Feltrinelli, de Guille Gracia, Aitor Iturriza y Nacho Nava. Altamarea, 2024.

En la imagen se ve a Feltrinelli, vestido de traje negro, ladeado y con un cigarrillo humeante en su mano derecha.
Portada de Feltrinelli (Editorial Altamarea)

La editorial Altamarea, que ya editó el año pasado el cómic Pasolini de Davide Toffolo (publicado originariamente en 2012 por 451 Editores), continúa su aventura tebeística con su segunda novela gráfica, basada en la vida de Giangiacomo Feltrinelli, importante editor y activista revolucionario, integrante de los Brigadas Rojas, y fundador de las GAP (Grupo Paramilitar italiano de extrema izquierda). Heredero de una de las fortunas más grandes de Italia, su interés cultural y activista le llevó a crear la editorial Feltrinelli en 1954, actualmente uno de los conglomerados editoriales más importantes del país transalpino, con más de 100 librerías y dueño desde 2010 de la española Anagrama. Entre primeros sus logros, está la publicación de obras polémicas como Doctor Zhivago, de Borís Pasternak, El gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa o Trópico de Cáncer, de Henry Miller, además de popularizar los libros de bolsillo.

Giangiacomo Feltrinelli era un hombre de contrastes, con una “ambición desmedida”, como reconoce Aitor Iturriza, uno de los guionistas del cómic, debido seguramente a una “insatisfacción vital”, como apuntilla Nacho Nava, ilustrador de Feltrinelli, lo que seguramente “le llevó a la autodestrucción”, poniendo en peligro “sus proyectos, amigos, familiares y seres queridos”, al morir con apenas con 45 años y dejando un gran legado que fue continuado por su mujer, la gran editora Inge y posteriormente su hijo Carlo, presidente actual del grupo editorial.

Lo primero que hay que destacar es que la historia de Feltrinelli se desarrolla en el contexto turbio de la Guerra fría, con las presiones de la URSS por publicar la novela Doctor Zhivago de Borís Pasternak o la de Estados Unidos (incluida la CIA), además de los conflictos con el Partido Comunista italiano. Pero Giangiacomo era fiel a sí mismo y actuaba según sus convicciones, sabiendo los riesgos que conllevaba. En este sentido, sorprende que el italiano participara de manera activa en tales acontecimientos, muchos de ellos clave para comprender gran parte de la segunda mitad del siglo XX. ¿Puede creerse que un joven rico que conducía automóviles de alta gama podría a su vez publicar la biografía de Fidel Castro y apoyar la revolución cubana y a los pocos días cenar en Nueva York junto a los mayores escritores norteamericanos de la época?

El proceso de creación del libro no ha sido fácil. “Lo primero fue ordenar la ingente documentación que tenía Guille [Gracia] e intentar encontrar un hilo conductor”, reconoce Iturriza, a la que fueron añadiendo elementos ficticios. Sin embargo, han logrado condensar una historia apasionante y llena de momentos insólitos en algo más de 200 páginas. Lo que pudo haber sido un documental, se convirtió finalmente en una novela gráfica. El lenguaje tebeístico permite de una manera muy efectiva condensar biografías e historias largas como ningún otro medio, y los tres autores han sabido aprovechar las propiedades del cómic para contar una historia ambiciosa.

Feltrinelli está narrado en primera persona, con una estructura circular que recuerda a Sunset Boulevard, el clásico noir dirigido por Billy Wilder en 1950, donde la voz de un muerto nos cuenta su vida hasta llegar a su trágico final. Tanto por la temática, como por el estilo visual en blanco y negro, se respira un aroma de tensión a lo largo del libro. Nava, que se reconoce heredero de José Muñoz y Frank Miller, contribuye a crear dinamismo gracias a la disposición de viñetas de 3×3 y sus variaciones (en ocasiones con viñetas que ocupan toda una página), además de un uso de líneas orgánicas, donde destacan los rostros, las formas y los bloques en blanco y negro, que ayudan a realzar el propio contraste de la vida de Giangiacomo. Ese estilo expresivo, de trazos en ocasiones simplistas, prescinde de elementos decorativos y se centra en las escenas y en los gestos de los personajes, aislados de elementos superfluos. Además, encontramos pequeños momentos de extrañamiento gracias a retazos en amarillo mostaza (que recuerda el estilo de Yo, loco, de Altarriba y Keko o Ese cobarde bastardo de Frank Miller) que relucen sobre los blancos y negros. Asimismo, llama la atención una composición visual muy cinematográfica (tanto Aitor Iturriza como Nacho Nava son cineastas), con influencias que corrobora el propio Nava: “El neorrealismo italiano ha sido una referencia clara. También las películas de la Nouvelle Vague e incluso del Nuevo Cine Latinoamericano, ciertas viñetas remiten a películas como La hora de los hornos. También Corto Maltés, su manera de narrar e incluso de introducir personajes históricos”.

Aparte de reflejar los contrastes de un personaje complejo, esta novela gráfica rinde homenaje a una figura trascendental de la sociedad italiana, pues, en palabras de Guille Gracia, coguionista de la obra: “Más allá de esa visión de rico excéntrico que quiso jugar a la revolución que algunos, no muchos, conocen, existe muchísimo desconocimiento sobre su papel en la transformación y modernización cultural de la sociedad italiana en un momento clave como fueron los años 60 y 70”. Un legado que sigue vigente hasta la actualidad y que ahora podemos conocer gracias a este cómic.

 

Por Carlos Huerga

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