María Ángeles Pérez López: “El mar Mediterráneo es una inmensa fosa a cielo abierto”

María Ángeles Pérez López (Valladolid, 1967) es poeta y profesora titular de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Salamanca, donde trabaja sobre poesía contemporánea en español y coordina la “Cátedra Chile”.

Antologías de su poesía han sido editadas en Caracas, Ciudad de México, Quito, Nueva York, Monterrey, Bogotá, Lima y Buenos Aires. También, de modo bilingüe, en Italia y Portugal. Acaba de aparecer en Honduras la antología Piedra del desconcierto.

Su libro Carnalidad del frío ha sido publicado en edición bilingüe en Brasil y Estados Unidos. La edición de Nueva York Poetry Press (Carnality of cold) ha recibido Mención de honor en International Latino Book Awards 2023. Por Incendio mineral (Vaso Roto, 2021) recibió el Premio Nacional de la Crítica en 2022. Libro mediterráneo de los muertos (Pre-textos, 2023) resultó ganador del Premio Margarita Hierro, que otorga la Fundación José Hierro y acaba de ser reconocido como mejor libro de poesía del bienio 2022-23 con el premio “Meléndez Valdés”.

Está publicada en varias antologías (la última es Desencuentros en el último círculo, editada en 2023 en Ciudad de México), y ha sido invitada a festivales de poesía en Europa y América. También ha sido jurado de numerosos premios literarios en España y varios países americanos, siendo los más destacados el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Premio Cervantes.

Forma parte de la Asociación «Genialogías», volcada en reconocer el legado de las poetas. Es miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, honoraria de la Academia Nicaragüense, hija adoptiva de Fontiveros y miembro de la Academia de Juglares de Fontiveros, el pueblo natal de San Juan de la Cruz. Hoy le hemos pedido que nos dé su Primera Impresión sobre Libro mediterráneo de los muertos.

 

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

María Ángeles Pérez López: El mar Mediterráneo es una inmensa fosa a cielo abierto. No sé vivir esta realidad tan cercana y dolorosa: me abruma y sobrecoge en su herida abierta. A la vez, es un mar lleno de resonancias míticas y filosóficas, de la historia a la que pertenecemos, de la vida en muchos de sus aspectos, de un pasado que también habrá de abrumarse y sobrecogerse.

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

Desde hace más de siete años esa herida intentaba decirse, no sabía cómo, no sabía si podría. He colaborado con la Asamblea de apoyo a personas migrantes de Salamanca y dos publicaciones colectivas que realizaron fueron decisivas: Katsikas en la memoria, de 2017, donde alzamos un grito de rabia y protesta por la falta absoluta de respeto a la dignidad y los derechos humanos fundamentales de las personas refugiadas, y al año siguiente la acción de arte Pláyade y la publicación de un libro con el mismo título. Quiero nombrar a Ferchu de Castro y a Josetxu Morán entre la gente increíble de mi ciudad que pone su tiempo, su talento y su esfuerzo para que el mundo sea más habitable.

Después de haber sido publicado, el libro me ha regalado la ocasión de colaborar con la campaña “Ni un refugiado sin refugio” del coro “Pilar de la Sota”, donde hay también personas extraordinarias: quiero nombrar con admiración a Marce Orgaz. 

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

Ninguna en realidad. Ante el agua no hay pista o clave, ella nos conoce y venimos de su placenta inicial, de todas las formas de la vida que la requieren en todos los lenguajes.

Somos el agua y su canto rasgado y ciego.

¿Qué efecto esperas que tenga en ell@s?

Que se hagan ante el agua las preguntas más íntimas o más atronadoras. Me imaginé que yo entraba y salía del mar como de los espacios de nacimiento y muerte porque somos el agua y su canto rasgado y ciego que siempre se dice en plural.

Las palabras se sumergen también, se empapan, se ahogan.

