Electrónica para Clara

Electrónica para Clara.  Guillermo Aguirre . Editorial Lengua de Trapo. Madrid. 200 páginas. 18.50 €.

Por Miguel Baquero.

Supongo que es característico de nuestros tiempos, y eso siempre es bueno literariamente. La fragmentación digo. Supongo que sirve para reflejar el espíritu de nuestros días. Antiguamente, en las novelas, antes que nada, el autor presentaba a los personajes, nos detallaba su carácter y sus medios de vida, y en el capítulo segundo nos describía el paisaje donde iba a sucederse la trama. Una vez ya todas las presentaciones hechas, y el ambiente delimitado, comenzaba entonces la acción. «Toda ficción intenta regresar a su principio, metáfora del hombre y su paraíso perdido, desea fervientemente volver al más perfecto de los ángulos ausentes: la hoja en blanco en la que comenzó». Entre estas formas nuevas y pasajes tan bellos, Electrónica para Clara contiene una historia, la de la degradación de Clara. En las páginas de la novela se intenta recorrer, a la inversa, el camino por el que Clara ha llegado a un estado casi catatónico, a causa de las drogas, seguramente, de los excesos de la fiesta, pero sobre todo a causa del amor. No es otra cosa que el amor lo que acaba flotando en torno a todas los sucesos de esta novela, lo que mueve al protagonista, que cuida de Clara en su estado ausente, lo que movió a Clara, que perdió la cabeza por Jacques, lo que mueve, a poco que se quiera profundizar, a todos los personajes que pululan por estas páginas. El amor, que en cada época se plasma de una manera distinta: antiguamente en versos y parpadeos, hoy en música electrónica y rayas de coca. Pero el viejo amor de siempre, al fin y al cabo, ese sentimiento tan difícil de expresar.

Electrónica para Clara es la novela ganadora del XV Premio Lengua de Trapo de Novela. Se trata de la primera obra de Guillermo Aguirre (Bilbao, 1984) y, según se destaca en la contraportada, fue escrita por el autor cuando contaba apenas con 22 años. Electrónica para Clara está escrita contra el fondo de la  música house, de los locales afterhours, de la fiesta que dura todo el fin de semana, y es tal vez por ello que los personajes de esta novela no se nos presentan a la luz del día y por riguroso orden de aparición, a la manera clásica, sino que aparecen, desaparecen, se muestran entre sombras, dicen apenas unas palabras y los volvemos a perder entre el resto de las figuras que danzan. En cierto modo, es como si hubiéramos entrado de repente en un templo de la música electrónica, en un garito en el que apenas si podemos entendernos con el ruido de la música. “Y esto –intento decirle al oído a alguien, entre el estruendo- me parece excelente, quiero decir: esta forma de narrar adaptada al mundo de que se habla, a las circunstancias de los personajes, a la prisa y el bullicio y los resplandores súbitos que inundan la sala”.

Hay, junto con esta forma de narrar transgresora –pero transgresora no de forma gratuita, sino para adaptarse a la naturaleza de lo que se está narrando, en lo que radica el riesgo de la novela y su verdadero mérito- hay, como digo, junto con esta manera peculiar de hacer avanzar la acción y hablar de los personajes, un feroz deseo en el autor de ser genuino, de no adaptarse a los lugares comunes, a las frases hechas, a las fórmulas novelísticas. Se advierte el deseo de levantar metáforas desde cero, algo que en ocasiones logra –en otras, como es lógico, no- pero que siempre es de agradecer en medio de un mundo poppy, de radio-fórmula y superventas.

Hay, en concreto, una manera alucinada de ver la ciudad donde transcurre la acción, Madrid, como una sucesión de islas y canales, como un paisaje costero y marítimo, como un lugar entre las aguas del que, en un determinado momento, surgen las formas de la ciudad de Berlín antes de la guerra. Esta ‘alucinación’, esta forma libérrima de enfrentarse a la ciudad, no puede por menos que ser literatura de muchos quilates. Insisto en que quizás todo sea cuestión de asumir riesgos, de lanzarse a la aventura de fabular y no contentarse con lo obvio.

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Una respuesta a Electrónica para Clara

  1. Los Cïrculos va a ser una de las grandes sorpresas literarias del año. Hacía mucho tiempo que no leía un libro tan sugerente.

    licans
    16 marzo 2010 at 16:04 pm

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