A veces el alma duele

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Por Alfredo Llopico

 

 

Nada es tan triste como el recuerdo del dolor vivido en el pasado. Aunque no lo parezca siempre nos acompaña y acaba por formar parte de lo que somos, porque nunca logramos dejarlo atrás. Es lo que ocurre en “El hijo del legionario” (edicions del Bullent), la que podríamos calificar como autobiografía gráfica, diario íntimo, del artista talaverano Aitor Saraiba, donde nos cautiva, cual niño grande, con sus dibujos e historias de trazos infantiles repletos de supuesta inocencia, candidez, ternura e ingenuidad, aunque también incisivos y dolientes, y en los que nada se esconde. Probablemente por eso conectan rápidamente con nosotros y nos conducen a un estado de risueña melancolía.

 

 

 Un viaje físico, pero también interior y emocional, de crecimiento, en busca de las raíces. Una historia sobre el desarraigo afectivo, el destierro social “auto impuesto” y la desconexión con el entorno durante la infancia y adolescencia. Para ello, a partir del análisis de las difíciles relaciones familiares con sus padres, divorciados cuando tenía un año, surge este libro, que supone un regreso a su infancia en Talavera de la Reina, después de haber recorrido otros países y continentes. Así culmina la relación del autor con un padre que estuvo “lejos” y al que, ya de adulto, intenta comprender y llega a perdonar. De este modo y tras realizar un ejercicio de profunda y conmovedora exhibición sentimental, en el que descubre sus pensamientos y sus obsesiones, sus sueños y sus pesadillas, sus deseos y sus miedos, logra cerrar ese círculo, hacer las paces con sus raíces e intenta entender las cosas que pasaron en su infancia.

 

 

Un libro de la aventura de vivir y de la fortaleza para tomar determinadas decisiones que no admiten vuelta atrás en la vida; del descubrimiento de la amistad verdadera y la paulatina revelación amorosa. Un libro sincero y valiente que enternece y hiere a partes iguales en el que es fácil involucrarse y verse reflejado, porque es inevitable no acabar convertido en uno de los personajes que lo conforman porque el amor, la soledad, el dolor y la felicidad siguen siendo sentimientos comunes a todos nosotros. Un libro también para los que tienen fuego dentro y viven y mueren por la poesía.

 

 

Hace tiempo Saraiba compuso un trabajo para que a su madre le dejara de doler la cabeza. «Mi abuela rezaba, y yo hago dibujos», afirma. Pues eso, un libro que, en definitiva, todo lo logra curar con sencillez.

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