¿Qué importancia tiene la estructura o la disposición de los poemas en este libro?

Es central porque los poemas están preguntándose todo el tiempo cómo deben decirse, si pueden decirse, si la ortografía tal como la conocemos alcanza, si la tilde no es expresiva, si las disposiciones habituales alcanzan. Porque las palabras se sumergen también, se empapan, se ahogan. Y yo con ellas al escribir.

 ¿Fue algo deliberado o más intuitivo durante el proceso de creación?

Fue intuitivo hasta que llevaba la mitad de los poemas escritos. Ahí me senté a reflexionar muy despacio y a preguntarme qué significaba decir lo que no se puede decir pero cuya injusticia grita a nuestro alrededor en una boca rota.

Este libro fue un enorme reto que tardé tiempo en aceptar.

¿En qué medida veremos en él —o no— a la María Ángeles Pérez López de tus anteriores obras?

Es un libro muy distinto, con poemas en prosa bastante largos y notas finales, que son parte del mismo poema pero necesitaron tener ese carácter breve de la nota, el apunte, lo que queda desgajado y sin embargo no sabe imaginarse sin la savia común de la sangre, del lenguaje.

Sé que no podría haber llegado a este libro sin los anteriores, y que parte del dolor de lo compartido está desde mis primeros poemas, pero es muy diferente, este libro fue un enorme reto que tardé tiempo en aceptar.

Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte sólo con tres poemas de Libro mediterráneo de los muertos, ¿cuáles serían?

Es una pregunta muy difícil, pero me quedo con uno en el que me parece que hay al menos tres formas de decir: “Partitura de los desplazamientos”. En él está una conversación apasionada con mi hijo físico sobre la tectónica de placas, la lectura de la obra de Raúl Quinto, todas las referencias de las notas que van saltando de la página hacia no sé bien dónde y una vocación de afuera, de vida justa y radical en el afuera.

Esta obra obtuvo el VI Premio Internacional de Poesía ‘Margarita Hierro’ y muy recientemente ha sido también galardonado con el IV Premio Nacional de Poesía ‘Meléndez Valdés’. Anteriormente recibiste el Nacional de la Crítica por Incendio Mineral. ¿Cuál es la verdadera importancia de los premios literarios?

Los premios literarios son muy distintos unos de otros. El Premio de la Fundación José Hierro, de gran prestigio, permitió que el libro fuese publicado por Pre-textos, y el Meléndez Valdés es un premio al que no se puede presentar ni poeta ni editorial porque lo elige una amplia comisión de expertos y después hay un jurado específico. Además, es bienal, lo cual lo hace aún más difícil. En cuanto al Premio Nacional de la Crítica, son tantas décadas de muy buenos libros premiados por la Asociación Española de Críticos Literarios que estar en esa nómina es un espaldarazo impresionante.

Es necesario visibilizar la lectura a veces sesgada y menor que se ha realizado de las poetas.

Formas parte de la Asociación «Genialogías», volcada en reconocer el legado de las poetas. ¿Siguen siendo igual de necesarias este tipo de iniciativas a día de hoy? ¿Hemos avanzado algo en ese sentido?

Mantengo mi convicción inicial de que es necesario visibilizar la lectura a veces sesgada y menor que se ha realizado de las poetas a lo largo de la historia literaria. Cuando yo empezaba a escribir no sabía cómo nombrarme en el lenguaje, qué lugar ocupar, por qué este siempre estaba erizado de amenazas, por qué ese prodigioso capital simbólico de las ancestras no había podido heredarlo. Hemos avanzado muchísimo y una parte de esas preguntas que yo me hice no se las hacen hoy las más jóvenes, pero se corre el riesgo de perder lo conseguido: “El legado de las mujeres”, un extraordinario proyecto coordinado por la profesora Ana López Navajas, que busca la inclusión de referentes femeninos en la Historia, Ciencia y la Cultura, y era coordinado por la Consellería de Educación de la Generalitat valenciana, acaba de sufrir la cancelación económica de esta última. Hay que recordar que “Women’s Legacy” es un programa apoyado por la Comisión Europea y con 10 socios en España, Lituania, Francia y Jordania; un proyecto referente de la coeducación en nuestro país para ayudar a recuperar el legado de las mujeres e insertarlo en el contenido educativo. Cancelarlo es querer ahogar esa búsqueda de equidad.

