Marian Izaguirre presenta “La vida cuando era nuestra”

 

La vida cuando era nuestra (Editorial Lumen, 2013) es la última novela de la escritora bilbaína  Marian Izaguirre. Licenciada en ciencias de la información, ha desarrollado tareas en el campo del periodismo y la publicidad, al mismo tiempo que se dedicaba a la literatura. Veinte años escribiendo han posibilitado una colección de cuentos y varias novelas: La vida elíptica (1993),  El ópalo y la serpiente (1996), Nadie es la patria ni siquiera el tiempo (2000), La Bolivia (2003), El león dormido (2005) y La parte de los ángeles (2011). Reconocida con galardones como el premio Sésamo, el Andalucía o el Ateneo-ciudad de Valladolid, entre otros, la autora vuelve a atrapar al lector ahora con su más reciente publicación, La vida cuando era nuestra.

 

La vida cuando era nuestra, de Marian Izaguirre.

La vida cuando era nuestra, de Marian Izaguirre.

«Añoro la vida cuando era nuestra», comenta Lola mientras trastea en la cocina de su casa. Esa vida, que era tan suya y tan llena de ilusión, antes estaba hecha de libros, charlas de café, y de proyectos para construir un país que aprendía paso a paso las reglas de la democracia. Pero llegó un día de 1936 en que vivir se convirtió en puro resistir, y ahora, quince años después, de todo aquello solo queda una pequeña tienda, una librería de viejo medio escondida en uno de los viejos barrios de Madrid, donde Lola y Matías, su marido, acuden cada mañana para vender novelitas románticas, clásicos olvidados y lápices de colores. Es aquí donde una tarde de 1951 Lola conocerá a Alice, una mujer que ha encontrado en los libros su razón de vivir.

 

La vida cuando era nuestra. Marian Izaguirre. Editorial Lumen, 2013. 416 páginas. 19,90 €

 

Marian Izaguirre: “Hay veces que los libros nacen con un recuerdo, este nació con una anécdota que alguien me contó en una feria del libro, la de un librero en el Londres de los años 30, que para hacer marketing, ponía un libro en el escaparate y cada día le pasaba dos páginas. Debatiendo sobre los antiguos sistemas de publicidad, la historia quedó en mi cabeza como una buena idea para una novela… y aquí está. También me parecía una forma magnífica de provocar al lector para que se acercase al libro”.

Incluso antes de publicarse en España y ver la reacción de los lectores, el libro ya  tiene vendidos los derechos a otras editoriales en diversos países. “No sé por qué la novela ha suscitado este gran interés. Me dicen que habitualmente eso es algo difícil, pero ahí está”.

Esta es una novela de grandes pero contenidas emociones más que de acontecimientos, que prefiere bucear en la condición humana del personaje antes que en los hechos. “Los hechos me sirven como escenario, tanto en el espacial como en el escenario temporal. Busco donde y cuando ocurren los hechos y ahí sumerjo a mis personajes con sus sentimientos, que son los que realmente más me atraen en la historia. Porque cada uno escribe el libro que le toca vivir.”

Personajes unidos por la desazón de las ilusiones perdidas, por el vacío que deja una guerra que les ha arrebatado aquello por lo que tanto habían luchado… por una frase: la vida cuando era nuestra. “Igual que en la novela un personaje se apuntala con otro, pues en la vida ocurre parecido: yo te sostengo a ti, y tú me sostienes a mí. La sensación de no estar solo es clave, que todo lo que haces no es inútil. Es entonces cuando perseverar en la vida tiene realmente un sentido: Matías, en la búsqueda de libertad, podría haberse exiliado como muchos de sus compañeros de la CNT, pero prefiere el exilio interior. ¿Por qué? Pues porque hay veces que no quiere que le echen de su tierra, de su sitio en el mundo, aunque en el fondo te echen de cualquier manera.”

Marian Izaguirre.

Marian Izaguirre.

