La risa y el humor como fenómenos humanos

Por Carlos Javier González Serrano.

Hace poco anunciábamos en Creación la salida de un completo e interesante libro editado por Quálea, Sobre el humor, de Simon Critchley; puedes encontrar, además, una amplia reseña en la sección de Pensamiento. La ciencia explica, grosso modo, que la risa es una reacción biológica -única en los humanos- a momentos o situaciones de humor, es decir, constituye la expresión externa de diversión. Critchley asegura que «el auténtico humor no perjudica a una víctima específica y siempre contiene una burla de nosotros mismos. El objeto de la risa es el sujeto que ríe». Y un poco más adelante: «La tarea crítica del humor no consiste, por tanto, en la mera malicia o el acuerdo, sino en fustigar los vicios que son generales, no personales». Lo común, el ámbito de “lo de todos”, lo que nos incumbe como hombres y mujeres es la condición de posibilidad y el caldo de cultivo de lo humorístico, y en última instancia, de la risa -aunque desde luego ésta no sea desatada por todo tipo de humor.

Escojo, de entre las muchísimas teorías sobre la risa existentes, un fragmento de El mundo como voluntad y representación de Schopenhauer: «Justamente, esa incongruencia entre el conocimiento intuitivo y el abstracto, merced a la cual éste se asemeja a aquél sólo como el mosaico a la pintura, es también el motivo de un fenómeno muy curioso que, al igual que la razón, es privativo de la naturaleza humana y del que los intentos por explicarlo se han mostrado insuficientes hasta la fecha; me refiero a la risa. […] La risa no se debe sino a la repentina percepción de una incongruencia entre un concepto y los objetos reales que habían sido pensados en algún tipo de relación gracias a dicho concepto, de suerte que la risa sólo es la expresión de tal incongruencia» (MVR I, § 13).

Coincidiendo con la tesis expuesta más arriba de Critchley (el humor ha de fundarse en lo común), Schopenhauer escribe en el segundo tomo de la obra mencionada (MVR II, 8 ) que «las relaciones sexuales proporcionan, incluso al ingenio más endeble, muy fácil material para bromear, como lo demuestra la profusión de chistes verdes, y no podría ser esto así si no fuera una de las cuestiones más hondamente serias». En este sentido explica Crichley en Sobre el humor: «Las incongruencias del humor hablan a favor de una congruencia sólida entre la estructura del chiste y la estructura social y en contra de esas estructuras, al mostrar que carecen de necesidad. El antirrito del chiste muestra con claridad la contingencia o arbitrariedad de los ritos sociales en los que participamos». Por su parte, Schopenhauer se mofa en diversas ocasiones de la manera tan peculiar en que los humanos intentamos no hablar de sexo, mientras que a la vez es aquello en lo que todos pensamos -y hemos de pensar- inexorablemente.

En definitiva, de la mano de Bergson en La risa: ensayo sobre la significación de lo cómico, «la risa debe responder a ciertos requisitos de la vida en común, debe tener una significación social».

Incluso a los impertérritos alemanes les pueden ocurrir estas cosas…

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