Por último, como lectora, ¿de quién te gustaría conocer su “Primera impresión”?

A Carmen Rotger, ganadora del Premio Ciudad de Estepona con un libro que editará en breve Pre-textos, titulado Que se contradicen. Estuve en ese jurado y me parece un libro muy original y valioso.

 

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Libro mediterráneo de los muertos

 

[PARTITURA DE LOS DESPLAZAMIENTOS]

 

Las uñas se desplazan como los continentes. Atraviesan el aire y lo deshilan, crecen sin cesar ni preguntarse. Su velocidad es la de las placas sobre el manto rocoso: se empujan y presionan entre sí, se separan o acercan, se cautivan. Parecen estar danzando, incorregibles, sobre una línea imaginaria. ¡Pero cutícula y océano no son imaginarios! El cuerpo bajo el mar nunca es imaginario.

 

Cuando las uñas se desplazan, como los continentes, invitan al afuera, son afuera. ¿Qué significa afuera si eres agua? El océano todo lo vuelve de sí. Arrecife y caparazón vacío, como cuando decimos caballito de mar pero desaparecen las praderas, la velocidad respirada en el belfo, la cualidad carnal de lo indomable. El caballito, en su diminutivo, se entrega sin cerviz, sin desamparo. Una miniatura de juguete para que el océano no sea tan bronco. Y córneas que parecen de juguete en personas cautivas bajo el agua.

 

Porque el océano todo lo vuelve de sí. Cada coral disuelve su alboroto, entrega el nombre apresurado de su propio color como si no hubiera al menos diez pigmentos mezclándose, como si todo no fuera mezcla en todo, como si la conciencia misma del color no fuera un modo extremo del idioma. Amor en el azul, verde, violeta. Fluorescencia que atrae al plancton entre la oscuridad pero no sabe llamar a los ahogados.

 

Porque el océano ―ya lo he dicho pero he de repetirme como la ola que se afirma y retrae sin perder nunca su espacio de visión― todo lo vuelve de sí. La toalla descalza ante la espuma, la canción inasible del ahogado. A cien metros de profundidad se disuelve la gama de colores: no llega el amarillo, el naranja o el rojo. Hay personas sumergidas en silencio que repiten su nombre sin cansarse. ¿Cómo es que esos nombres no logran emerger? ¿Es también por sus ondas, su color? Si la estructura feliz del arrecife segrega nombre propio entre tanto factor de simetría, ¿cómo es que esos nombres no logran emerger? Los cuerpos se han hundido, arrastran los pulmones abrasados, voluminosos, heridos por la asfixia y el pavor pero ¿y sus nombres? ¿Se han vuelto parte misma del océano? ¿No logran desprenderse y emerger?

 

Cuando las uñas se desplazan, como los continentes, está todo braceando en el lenguaje. En la niebla, en las zonas de borradura, en los días en que te ciega el sol, está todo braceando en el lenguaje. En la lesión dormida de los párpados, en el blando clamor de las membranas, en cada circunloquio, en el ojo de cristal que ninguna cuchilla rasgaría. En quirófanos blanquísimos que devoran la luz, en los restos de plástico que brillan sobre el mar, en los pliegues y surcos del cerebro está todo braceando en el lenguaje. Como cuando los patos tienen medio cuerpo bajo el agua y meten la cabeza, sin recordar que son hijos inequívocos de dos mundos perfectamente diferenciados y en ellos palpita la altura: también el hambre bracea en el lenguaje.

