No te signifiques (14)

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Por Jorge Díaz.

–         Oye, esto de prohibir usar el preservativo… ¿De quién ha sido idea?

–          No sé, es una cosa de toda la vida. Ni me acuerdo de cuándo empezó.

–          ¿Y por qué lo hemos prohibido? Es decir, no es más que una bolsita de plástico, ¿no? Es como si prohibiéramos usar las bolsas de los supermercados.

–          De hecho las están prohibiendo. Ahora dicen que es mejor llevar las cosas directamente en el carrito, que el plástico no se degrada en siglos.

–          Sí, pero eso no tiene nada que ver con la religión. ¿A quién se le ocurrió que lo de los condones era pecado? Es que me parece una idea tonta.

–          No, si a mí también. Y la de problemas que nos ha traído, anda que no nos han insultado.

–          Con razón, nos critican con razón. A veces somos un poco cafres. No sé cómo aún nos hacen caso.

–          No te creas, no nos lo hacen mucho últimamente.

–          ¿No podríamos dar marcha atrás?

–          De hecho, eso es lo que recomendamos.

–          No, me refiero marcha atrás en la prohibición, no en el acto sexual.

–          ¿Reconocer que nos hemos equivocado?

–          Bueno, no sé si así de directo, quizá buscar la forma de hacerlo sin que se note. Lo que llevamos siglos haciendo, vaya.

–          Con lo que nos costó admitir que la tierra era redonda y que habíamos quemado a Galileo sin motivo… ¿Y nos lo han agradecido? Mejor no removerlo, los quemados, quemados están.

–          ¿Hemos quemado gente por lo de los condones?

–          Hemos quemado gente por cosas más tontas que esa. Buscando, buscando, encontramos un mártir, seguro.

–          Qué barbaridad. Y luego decimos de los del turbante… A mí me parece que deberíamos hacer un esfuerzo por derogar esta prohibición.

–          ¿Y dónde queda entonces la infalibilidad papal?

–          Eso no se lo cree ni él. No te digo nada la gente. Yo, además, no creo que la idea de prohibir los preservativos fuera del Papa, ni siquiera del polaco.

–          ¿Y de quién si no?

–          No sé, del que estuviera de guardia el día que preguntaron. Algún cardenal de esos extranjeros que no hablan muy bien italiano y no se enteran de lo que les preguntan. Total, si no entiendes la pregunta, lo más fácil es decir no.

–          ¿Entonces crees que hemos mantenido tantos años esta prohibición por dejadez?

–          Me da a mí que sí, por no hacerle un feo al que dijo que era pecado. Al fin y al cabo los preservativos son bastante útiles.

–          Sí que lo son, sí… Vaya movida ahora. ¿Y si decimos que la prohibición del preservativo no es una medida religiosa sino ecológica? Por lo del plástico.

–          No lo veo claro. No va a colar y los ecologistas tienen casi peor imagen que nosotros.

–          Pues esto no lo podemos decidir tú y yo, vamos a tener que hablarlo con el alemán…

–          Con lo mal que me cae… En fin, podemos proponerle que diga que los condones se pueden usar en algunos casos; por ejemplo, que lo usen las prostitutas para no contagiar de enfermedades a los clientes.

–          Se nos va a echar la sociedad encima, que son de un laicismo que asusta. Por no hablar de que también condenamos a las prostitutas.

–          ¿También? Es que somos unos intransigentes. ¿Y  si sacamos a la vez un tema que despiste un poco?

–          ¿Por ejemplo?

–          Algo del velo islámico, pedir que se lo pongan sólo las mujeres que quieran y que no obliguen a ninguna a hacerlo, o algo así. Vamos, que el jefe no se signifique mucho, sólo que despiste sobre lo otro.

–          Buena idea. ¿Quién se lo dice?

–          ¿Vamos juntos?

–          Si se enfada nos manda a misiones a África, que ya sabes el carácter que tiene.

–          Pues habrá que arriesgarse, ¿no? Si nos hace caso pensamos en cómo acabar con la prohibición de que nos casemos.

–          ¿Tú quieres casarte?

–          No, pero es que yo esto de que defendamos la familia siendo los únicos que no la tenemos, no termino de verlo.

–          Pues es verdad…

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