CRITICAS LISTADO JOSÉ LUIS MUÑOZ

Hay que destacar la exquisitez con que se mueve la directora brasileña Marianna Brennand Fortes (Brasilia, 1980) para contar este drama cotidiano (el film se inspira en conductas reales asumidas en esa zona de Brasil) que es una denuncia de la pederastia y el incesto en remotas localidades de la selva amazónica.

Marcielle (extraordinaria Jamili Correa), una niña de trece años que vive en un precario chamizo a orillas del Amazonas con sus hermanos y padres, tiene que elegir entre el acoso permanente de su progenitor (Rómulo Braga), que la obliga a dormir con él porque su mujer está nuevamente embarazada, o recurrir, como hace su amiga Carol (Emily Pantoja), a las barcazas que vienen de Manaos y periódicamente se acercan en donde las niñas de la ribera del Amazonas venden algo más que los productos que recolectan de la selva y sus clientes les prometen una vía de escape.

Manas, la ópera prima de esta directora apadrinada por Sean Penn y Walter Salles, profundiza en ese abuso sistémico que sufren las mujeres en esos lugares recónditos de la selva en donde los abusadores se sienten impunes porque la ley no suele alcanzarles. Solo Aretha (Dira Paes), la comisaria de policía de la zona a la que Marcielle acude para hacerse el documento de identidad, sospecha del abuso que sufre la niña, pero se encuentra con la escasa colaboración del entorno que lo ha normalizado. La conducta de ese padre depredador, sobre el que la realizadora no carga las tintas —hasta parece un buen padre que juega con sus hijos y los quiere— porque considera normal abusar de sus hijas (ya lo hizo con la hermana mayor que huyó con un cliente de la barcaza), es asumida como natural hasta por su propia madre (Fátima Macedo), que mira hacia otro lado y está agradecida a su esposo, un buen hombre que la sacó de las barcazas.

Manas, que tiene mucho de documental etnocostumbrista —la directora narra el día a día de esa familia que convive en un pobre palafito junto al río, come de lo que pescan o cazan, duermen en hamacas suspendidas del techo porque no hay espacio, se divierten nadando en el gigantesco río porque no tienen otra forma de hacerlo, van en barca a la lejana escuela y asisten a los oficios de la iglesia evangélica, el único instante en que socializan— es extraordinariamente sutil a la hora de narrar los abusos —el padre lleva a su hija de caza y roza su cuerpo y su cara con la excusa de ayudarla a hacer puntería con la escopeta sobre el animal a abatir—y embellece la sordidez del relato con una fotografía luminosa a cargo de Pierre de Kerchove que capta ese entorno exuberante y lírico que oculta este drama infantil que Marianna Brennand Fortes denuncia con valentía. La directora cierra de forma magistral su historia con un simple cruce de miradas entre madre e hijas sumamente elocuente en el puente del palafito.  Lo pueden ver en la plataforma Filmin,