 

Cuando las uñas se desplazan, ¿dicen éxodo? ¿Conocen las largas migraciones aunque no se desprendan de ti? ¿Deshilan el manto terrestre? Al desplazarse el Atlántico no deja de crecer, las uñas no dejan de crecer. En las manos se oprime lo real. ¡Pero el cuerpo es también el océano! ¿O hemos olvidado que el agua nos recorre? Somos sima, palabras abisales, llanuras y anémonas de mar. La grava incorregible que danza en el amor. Tal vez se pose al fondo de los bronquios la llave esquiva de los carceleros. Ante ella los nombres no logran emerger.

 

Un límite: las uñas; el otro: la velocidad de los cabellos. ¿Si digo tectónica de placas estoy diciendo cuerpo mío de mí? Acerco el cortaúñas pero esto no sería amputación. ¿Cómo sé lo que dice mi cuerpo? Pertenece a la sombra, él es la noche. Saltarán los trocitos de semanas, la abrumadora consistencia de la lima, el redil. Mientras, van uniéndose (¡a la misma velocidad!) las placas africana y euroasiática. Se borrará este mar enmudecido. El mar mediterráneo de los muertos. ¿Entonces emergerán todos los nombres?

 

 

NOTAS

  1. Pegamento y petróleo entre los dientes, en el hueco verbal de cada mano. ¿Y en todas las rodillas sumergidas, la retracción del sexo en quien se ahoga?
  2. En los ojos se expande lo real. Dos globos casi de juguete formados al menos por un noventa por ciento de agua, pero la visión tiembla, es muy difusa. Con ellos se forman collares de perlas, esas cuentas que en realidad son córneas: el mar las trasplantó a las ostras heridas. Aunque, si puede trasplantarse una córnea ―de persona a persona, de migrante a la ostra que todo lo recubre―, ¿no emerge la partitura oscura de los desplazamientos?
  3. Cuando el mar arroja un cuerpo hasta la playa, ¿es que también era cutícula sobrante? ¿Extremidad que nadie requería? Un antebrazo seccionado queda en la lista de objetos perdidos. Diez mil niños perdidos atravesando Europa. Como quien pierde un paraguas o las gafas de cerca.
  4. Con Anne Carson pediré piedad por el océano. Entraré de rodillas manchando con mi piel la superficie roja de las algas.
  5. Arde el agua en la boca del ahogado. La astilla atravesada ante la tráquea, la delación, el pórtico violento. Arde un bosque carnal y desasido.
  6. Lo anotó Jaime Sáenz, nada puedo saber de este cuerpo de mí con cartílagos y uñas que crecen sin cesar.
  7. Aminatou, Dalloba, Bebé, Clemence, Merveille, Pacience y otra compañera no identificada. Hablaremos de ellas aunque han muerto. Sus letras, sus pupilas mirándonos desde un extenso muro de agua que alguien perforará con una hebilla de sangre.
  8. No un muro, sino una partitura rota. Pentagrama en que crece la hiedra como habrán de crecer todos los nombres.

 

ENTREVISTA REALIZADA POR JAVIER GILABERT
Granada, 1973. Maestro avemariano, es autor de PoeAmario (2017), En los Estantes (2019), Sonetos para el fin del mundo conocido (2021) junto con Diego Medina Poveda, Bajo el signo del Cazador (2021) junto con Fernando Jaén, Todavía el asombro (2023). Copromotor, antólogo, coeditor y periodista cultural.

One thought on “María Ángeles Pérez López: “El mar Mediterráneo es una inmensa fosa a cielo abierto”

  • el 4 junio, 2024 a las 5:21 pm
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    quién dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón….
    con este fragmento mencionado en un poema suyo, tomado de la canción de Fito paez, María de los Ángeles nos conmovió en un
    encuentro de poetas, y no nos quedó otra que cantarlo..
    gracias

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