El Irán de Asghar Farhadi a través de la separación de Nader y Simin

Por Gonzalo Suárez López.

 

 

De todos los festivales de primer nivel de este 2011, la Berlinale fue el único cuyo palmarés cumplió con los pronósticos. A falta de grandes nombres en una selección oficial a priori bastante gris, la máxima expectación recayó en dos documentales en 3D fuera de concurso La cueva de los sueños olvidados (2011), de Werner Herzog, y Pina (2011), de Wim Wenders, recientemente estrenada en España y reseñada en esta revista―, mientras que las apuestas por el Oso de oro se las repartían el húngaro Béla Tarr, con su “última película”, la apocalíptica The Turin Horse (2011), a la postre ganadora del Oso de plata, y Asghar Farhadi, representante del cine iraní en Berlín en unos meses en los que la abominable noticia del encarcelamiento de Jafar Panahi por seis años y la prohibición de realizar su oficio de director durante otros veinte encendió las iras del universo del celuloide ―que ahora exprime This is not a film (2011), realizada por Panahi tras apelar la sentencia judicial―.


Pues bien, como ya sabemos, los pronósticos se cumplieron: Nader y Simin, una separación (2011) se llevó el máximo galardón del certamen alemán; pero no nos engañemos: en este caso el oportunismo no ha lugar, ni para este ni para los otros premios que ganó la cinta iraní. Ni siquiera habría cabido objeción alguna, si lo hubiera ganado, por el galardón al mejor guión ―que recayó finalmente en Joshua Marston y Andamion Murataj por la estupenda The Forgiveness Of Blood (2011)―; porque Una separación (2011) basa todo su potencial emocional en un guión que cuenta el drama familiar que viven un matrimonio y su hija a raíz de que al padre del marido le diagnostiquen un cáncer, razón por la cual Nader abandona la idea de dejar el país con su familia, lo que a su vez motiva a Simin a pedir el divorcio.


A partir de esta premisa se desarrolla una historia en la que se transmite sin fisuras cada una de las frustraciones de un elenco liderado por Peyman Moaadi y Sarina Farhadi (hija del director), quienes dan vida en la pantalla a un matrimonio en vías de separación que habrá de enfrentarse, judicial y personalmente, a la familia que encarnan Shahab Hosseini y Sareh Bayat a raíz de un incidente de apariencia banal en torno al cual se desenrolla el hilo conductor de la trama.

 

El extraordinario trabajo conjunto de todo el reparto valió los Osos de plata a las mejores interpretaciones masculina y femenina.

 

Asghar Farhadi, consciente de la visión sesgada que tenemos los occidentales de la realidad de Irán, cuenta con el mayor realismo posible su historia ―nacida, precisamente, en una habitación de Berlín [probablemente cuando presentó A propósito de Elly (2009), por la que fue nombrado mejor director], cuando oyó una canción iraní en la alcoba de al lado y no pudo librarse de los recuerdos y las imágenes que lo asaltaron―. El contexto social de la película carece ―no obstante― de dimensiones históricas, lo que forma parte de la intención de proyectar la cinta hacia un público internacional sin que se vea afectado su mensaje ni se comprometa la evidencia de que Nader y Simin son ciudadanos de clase media del Irán actual. Farhadi, en cambio, se aleja (¿motu proprio? ¿obligado?) de todo argumento político o moral y deja que sus personajes, orgullosos, humanos, contradictorios, auténticos, dialoguen, discutan, manipulen y luchen con una complejidad y un realismo inusitados en el cine actual.


La intimista fotografía de Mahmood Kalari y el ágil montaje de Hayedeh Safiyari canalizan el conflicto entre familias ―y clases―, otorgando ritmo y tensión a las alternativas morales que el guión va desprendiendo con cada secuencia. Las dos horas que dura aproximadamente Nader y Simin, una separación (2011) se convierten, así, en un inteligente caldo de cultivo que desafía los prejuicios del espectador y, apoyándose en la emocionante y magistral secuencia final, termina por sumirlo en una reflexión moral y social profunda y necesaria.

 

 

Nader y Simin, una separación (2011) se estrenó en España el pasado 7 de octubre de 2011.

 

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