«Nyad», de Elizabeth Cha Vasarhelyi y Jimmy Chin

JOSÉ  LUIS MUÑOZ

Con Diana Nyad no se cumple lo de a la tercera va la vencida. Confieso que la historia de superación de esta nadadora de 60 años, después de pasarse 30 sin nadar en mar abierto, que se empeña en llegar a Florida desde la costa de Cuba no me producía ningún entusiasmo, pero la magia del cine y las interpretaciones me hicieron cambiar de opinión no bien me senté para disfrutar de esta producción de Netflix que aspira a dos Oscar por la interpretación, soberbia, que de la nadadora hace Annette Bening y por el trabajo espléndido como actriz de reparto de Jodie Foster.

Diana Nyad, que ya lo intentó de joven y fracasó, tiene esa espina clavada y sueña con cruzar ese peligroso estrecho de más de 170 kilómetros, el Everest del mar por su dificultad, treinta años después de su primer intento y literalmente contra viento y marea, y sin jaula protectora contra medusas y tiburones,   para demostrar que la edad no es ningún impedimento para conseguir un objetivo y que la cabeza es lo fundamental en esos retos de resistencia física. La película narra los cuatro intentos agónicos de la nadadora, auxiliada en todo momento por su entrenadora y amiga Bonnie Stoll (espléndida, como es habitual, Jodie Foster) y el capitán de la embarcación de soporte John Barlett (Rhys Ifans), que se frustran por la picadura de una medusa, un temporal o agotamiento físico, pero Nyad sigue en sus trece de batir ese récord que nadie ha conseguido.

Emotiva historia de doble superación personal (en un flash back el espectador se entera de que sufrió abusos cuando era nadadora infantil por parte de su entrenador y de que su relación con su padrastro no era idílica) la de esta atleta que encontró en el mar la razón de ser de su existencia, el bálsamo a un atormentado pasado, dirigida por una pareja de directores norteamericanos de origen asiático que filman con entusiasmo esta portentosa hazaña física en los escenarios reales en donde sucedieron.

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