Pistoletto y sus espejos-vientre

 

 Por María Fraile Yunta.

 
Galería Elvira González

C/General Castaños nº 3 Madrid

Hasta el 18 de Mayo

 
  

Se recorta esa silueta negra sobre un fondo dorado, conformando la figura de un hombre de frente en traje de chaqueta. Podría ser un icono porqué no. De esos que antaño su padre restaurara en Biella. Pero no hay manos. Tampoco rostro. ¡Y qué más da! Parece Pistoletto. Pero podría ser cualquiera. Yo misma. Tú mismo. Él mismo. Cualquiera en tanto que cualquiera podría esconder su rostro tras ese borrón de color oro. Pero también toparse de bruces con su propio reflejo. Lo explicaré…

 

Michelangelo Pistoletto. Autoritratto Oro, 1960

 “Cuando descubrí el arte contemporáneo la jaula se rompió”, decía… ¿Y qué jaula? ¿Aquella que cuando iba a la escuela le apresaba bajo un uniforme de soldado fascista -como al resto de sus compañeros-? Podría ser. “Ahí está el problema”, sostenía… “Believe, Obey and Fight”: Cree a ciegas. Obedece de igual forma. Combate… -recordaba-. Europa estaba en guerra. Mussolini al poder de Italia…

 

 
 Y ahora se entiende. Decíamos “… pero también a toparse de bruces con su propio reflejo…”. ¡Claro! Cualquiera podría esconder su rostro tras ese borrón dorado. Pero también recorrer uno de esos laberintos y encontrar “la guarida del monstruo”. Sí, de ese que yo, tú y él, y el otro y el otro y el otro llevamos dentro. ¿Cuál es el camino? Suenan las trompetas. Llegamos al final. Yo frente al espejo. Sólo yo puedo decidir. Sólo yo puedo juzgarme.
 

 

Michelangelo Pistoletto. Gambe, uomo e donna, 2007

Sólo yo cuento, en tanto ser humano libre, frente a esas `Specchio pittura´ de Pistoletto: en extremo humanistas. Tal cual democráticas -a no ser que el gobierno de uno mismo se convierta en otra forma de tiranía-. Y es que frente a esos espejos no hay poder -ni político ni religioso-. Mucho menos jerarquías. La jaula se ha roto. Pero sólo para llevar al extremo aquello que la tradición italiana -su propia tradición- puso en marcha tiempo atrás: No nos olvidemos de Dios pero fijemos los ojos en la Tierra. Pongamos la mirada en el hombre -aunque en este caso cualquier forma de Dios haya dejado de existir y en el siglo XV aún estuviera lejos de hacerlo-.

 

Recorramos `Lo specchio del giudizio´-hemos hablado de esta obra-, para ser conscientes de ello. Postrémonos frente a ese monumento con forma de obelisco -o de falo-, que se hallaba en el centro. Recubierto de espejos no hacía más que honrar a aquel -o a aquellos- que se reflejaban en el mismo. El falo masculino y el vientre femenino: de él emerge una nueva humanidad…  

 

Michelangelo Pistoletto. Lampada. 2008.

Acudamos a la Galería Elvira González y comprobemos cómo esas extremidades de ´Gambe uomo e donna´ podrían ser las de uno mismo. Esas bombillas de `Ragazza che fotografía´ podrían ser cambiadas de igual forma. De esas perchas de ´Porta Abiti´ podría colgar su ropa cualquiera…

 

Porque esa ropa ya no entiende de uniformes, de insignias o de hábitos. Ni siquiera de trajes de chaqueta negros. El rostro se ha borrado del icono. Ya no hay nadie en quien creer. Tampoco a quien obedecer. Mucho menos por quien abrir fuego. El oro se ha tornado espejo. El rostro en el de cualquiera. Crucemos el laberinto. Hallemos la guarida del monstruo y dejémosle partir. “Believe, Obey and Fight”, pero por una nueva humanidad.

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