Luis Muñoz Díez conversa con Manuel Carballo sobre su película “La posesión de Emma Evans”

Manuel Carballo habla de su película

Tengo el agrado de hablar con Manuel Carballo, sentados en un acogedor rincón del vestíbulo del madrileño cine Verdi, en una fría mañana de diciembre del año que cuando lean la crónica de esta charla ya habrá acabado. He ido a ver La posesión de Emma Evans con cierto reparo -el título creo que ayuda poco-, pero tenía ganas de hablar con Manuel Carballo. Manuel, no me ha decepcionado y la película me ha sorprendido para bien. Carballo ha hecho un trabajo muy contenido, con un tema que entraña la dificultad de que se te vaya de las manos con mucha facilidad. Logrando una atmosfera más claustrofóbica que de terror,  a veces asfixiante.  Ayuda una fotografía de Javier Salmones, muy acertada, y el guión de David Muñoz es ágil y bien resuelto.

Manuel, ¿qué piensas que aporta de nuevo La posesión de Emma Evans? Es  un tema  que ya se ha abordado en varias películas.

Yo estoy un poco en desacuerdo con quien dice que es un género muy trillado. Cuando yo te puedo retar a que me digas cinco películas de exorcismo y no te salen. Creo que la película fundacional del género fue El exorcista, que tiene una sombra tan alargada y  poderosa que se mantiene incólume y a día de hoy parece un género en sí misma.

A raíz de El exorcista se rodaron secuelas, y en el cine español hubo un momento en que se hizo un subgénero muy peculiar, muy español. Se rodó mucho cine de terror: vampiros, hombres lobos, poseídos. Coincidiendo con otro fenómeno que se llamó “destape” donde el hombre lobo, el vampiro o el poseído corrían detrás de unas jóvenes neumáticas que en la huida se enredaban entre ramas y zarzales mientras escapaban de la bestia, iban perdiendo la ropa hasta llegar quedar semidesnudas o totalmente desnudas.

Bueno, sí, yo he visto mucho cine y el cine de terror se lleva haciendo toda la vida. Hay un Frankenstein del 1910 y unas vampiras de 1915. Las películas de género se  hacen desde los albores del cine. Sé lo que dices y no es por contradecirte, pero mucha gente joven me lo ha dicho y yo reto a toda esa gente a que me den títulos y sale  El exorcista, El exorcismo de Emily Rose y para de contar. Es que no hay más, y en España no se ha hecho ninguna película de exorcismo.

Sí que se ha hecho.

Bueno, sí, una de Paul Naschi

El cine español toco mucho, todo el tema gótico, vampiros, poseídos, hombres lobos… Cineastas como León Klimovski, Jesús Franco rozaron el tema, Jorge Grau o Vicente Aranda, pero sobre todo Klimouvski y Farnco tocaron el subgénero hasta con dignidad, dada la precariedad con la que rodaban. Era un cine de auténtica supervivencia, y dobles versiones que no voy a cometer el error de comparar con una película tan medida y con un buen acabado como es La posesión de Emma Evans.

Sí, esta película tiene empaque.

Sí que lo tiene, y momentos de gran belleza. Uno de ellos es ese cuarto bañado por una luz tan blanca que hiere, cuando arropan a esa madre quebrada, que viene de incinerar a su hijo. Esa secuencia tiene una hondura dramática en que la cámara  retrata la desazón y el silencio.

Muchas gracias, es todo un halago.

La película es algo más que la historia de una poseída, hay tensión una tensión latente en esa casa sembrada de desacuerdos e incómodos silencios.

Hay suficientes elementos que le dan empaque a la película, y sí es más que una película de miedo o una peli de exorcismo. Sobre todo, es un drama que retrata el derrumbe de una familia, en este caso por una posesión diabólica, pero podría haber sido por un cáncer, por drogas, por el paro…

No sé si son comparables esos ejemplos con algo tan fuerte como es una posesión diabólica…

Cualquiera de esas cosas que he mencionado puede destruir a una familia. Me estoy refiriendo a ese nivel, nosotros utilizamos el pretexto de la posesión, pero lo que más me interesaba era lo que sucede cuando algo inesperado acosa a una familia y cómo reaccionan los que la forman. Eso era lo que me interesaba de la historia realmente. Es un drama familiar shakesperiano en que todo es muy cerrado, muy claustrofóbico, en el que la madre no deja ir al colegio a los hijos y los educan en casa. El cura es el tío, los amigos de ella son sus primos. Es todo muy endogámico y todo es tan claustrofóbico, tan opresivo que sirve como metáfora de la sociedad.

Dicho sea con todos mis respetos, pero la Emma Evans–la chica- hasta que es poseída es una santa, y muy dócil. A cualquier chica de su edad le pones tantas cortapisas y se escapa por la ventana.

Sí, pero precisamente mi intención era mirar ese microcosmos social, básicamente aplicar una lente de aumento a esa familia. Una especie de experimento controlado, como hace la madre con sus hijos. La madre hace un experimento con sus hijos educándolos en casa, y nosotros queríamos hacer también un experimento controlado, y nos dijimos: vamos a meter en esa casa un elemento irracional. Un elemento que disgregue todo, y a partir de esa fisura que  se crea retratar un poco el derrumbe al que se ve obligada la familia. La fragilidad de esta institución es la que nos permite hablar de una serie de cosas como son la lucha generacional o el poder opresivo de la familia.

Te entiendo perfectamente, pero para retratar la fragilidad de la institución familiar con una posesión más que una fisura provocáis una falla geológica. Pero lo cierto es que lo consigues.

Gracias, esa era la intención

La película está rodada en inglés y habéis rodado en Inglaterra.

Los exteriores sí, pero el grueso de la película está rodado en Barcelona. La película nace con una vocación internacional evidente, y por desgracia si quieres tener acceso a determinado mercado te limita mucho si ruedas en español, por lo que desde un principio pensamos rodar en inglés con vistas a una venta internacional, y el rodar en inglés nos ha permitido contar con grandes actores, con rostros desconocidos para el espectador español, y el que los rostros no fueran conocidos era muy importante para afrontar de una forma creíble un tema que no se suele abordar en el cine español. La tesitura no dejaba otra solución.

Se le ve muy satisfecho a Manuel Carballo con su película. Está contento y se le nota. Cuando te sientes orgulloso de algo es difícil de ocultar. La charla, como digo en la cabecera, la hemos mantenido en el cine Verdi. A mí me gusta hablar de Cine en los cines, porque a mí me gusta ir al cine y le comento a Manuel que estoy en campaña permanente para que la gente vuelva a las salas, se ríe y me anima para que continúe con mi quijotesca causa. Pablo Álvarez, fotógrafo y complemento  fundamental de mis conversaciones con gente de Cine, nos retrata en la escalera de una de las salas, con el pulgar levantado en un optimista brindis al sol  por la salud del Cine.

Luis conversando con Manuel en el Cine Verdi

Fotografía de Pablo Álvarez.

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