¡Feliz cumpleaños, ALMAS GRISES!

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Por Juan Luis Marín. Llegó con los 38. Después de casi 20 de búsqueda. Y sería estúpido decir que con la cabeza amueblada. Porque sigo siendo un descerebrado. Que ha descubierto que no está solo. Que hay muchos parecidos a él (más de los que imaginaba). Y que conseguirlo no tiene nada que ver con el éxito sino con una sensación de satisfacción personal, incapaz, eso sí, de acabar con la frustración. Porque lo que deseas es que esas horas que le dedicas a escribir, arrancándoselas al sueño, la comida o el ocio, a tu familia, amigos y parejas… se conviertan en oficio. Que la soledad con tu boli o el teclado del ordenador sea recompensada. Teniendo una vida… no varias multiplicadas. Porque te dejas el alma y los huevos (o los ovarios) en cada historia que escribes. Porque el mayor desafío no es enfrentarte a una hoja en blanco… sino que tú la disfrutes cuando ya no lo esté. Y si sucede… es que me entiendes. Porque ahí no solo hay palabras. Estoy yo. En pelota picada. Ante todos. Aunque luego me dé vergüenza ponerme en bañador en la playa, porque soy un cuerpo escándalo, un danone con patas, un esmirriado de mierda.

Una carrera cruel en la que te dejas la piel sin que nada garantice que llegues a la meta. Una meta que también se multiplica. Porque hay tantas como etapas. Y existen tantas etapas como páginas por escribir. Que cada uno afronta como puede: clamando a los cuatro vientos las palabras escritas en un solo día, intentando afirmarse con algo que sabe no es sinónimo de calidad pero que es en ese momento lo que le da fuerzas para seguir adelante; presumiendo resolver con matrícula de honor el capítulo más complicado de “su carrera”, tratando de convencerse de algo que tendrían que decidir los demás… Porque ¿qué es quien escribe sin nadie que lo lea, sin recibir respuesta alguna ante lo sangrado sobre el papel?

Las redes sociales se han convertido en el escaparate que muchos necesitan para exponer, no solo su trabajo, sino a ellos mismos. En busca de un reconocimiento que supla la ausencia de una editorial que le publique… o una lo suficientemente “importante” para saciar sus aspiraciones. Porque hay quien ansía el sueño americano a la española, el pelotazo. Con el pleno convencimiento de ser quien lo merece. No los otros, los amateurs, suertudos y enchufados. Como si hubiera un “título” que dice quién es “escritor” y quién no. Una cuestión de ego. Porque es lo único a lo que puede aferrarse, porque quien escribe solo se tiene a sí mismo, porque nunca habrá aplausos en su concierto, largas colas para ver su película, una exposición con todas sus obras… La intimidad de la lectura le priva de cualquier tipo de “comunión” con el público. Y así surgen las dudas, la ansiedad… el DOLOR.

Un año después de publicar por primera vez, sé que hay otro Juan Luis. Está aquel con quien me acuesto y me levanto cada día. Y el autor de ALMAS GRISES. Ese que escribe en este blog, que dice cosas por Facebook y Twitter, que cuelga fotos de lo que hace, de su gato, de su gente… y que poco a poco se ha convertido en personaje. Un personaje de quien, de un modo u otro, cada uno tiene una imagen diferente. Que existe gracias a quienes le leen. Pero no quiere convertirse en una caricatura. Ni creerse algo que no es.

Solo soy un tipo que escribe. Y que ha conseguido, después de muchos años y mucho esfuerzo, publicar un libro.

Así es como lo he vivido.

Así es como lo estoy viviendo.

Luchando porque el GRIS se quede en los libros… En las entradas del blog… En comentarios cibernéticos…

Y que la vida, la mía, la tuya, la vuestra…

Sea del color que cada uno elija.

 

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