Documenta Madrid ’11

Ciclo de cine palestino

 

Por Benito Garrido

 

 

Visitar el Centro de Creación Matadero Madrid puede ser la excusa. Disfrutar de una templada tarde de paseo para llegar a estas cada vez más sorprendentes instalaciones puede ser una buena motivación. Aprovechar el tiempo para asistir a algún montaje artístico puede incluso alentar el día. Pero la verdadera causa y razón que debería empujarnos estos días hasta el Matadero, es el ciclo de cine documental palestino que se está realizando allí. Está emplazado dentro de la sección informativa del Documenta Madrid, y utiliza la nueva sala “Taller” del centro.

Bajo un epígrafe tan ilustrativo como “Palestina, tierra y pueblo en el siglo XXI” se han programado una serie de documentales que pretenden tanto dar a conocer la riqueza cultural palestina, como involucrarnos en el conflicto árabe-israelí.

 

En concreto este pasado miércoles, las proyecciones que normalmente se inician a las 19:00 h, se centraron sobre todo en el conflicto bélico que sufre la zona.  Pudimos ver tres documentales: “Las puertas están abiertas. ¡A veces!” de Liana Badr (2006), “Tiempo de noticias” de Azza el-Hassan (2001) y “Un verano para no olvidar” de Carol Mansour ( 2007). En ellos se refleja como la ocupación israelí ha hecho de la opresión y lucha palestina algo habitual en la vida de los ocupados. Así, y por ese orden, pudimos advertir como los controles se convierten en muros que obstaculizan la actividad diaria, como se vive con la amenaza continua de los bombardeos en una ciudad como Ramallah, o como el verano del 2006 se convirtió en una crónica negra de muerte y destrucción en el sur del Líbano.

 

No solo se trata de remover conciencias, sino de acercarnos aún más a una realidad que a fuerza de repetida en todos los medios ya se nos ha hecho rutinaria, de hacernos ser consecuentes con lo que por otra lado, quizás no queramos ver. Si además nos atenemos a la lejanía del conflicto y al silencio gubernamental que rodea esta invasión, jamás podremos identificarnos con un pueblo que busca su lugar en la historia, que intenta salir de esa condición de refugiado al que le han sumido determinados poderes políticos, económicos y religiosos. Poderes que seguramente muchos de los ciudadanos de a pie jamás podamos plantearnos entender.

 

Este ciclo puede llegar a ser una de esas duras experiencia de las que siempre se aprende. Es bueno olvidarnos por un momento de nuestros pequeños o grandes problemas, y ser capaces de vivir otras realidades, otros mundos, que no por lejanos dejan de ser tristes y dolorosos. O ponerte en la piel de ese chaval que tira piedras contra los carros de combate, que no tiene sueños ni aspiraciones, y que no sabe qué será de mayor porque no está seguro si llegará a serlo.

Por otro lado, también podemos cerrar los ojos, pensar que siempre hay alguien que esta peor, y que ya es bastante carga que el despertador suene cada mañana. Depende de cada uno.

 

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