Genios al borde del abismo

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Se ha escrito mucho sobre locura y literatura, más allá, entre la frontera sutil y fragmentada que segrega la locura del genio. Desde hace muchas décadas los más brillantes psiquiatras han elaborado estudios sobre muchos artistas, literatos, músicos, que bien se sabía no andaban en sus trece, pero que restó como un enigma aún no dilucidado es si la locura precede al genio o a la inversa. Un servidor, tan inclinado a lo concreto (quizá lo concreto me crea una redención salvífica frente al infinito, tan moroso) deja estos casos cataclismáticos y desazonantes, casi todos víctimas de sí mismos, que por exorcizar sus fantasmas, usaban la pluma como utillaje:

 STRINDBERG, las pasó canutas el hombre, digamos que su vida en sí fue un verdadero calvario, un-ser-para-la-muerte que hubiera rubricado Heidegger, pero es que los genios parecen compartir ese tamo de locura que les orea en lugar de flores en la primavera, es la obsesión por el yo y por la muerte, ecuación no dilucidada aún que provoca un rebato de “el asunto es lo inmortal”; “Inferno”, su mejor obra para mí, descubre mundos interiores rayanos en el colapso, que sin una autoría incitada por la enajenación no hubiera sido posible nunca.

  

JEAN ARTHUR RIMBAUD, Je suis un autre, hete ahí el emblema/verso que reconoce su primera dualidad, la fractura esencial del yo: ¿de dónde parten sus primeros versos?, cómo es posible que un niño, ya algo adolescente pueda escribir y sentir lo que este jovencito deja grabado a tan temprana edad. No se puede explicar sin la locura, la locura expiatoria, de médium, como un mesias laico que ejercitase su palabra con el mundo; las Iluminaciones están más allá de lo que su título alcanza, son extenuaciones en sí, asimismo “El barco ebrio”, o “Una temporada en el infierno”. Jean Arthur acabó mal como se sabe; quiso salvarse en el infierno que ya había vivido, nadie sabe realmente, ni nadie sabrá jamás lo que pasó por la mente de Rimbaud, cuando huyera a  Etiopía decidiera entregarse al contrabando de armas y esclavos. Más tarde, cuando ya tardíamente, gracias a Verlaine, le llegase el éxito, algún intelectual francés le encontrara y comunicase el gran éxito en el país galo, el respondería con desdén con sólo veinticuatro años. “¿Poesía?, puajj, enjuagaduras del pasado”.

  ANTONIN ARTAUD.

Dice Artaud:
 “¿Qué se entiende por Auténtico Alienado? Es un Hombre que prefiere volverse loco antes que traicionar una idea superior del honor humano. En el alienado hay un genio incomprendido que cobija en la mente una idea que produce pavor, y que sólo puede encontrar en el delirio un escape a las opresiones que le prepara la vida.”

 Sólo con ver su cara uno descubre que algo hay ahí que no va, que no funciona, y que a la vez es genial, yo veo un rostro que quisiera estar en fuga con la existencia. Un pesar tan profundo, tan abismal, que no podría uno comprender que un hombre cargara con tamaño dolor. Artaud, como se sabe, busca a través de su movimiento “El teatro de la Crueldad”, un acercamiento a la realidad a través del dolor, como si la realidad no se hubiese manifestado con el simple y complicado existir que es por sí un manantial de sufrimiento, y que es peor cuando a uno le pillan confiado…no sé, pero a mí, esa mirada me recuerda mucho a la de Leopoldo María Panero…

 GUY DE MAUPASSANT

Acabó sus días en un manicomio; quizá su vida fue un tránsito perenne por los pasadizos de la locura, y bien es sabido que por causas clínicas: una sífilis heredada de su padre. Yo creo que este escritor maldito heredó un pecado nada original de un padre disoluto y violento, y no me refiero a los estragos neuronales padecidos por la terrible sífilis sino a los estragos mentales padecidos por la incomprensión de un padre egoísta y timorato; súmenle a ello que su madre era una neurótica empedernida, y la sífilis, sin duda, lo tuvo fácil para completar el resto y garantizar un Hades doméstico y febril, un pequeño infierno que al bueno de Guy le impelió a agotarse huyendo de sí mismo a través de la única fuga que puede evadirte de éste mundo: la concepción del arte, el misterio de la palabra, la creación pavorosa de la literatura.

  

F. DOSTOYESKY,

Su locura le condenó a una búsqueda sistemática de Dios, la inmortalidad del alma, y la razón de la existencia desde un punto de vista humanista y desde un punto de vista cristiano; ello se ve diáfanamente, sin arcanos, en obras como “El idiota”, “Los hermanos Karamazov”, “Pobres Gentes”, “Crimen y castigo”, parece que el buen hombre, epiléptico, algo esquizofrénico y psicótico sólo escribiera obras maestras; es importante tener en cuenta que su obsesión por Dios en el Proprium humano le animó inicialmente a escribir una magna obra, “Sobre el ateísmo”, la cual finalmente quedó fragmentada en numerosas obras, amén de las señaladas; me recuerda un poco a Schubert en ese sentido, incluso a Nietszche; cómo es posible que de un crisol donde sólo ebulle dolor, pueda instilarse dicha magia, universal, verdadera, eterna, dilucidadora, definitiva.

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