La novela rememora una época en la que los extremos eran más evidentes. “El contrapunto de la vida de Rose, del libro dentro del libro, hace que la realidad española se ponga continuamente en contraste. Entonces ya no es una cuestión de esa España encerrada en sí misma, sino más bien el paso de un momento histórico relativizado por otro momento anterior en que el país tenía abiertas sus fronteras. La historia se hace más cercana a la evolución de Europa en la primera mitad del siglo XX que propiamente de la posguerra española. Aún así, hay ocasiones en que coge más dimensión la parte de novela europea, y otras en que la española librería de viejo se vuelve centro de la historia.”

Tres tramas, tres historias, tres narradores que confluyen en un solo libro, y que enganchan al lector. Ardua labor de escritura ordenada para que la construcción no se desmorone. “Llevo veinte años escribiendo, trabajando y estudiando estructuras dentro de la novela, y una nueva historia es como un hijo, el primero cuesta, pero el siguiente ya es menos complicado pues la experiencia te acompaña. Esta ha sido una novela difícil de organizar, no tanto por las voces como por los tiempos: todos están entrelazados de manera que no resulte complicado para el lector. El milagro de esta novela ha sido hacer desaparecer el sudor del autor. Después oigo las voces de los personajes, releo lo escrito una y varias veces, hasta que todo fluye como a mí me gusta.”

“Estamos muy faltos de cosas que nos enternezcan, de buenos sentimientos, de personajes buenos que te apetezca comentar y conocer, que te enamoren en su figura y personalidad. El personaje tiene que ser verdad, en todo momento, en todo lo que le pase, en todo lo que viva; la verdad tiene que notarse en el libro, que cuando lo leas sientas que lo que cuenta es verdad. Así los personajes tienen que vivir y solucionar sus problemas de una forma humana, ya no digo creíble o literaria, sino básicamente real, verdadera. La relación por ejemplo, que se establece entre Alice y Lola es realmente muy especial, uno de los ejes centrales de la historia: la vida cambiará en ambas por haberse conocido.”

La vida cuando era nuestra es un homenaje a la lectura, un grito a favor de la literatura, de aquellos mundos que nos evocan y enseñan otras vidas. “Yo no puedo ser la persona que soy, y estar contenta de la persona en que me he convertido, sin la literatura y los libros. Le debo todo a la lectura, pero no todo lo que hago o escribo, sino también todo lo que pienso, lo que he aprendido, lo que puedo discutir con mi pareja o la educación que le he dado a mis hijos. Todo eso está en ese universo de palabras. Llega un momento en que hasta las experiencias que mis amigos comparten conmigo puedo llegar a incorporarlas a mis escritos. De hecho, el título es la frase de una gran amiga, Mar León. Estábamos comentando la crisis e indignadas por los recortes, cuando en algún momento de ese debate, mi amiga me escribe diciendo ‘echo de menos la vida cuando era nuestra’. Y ahí encontré el título adecuado a la novela”.

Izaguirre reconoce la satisfacción que le ha supuesto la terminación de esta novela. “Creo que este va a ser durante mucho tiempo de entre todos mis libros, el favorito. Aunque no tiene por qué ser el último título publicado. Puede haber ocasiones en que se tenga verdadera inclinación por uno quizás más incomprendido para el lector pero más cercano por alguna razón al autor. Este es un libro de madurez que tiene tanto de mí, de lo que pienso, de lo que siento, que va a ser con el que más me identifique durante mucho tiempo.”

“Nunca he tenido miedo a la página en blanco, o por lo menos yo sinceramente no lo he sentido nunca. He podido tener momentos malos en que me costaba más escribir, porque la realidad y los problemas de mi vida impedían el sosiego para poderte poner a escribir. Lo que no quisiera es repetirme, prefiero hacer cosas diferentes, ir cambiando en el tema, estar en tensión creativa. Los premios que en su momento me concedieron, en el fondo, lo que insuflaron fue aliento para continuar. Siempre quería escribir y lo hacía, los premios que llegaron tan pronto me dieron alas para continuar en esa brecha, y para avanzar.”

 

Por Benito Garrido. 

 

 

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