todo el pasado y todo el porvenir. Vasto mar sagrado, el tiempo valleinclaniano, como un número pitagórico, se define en instantes yuxtapuestos encarnados en imágenes que perciben cada momento en sí mismo como actual. Romper su enigma es desgranar los hechos de la vida que, al volver uno por uno y sin olvidar la suma, es, impersonal, la Realidad omnipresente.
Diatribas, aún pendientes, sobre si es un poeta modernista íntegramente o si transitó también la Generación del 98, sus Poesías completas, reunidas por Colección Visor de Poesía en 2017, permiten, como dicen los profesores de la Temple University que prologan el libro, Luis T. González del Valle y José Manuel Pereiro Otero, “seguir la unicidad orgánica de sus escritos y contribuyen a crear la disonancia melódica que caracteriza su evolución”. Fuertemente influido por la obra del Rubén Darío (1867-1916) iniciado en sociedades teosóficas, su “Soneto iconográfico para el señor Marqués de Bradomín” preside la publicación que, además de incluir los tres libros mencionados, reúne todos los poemas publicados de forma aislada a lo largo de su vida, incluyendo “Melonares”, el primer poema de su época de estudiante universitario, y “Cantiga de vellas”, único poema escrito íntegramente en gallego. Una edición para volver a adentrarse en el genio y virtuosismo del sintético y sincrético Valle y entender lo pequeño y ridículo que es el Mundo cuando se observa este “levantando el aire” (7) y se comprende en su poética luminosa que, fuera de lo temporal, en contacto secreto e intuitivo con la palabra velada, «El instante más pequeño de amor es eternidad».
Todo lo demás será averiguar si se trata de una imagen deformada de la realidad, o, tal vez, de la imagen fiel de una realidad deforme.
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(1) El modernismo visto por los modernistas. Ricardo Gullón. Ed. Guadarrama, Punto Omega, 1980.
(2) La lámpara maravillosa. Ramón Mª del Valle-Inclán. Primera edición. Ed. Artes de la ilustración, 1922. Edición empleada: Ed. Austral, 2016.
(3) Ordenados conforme al gusto de Ramón Mª del Valle-Inclán.
(4) La doctrina secreta. H. P. Blavatsky. Ed. ELA, 2012 (pp. 309, 310).
(5) El esoterismo modernista. Ricardo Gullón. Ed. Crítica, 1980 (p. 72).
(6) La lámpara maravillosa. Ramón Mª del Valle-Inclán. Ed. Austral, 2016 (p. 23).
(7) ABC (7 de diciembre de 1928): «Hay tres modos de ver el mundo, artística o estéticamente: de rodilla, en pie o levantando el aire». Ramón Mª del Valle-Inclán.

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