Feliz recuerdo de Concha Velasco en Mérida 2019: «Déjame morir amando y así no moriré nunca»

Horacio Otheguy Riveira.

En aquel mágico verano del Festival de Mérida de 2019, quién iba a imaginar que meses después estaríamos atrincherados, víctimas de un virus que recorría mundo tan campante. El teatro del Festival aportaba comedias y tragedias de origen clásico, y en una de ellas, una versión de las Metamorfosis de Ovidio, plenamente integrada en una dramaturgia contemporánea. Una función reflexiva con ráfagas de diversión singular… y entre un gran reparto, Concha Velasco en una creación muy distinta -y a la par en calidad- de su extraordinario monólogo de 2016, Reina Juana. Después de aquel monólogo, primero de su larga carrera, esta obra rodeada de personajes fabulosos y no menos fascinantes interpretaciones. Y ella, prima dona, primerísima y a la vez, una más, sencillamente grande en tonalidad y emoción. Sabía entonces que se acercaba el final. Su mala saluda ya no era de hierro, noche a noche hablaba a los miles de espectadores (unos 3000) tras los aplausos y agradecía lo mucho que la ayudaban en su dificultad física; una dificultad que no se notaba, pues su temple y composición actoral resolvían la magia del escenario de tal manera que nos acercaba en profundidad la dinámica genial de su personaje.

Fueron noches inolvidables en las que la Velasco era más Conchita que nunca, tan cercana para todo el mundo; así, con la energía que la caracterizaba aseguró -entre bromas- que no volvería a Mérida, tras lo cual aumentaban las ovaciones. Poco antes de terminar la representación su personaje había marcado la senda universal de la actriz: «Déjame morir amando y así no moriré nunca».

 

Concha Velasco (Valladolid, 1939-Majadahonda, Madrid, 2023).

 

TRASCRIPCIÓN DE LA CRÍTICA PUBLICADA CON MOTIVO DEL ESTRENO

 

El prolífico director David Serrano, traduce, adapta y dirige un espectáculo fascinante, a manera de lírico panorama de hombres, mujeres y dioses. Lo hace con un gran elenco, al frente del cual se encuentra la también mítica Concha Velasco, largamente ovacionada una vez más. Se trata de un éxito rotundo del Teatro Romano de Mérida, y también del teatro clásico enamorado del contemporáneo para que las Metamorfosis del siglo 8 d.C. nos diviertan y emocionen a partes iguales.

La representación es el resultado de una estupenda labor de equipo, un acto de amor íntimo que expande su espectacularidad con natural elegancia. La autora es la estadounidense —mujer de teatro, actriz y directora— Mary Zimmerman, que reelaboró parte de la obra de Ovidio: un gran desfile teatral de historias en las que confluyen sueños, ambiciones, éxitos y fracasos humanos con intervención divina, surgida del politeísmo imperante. Sin embargo, a través de una mirada actual, la teatralidad de nuestra experiencia cotidiana hace posible que la omnipresencia del destino juegue también aventuras de imaginaria construcción de gozos y martirios por la propia elección de humanas decisiones.

El objetivo final se logra admirablemente, y para cuando la cálida voz de Concha Velasco se acerca al gran final con la impecable actitud de una narradora modélica, ya hemos pasado por numerosas situaciones en manos de los muchos talentos de sus compañeros, oscilando entre composiciones humorísticas y trágicas, en un vaivén de emociones espléndidamente concebidas, cada uno de ellos con decisivas ocasiones donde componer variados personajes en atmósfera, ritmo y sonoridad muy medidos.

Un universo mágico plasmado minuciosamente, con un bien resuelto diseño de vestuario de Yaiza Pinillos, policromía y creatividad en las formas para una amalgama ciertamente compleja, dados los personajes legendarios y reales, bordados todos los movimientos por la delicada iluminación del maestro Gómez Cornejo. Y a lo largo de la función, la música de Luis Miguel Cobo, que va en un crescendo épico singular, con momentos casi imperceptibles que conjugan notablemente con el sonido y el paisaje del agua: un elemento clave en la obra original.

 

 

Los mitos son las primeras formas de la ciencia. Se ha dicho que los mitos son sueños públicos y que los sueños son mitos privados. Desgraciadamente, hoy le prestamos poca atención a nuestro lado mítico. Y como resultado de esto hay una gran parte de nosotros mismos y de nuestras acciones que no terminamos de comprender. Por lo tanto, sigue siendo importante y saludable hablar no solo de lo racional y fácil de entender, sino también de lo enigmático, de lo irracional y de lo ambiguo.

 

Un Apolo bonachón (Pepe Viyuela), dominado por su caprichoso hijo Faetón (Edu Soto), empeñado en fardar conduciendo el Carro de Fuego.

 

Pilar Castro, Concha Velasco, Belén Cuesta, Pepe Ocio: venganza de una diosa ante la desobediencia.

 

Toda la Compañía en una panorámica del espléndido escenario creado por Mónica Boromello: un gran estanque donde se desarrolla la acción, con dos escenarios giratorios dentro, y áreas de césped a modo de mágicos nenúfares, y en el proscenio una pequeña alberca donde suceden varias situaciones, como la propia desesperación de Narciso, al descubrir que no se encuentra en ningún reflejo.

 

La voz envolvente de Concha Velasco nos transporta en uno de los momentos más entrañables de la obra: «Los que aman a los dioses, dioses son. Y siempre recibirán culto los que lo rindieron. Todavía hoy, si ustedes caminan de noche por una calle oscura, si están solos, aún podrán oír, meciendo las copas de los árboles más altos, la ardiente plegaria: Déjame morir amando y así no moriré nunca».

 

Autor: Mary Zimmerman

Dirección y adaptación: David Serrano
Ayudante de dirección: Daniel de Vicente

Reparto: Concha Velasco, Pepe Viyuela, Edu Soto, Adrián Lastra, Pilar Castro, Belén Cuesta, Secun de la Rosa, María Hervás, Ángela Cremonte, Pepe Ocio

Diseñador de iluminación: Juan Gómez Cornejo
Ayudante de iluminación: David Hortelano
Diseño de escenografía: Mónica Boromello
Diseño de vestuario: Yaiza Pinillos
Ayudante de vestuario: Beatriz Suárez
Música original: Luis Miguel Cobo
Coreografía: Carla Diego Luque 

Fotografías: Jero Morales

Productor: Jesús Cimarro

Festival de Mérida 2019: del 31 de julio al 4 de agosto, y del 6 al 11 de agosto. 

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