La maleta olvidada de Hank Williams

 

Por Javier Franco.

Maestro de la música popular, a Bob Dylan siempre se le ha considerado como un revolucionario de su tiempo gracias a su constante capacidad para renovarse a pesar de llevar más de medio siglo en esto de la música. No obstante, como todo artista que se precie, supo recoger parte de la tradición que se encontró por el camino cuando todavía era un compositor desconocido para las grandes masas. Si en sus comienzos se le tomó como un simple imitador del estilo de Woody Guthrie, lo cierto es que el de Duluth siempre tuvo un don especial para absorber todos los sonidos que se iba encontrando por la carretera. De este modo, pudo crear un cancionero que no sólo bebía del folk, como pudiera parecer a simple vista, sino que tomaba prestado sus raíces de géneros como el blues rural o el rock primigenio.

Sin embargo, si hay una rama de la música norteamericana que ha terminado haciendo mella en Dylan esa ha sido sin duda el country. Con los años el cantante llegaría a conocer a grandes estrellas del género como el mismísimo Johnny Cash, al que le uniría una gran amistad. Una educación musical que se completaría con otro de los artistas imprescindibles del country, Hank Williams. Y ello a pesar de que el de Alabama había muerto años antes de que Dylan siquiera hubiera realizado su primera grabación. Encontrado en el asiento trasero de un cadillac el día de Año Nuevo de 1953, Williams fallecía a los 29 años, dejando atrás una historia de alcohol y carretera lista para ser convertida en mito de la música popular.

Precisamente en este último viaje entre Ohio y North Carolina, el maestro del country llevaba consigo, como era su costumbre, una maleta de cuero con cuadernos y anotaciones que, más tarde, se convertirían en sus composiciones. Un puñado de letras nunca finalizadas y que acabarían convirtiéndose en objeto de culto para los seguidores de la obra de Williams. En total, 66 canciones y varios cuadernos custodiados durante décadas por Acuff-Rose, sello propietario de los derechos de las canciones de Hank. Hasta que hace unos años la multinacional Sony compra el sello y, con ello, las composiciones olvidadas desde ese fatídico día de Año Nuevo de 1953.

Conscientes de que tenían entre manos un auténtico tesoro, los ejecutivos de la compañía decidieron dar una salida más que digna al cancionero olvidado de Williams. Tras varios intentos fallidos, los cuadernos irían a parar a las manos de Dylan que, nada mas hojearlos, supo que allí había una auténtico filón inexplorado. La fuerza de las letras de un Hank al borde de la muerte merecían una segunda oportunidad. Y Dylan, uno de los alumnos más aventajados del maestro del country, parecía el más indicado.

 

 

En un primer momento el de Minessota pensó en producir un disco entero bajo su firma con varias de las composiciones descubiertas. En el fondo no era algo descabellado. Hace apenas unos años el cantante folk Billy Bragg había hecho lo propio con varias canciones inéditas de Woody Guthrie, ayudándose en esta ocasión de la banda de Chicago Wilco. El resultado llevaría por nombre Mermaid Avenue, y alcanzaría tal éxito entre los seguidores de los sonidos de raíces, que dos años después tendría su continuación con un segundo volumen de canciones. Sin embargo, en el caso de Dylan, el tiempo pondría sobre la mesa la posibilidad de crear un disco coral en el que grandes artistas norteamericanos pudieran rendir tributo a uno de sus mayores maestros en el arte del country.

Así, la primera en unirse al proyecto fue Holly Williams, nieta del célebre compositor y joven promesa de la música norteamericana. Cubierta la cuota familiar, la lista de colaboradores comenzó a agrandarse con nombres como Lucinda Williams, Levon Helm, Norah Jones, Jack White y hasta el hijo del propio Dylan, Jakob. Todos ellos con un estilo propio dentro de la americana actual, pero con un denominador común: su fuerte admiración hacia la obra de Hank Williams. Basta oír esa primera interpretación de “You’ve Been Lonesome Too” por parte de Alan Jackson para ver que si hay algo que destaca en este The Lost Notebooks of Hank Williams es el amor por el country clásico, por esos sonidos que tienen su cuna en la viejos estudios de Nashville y que viajaron por todo los estados del sur de América allá por los años 30 y 40, cuando todavía recibían el nombre de “hillbilly songs”.

El propio Dylan se encarga de transformar “The Love That Faded”en un alegre honky-tonk, que contrasta con la voz cavernosa del bardo. Justo al contrario que en el caso de Levon Helm, que con su estilo siempre vivo a la batería convierte “You’ll Never Again Be Mine” en una auténtica fiesta de la música americana, como ya hiciera con sus dos últimos discos, Dirt Farmer y Electric Dirt. Así, son las voces femeninas las encargadas de poner el contrapunto agridulce. Norah Jones se acerca en “How Many Times Have You Broken My Heart” al sonido de Gilliam Welch, mientras que Lucinda Williams pasa por el tamiz folk “I’m So Happy I Found You”, una canción interpretada a solas con su guitarra y su voz. Aunque quizás la que hace una versión más sentida de su tema sea la nieta del homenajeado. Si la paternidad de The Lost Notes Of Hank Williams se le puede adjudicar al bueno de Dylan, sin duda la maternidad corresponde a Holly Williams, que escoge una composición clásica de su abuelo -con el bello título de “Blue Is My Heart”- y la convierte en una balada que penetra de lleno en el alma del oyente.

Como afirma Michael McCall de la Country Music Hall of Fame and Museum: “La historia de los cuadernos perdidos de Hank es tan compleja como su propia leyenda. Y al final, lo que más importa son las canciones […]. Estas nuevas grabaciones penetran en el alma del hombre. Esto es componer canciones desde su perspectiva más artística y poderosa.” Como un auténtico arqueólogo, Dylan -y compañía- desempolvan el legado de ese joven compositor que recorrió el sur de los Estados Unidos con su maleta y su guitarra, hasta que la muerte le sorprendió en la carretera. Un tesoro sonoro que ahora llega hasta nuestros días con toda la fuerza de un Hank Williams que aún hoy sigue siendo maestro de muchos en el viejo y simple oficio de cantar canciones.

Escucha el disco al completo en Spotify: The Lost Notebooks of Hank Williams

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