Halil Altindere

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Por Mario S. Arsenal.

 

Halil Altindere

CA2M

Centro de Arte Dos de Mayo

Avda. Constitución, 23, 28931 (Móstoles)

Entrada gratuita

 

Es gratificante toparse, en un lugar periférico como es el CA2M de Móstoles, con propuestas tan revitalizantes, tan oportunas y tan sugestivas. Su incipiente labor museológica se está revistiendo, si no se ha revestido ya, de una celebridad sin parangón. Nos referimos a exposiciones como la monográfica dedicada al artista turco Halil Altindere (Mardin, 1971), comisariada por un gran profesional como Ferran Barenblit que nos ha cautivado con su savoir fare, y que se podrá visitar hasta el 3 de junio.

 

Inaugurada en el mes de febrero en plena vorágine ferial madrileña, la propuesta vino a enriquecer, si bien parcialmente, el pabellón de Turquía de ARCO 2013 mostrándonos a un sólo artista individual, pero en profundidad. La suerte –si puede decirse así– es que una vez pasada la fiebre tanto de galeristas como coleccionistas, el arte queda en manos de su verdadero valedor: el espectador, sin el cual ninguna obra tendría sentido.

 

Mobese 2011

Altindere es sugerente por muchos motivos, pero antes debemos recalar en el discurso de fondo, en el contexto epistemológico de lo supuesto, en el cómo están las cosas y cómo el artista las percibe. En este sentido, una cosa, quizás la primera de todas ellas para comprender la práctica totalidad del arte actual, es importante tenerla en cuenta: las grandes narraciones ya no son posibles, o al menos no sólo una. Desde este punto de partida valoraremos más finamente la obra de este artista turco, quien con dos fotografías –por usar un ejemplo– epitomiza este dilema. Son, por un lado My mother likes pop-art, because pop-art is colorful, y por otro My mother likes Fluxus, because Fluxus is anti-art, ambas tomadas en 1998. La madre del artista aparece sentada, con las piernas cruzadas y sosteniendo su correspondiente libro. Tanto el Pop como Fluxus eclosionaron a finales de la década de 1950, y ambos también encarnaron la certeza de que en el mundo no existían (hablando de cultura) más que los planteamientos occidentales con sus diferentes aliados periféricos. Así y todo, cuando EEUU y Rusia mostraron sus cartas, cada cual operó a su manera. A los americanos contrarrestaron el socialismo soviético con el confort. Todo estaba plagado de electrodomésticos, pero de la libertad ni rastro. Ése era el plan. Y cuando nosotros nos referimos a que los grandes relatos ya no son posibles, podríamos remitir a la célebre escena de La pluie (Marcel Broodthaers, 1969) en la que el propio director aparece bajo la lluvia intentando escribir un texto y ve cómo el agua hace imposible la empresa al llevarse las palabras a medida que escribe. Conclusión: nadie puede decir quién sí y quién no escribe la historia del arte. Altindere, de este modo, se enfrenta a la visión de Occidente colocándonos a una mujer kurda, aislada en lo más remoto de la civilización occidental y sin conciencia alguna de trascendentalidad, que maneja los elementos suficientes para elaborar un discurso artístico y contemporáneo.

 

First Lady 2010

También ambos movimientos son fundamentales para comprender la obra de nuestro artista. Y a pesar de que lo pop es algo casi sobreentendido ya que está en todos los elementos extraídos del imaginario visual tradicional (valga como ejemplo su documento de identidad en el que opera un proceso de manipulación a semejanza de Campbell’s Soup de Warhol), el ingrediente fluxus se impone de manera determinante en la obra de Altindere, con una carga más crítica y sugestiva. En esta línea, tenemos obras como la acción titulada Miss Turkey (2005), un vídeo de seis minutos en el que se lleva a cabo, entre otras cosas, la más impactante, el secuestro en mitad de Estambul del celebérrimo retrato del sultán Mehmet II pintado por Gentile Bellini. No hay muestra más ilustrativa que ésta última para ver el carácter autodestructivo del que se nutre en ocasiones Altindere. O Das Kapital (2009), en la que vemos una pistola semiautomática en el interior del libro de Karl Marx, recortadas sus páginas a la medida del arma, como una crítica feroz a la economía en general. El artista se sirve básicamente de la fotografía para fijar su concepto de la gramática artística y exponer así su propia teoría del arte, que no es otra que la de avivar la llama de una conciencia crítica. Nada nuevo si no fuera porque él nos recita desde el lado oriental de esa vieja Europa que, consumida en sus estereotipos, ha caminado cerrando los ojos aniquilando la visibilidad de una gran parte del arte existente. Ahí adivinamos la más cruenta crítica de Altindere al arte occidental, muy bien expuesta en Hard & Light (1999) o Mobese (2011), a pesar de haber tenido que aceptar las reglas de su juego para lograr visibilidad.

 

Das Kapital 2009

 

 

Interesante también por la siempre latente peculiaridad de tratar los tabúes sociales, la cuestión de género, la sexualidad, con esos modelos que remiten al travestismo de manera inequívoca para generar una deliberada confusión en el espectador. Una muestra de esta faceta serían los retratos individuales Miss Understood (2010) o Nurse (2011), obras que no se recogen en el CA2M pero que pudimos contemplar en ARCO. Y podríamos estar hablándoles mucho más largo sobre lo infinitamente atractivo que resulta este artista, pero para ello tienen a su disposición el catálogo de la muestra, un magnífico artefacto con textos del mismo Barenblit, Charles Esche, Burak Arikan, Nuria Enguita y un encuentro con el artista en Estambul en diciembre del año pasado recogido por su compatriota Vasif Kortun; y lo más importante, por encima de otro documento está su obra. Asimismo se puede visitar el blog personal del artista donde hay una gran parte de las obras que no se encuentran en la exposición.

 

Querríamos agradecer desde aquí esta labor tan elogiosa que llevan desempeñando los responsables del Centro de Arte Dos de Mayo desde hace unos años, por empujar al compromiso con el arte para intentar superar la mala situación que todos estamos atravesando en mayor o menor grado, y por ofrecer alternativas que suponen un oasis en mitad de este desierto. Ahora sólo queda pasarse por Móstoles con hambre de cultura. No se lo pierdan, tan sólo el trayecto merece la pena.

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