Entrevista a Camila Ríos por «A una llama del lugar»

Foto: Ariadna PérezCamila Ríos Armas (Caracas, 1989) es licenciada en Estudios Liberales por la Universidad Metropolitana de Caracas y Máster en Desarrollo Internacional por Sciencies Po París. Es autora de los poemarios Muralla intermedia (2008) y Ecos (2012). Actualmente reside en París donde fundó y dirige desde 2018 UniR Universités & Réfugié, ONG que obra por la integración social de refugiados en Francia.

Pregunta: ¿Cómo definirías tu reciente poemario A una llama del lugar? ¿Es un diario lírico, un cuaderno de viajes, una reflexión sobre el tiempo?

Respuesta: A una llama del lugar es un viaje que tiene como destino el movimiento mismo del cuerpo, y el alma. Nació de mis primeros meses viviendo en Europa en 2011 y de mis últimos años en Venezuela (2011-2014). Por un lado, resume lo nuevo, lo inédito de vivir lejos de casa, sola, alejada de mis referencias culturales y lazos afectivos, entregada a descubrir cada esquina de París. Y por el otro, el saberme de regreso a casa, a lo conocido pero visto con otros lentes y en medio de un ambiente político complejo. Es un libro íntimo, como toda poesía, con tantos registros líricos como ciudades. Recorriendo nuevas direcciones, recorro mis miedos, alegrías, obsesiones.

Estamos siempre a un instante de un lugar. La llama vista como esencia, carburante, chispa que hace y se acaba –porque incluso los incendios más grandes tienen un final. La llama como metáfora del tiempo, picándole el ojo a Bachelard.

Es un libro en el que indago el origen de las cosas, busco respuestas a preguntas que quizás no nos hacemos todos los días: ¿Cómo luce el árbol de la fruta que nos comemos? ¿Qué habrá pasado en esta acera donde ahora yacen botellas vacías? El ojo observador, curioso, cazador de interrogantes. Hay en él también una búsqueda de espiritualidad.

P: Dice Adalber Salas en el prólogo del libro que el tiempo es la obsesión rectora del libro. ¿Intentaste responder a la pregunta de qué hacer con el tiempo en estos poemas?

R: Con mis poemas juego con la noción literal del tiempo, y la obsesión que puedo tener con los efectos que este tiene en nuestra existencia. La creación, el nacimiento, la muerte. Los cambios. Atravieso el tiempo en viajes, ciudades, para luego intentar entenderlo a través de los objetos que hemos creado para medirlo, para “controlarlo”.
Vivimos en una era de lo instantáneo, de lo rápido. Sentimos que no hay tiempo para nada o que el tiempo pasa muy rápido, que el problema es cómo nos organizamos mejor y no la cantidad de cosas que pretendemos hacer. Al final, no importa cómo decidamos medir el tiempo, él nos ocurre.
Y este libro trata sobre lo que me ocurre al transitar lugares, tanto físicos como espirituales. 

 
P: ¿Cuáles dirías que son tus principales influencias en la creación de este libro?

R: Este libro es el resultado de años de descubrimientos artísticos, visitas a museos, lecturas de poetas franceses, venezolanos, literatura japonesa, relaciones amorosas, amistades por internet, viajes. Mencionar referencias literarias precisas, sería traicionar la manera como fueron tejiéndose los poemas. Lo comencé a escribir en 2011 y terminé en 2014, para luego volverlo a trabajar en 2017. Poesía y vida, son, para mí, indisolubles. Este libro es un testimonio de esta fuerte convicción.

Dejo una breve muestra de algunos de mis poemas preferidos. Gracias a Culturamas, por la entrevista.

Hay un tiempo en la ausencia
un tiempo en el paso
que no diste
un tiempo en el café
que frío quedó en la taza

Hay un tiempo colgado
de la manilla de la puerta
suspendido entre dos abrigos
que olvidaste al ir de viaje

Hay un tiempo en el
parque de la infancia
otro
dibujado en las líneas
de las manos

Hay un tiempo fragmentado
por la discontinuidad
de los espacios

Hay un tiempo
sentado en el banco
de tu jardín.

***

Consumimos sin pensar en el origen de las cosas
Comemos la fruta sin imaginar la flor que la precede
o condimentamos el almuerzo con una hierba que
no podemos dibujar en su ambiente natural

Vemos la luz sin saber de oscuridad
o prendemos velas a santos que antes eran herejes

Mordemos el presente del otro sin saber su sombra

Evadir es tarea diaria
porque ir al inicio
saber de donde vino el corcho que ahora extraigo de la botella
o el jamón que rellena el bocadillo de la pequeña
sentada en el banco

es viajar lejos
preguntarse existencia

preguntarse ética

***

Entre más de cuatro paredes

Hay fines de semana que son de encierro
de no querer extender los brazos ni piernas bajo el aire
menos en una ciudad
que cada vez se agota más en sí misma

Hay fines de semana
como este
en el que extiendo mis brazos y mis piernas
sobre los brazos y las piernas
del otro
del otro que se ama
del que tampoco encontró alivio en el exterior

Entre más de cuatro paredes
pero entre encierro y encierro

de cuarto en cuarto
a veces
los miedos se neutralizan

el futuro cristaliza sus profundidades
y la temporalidas

pierde el carácter de lo efímero
para perpetuarse entre las dos sabanas
que ahora somos

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