Ray Davies, Jazzaldia (Donostia). Un mito contra el paso del tiempo

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Por Kepa Arbizu / Fotos: Lore Mentxakatorre.

Alguien dijo una vez que hay dos tipos de personas: aquellas que eligen entre Beatles y Stones cuando se les pregunta por su preferencia y los que ante tal diatriba optan por The Kinks. Evidentemente es una exageración, pero deja a bien a las claras que estamos ante una banda especial, sin esas grandes masas (a veces amorfa) de seguidores a sus espaldas pero poseedores de una calidad incomparable y de unas características muy particulares.

Como no podía ser menos su principal cabeza pensante es también uno de los compositores de rock más peculiares y geniales: Ray Davies. Un tipo en el que se junta el observador ácido de la sociedad, con la inevitable flema inglesa, el bardo clásico y el admirador de los sonidos primigenios del género. Precisamente fue él quien ocupó el escenario ubicado en plena playa donostiarra el pasado miércoles en la jornada inaugural del Jazzaldia con la compañía de un sol que comenzaba a retirarse.

No es una buena opción acercarse a ver un concierto de uno de estos popes con la idea de encontrarse con aquel ídolo que se cuela entre los surcos de nuestros gastados vinilos. El paso del tiempo, por suerte o por desgracia, hace su función sin hacer excepciones y por lo tanto hay que estar preparados para asimilar la representación de un legado musical erosionado por el transcurrir de los años. Y así quedó demostrado en cuanto se le escuchó desde un primer momento. La voz del inglés, a sus, no lo olvidemos, 70 años, no dejaba lugar a dudas, ni mucho menos es lo que era y por momentos sonó realmente frágil y con dificultades para sujetar sus canciones.

ray nteriorPero a pesar de todo el bueno de Ray tenía un plan. Por una parte consistía en poner todo su carisma sobre el escenario, empatizando con el público (se mostró parlanchín, comunicador o bailongo según el momento), y además utilizar su gran carta ganadora: un repertorio prácticamente inalcanzable para cualquier otro músico. Para darle forma a todo ello se rodeó de una banda relativamente joven y solvente.

Dentro de ese contexto sonaron muchos de sus “hits” reconocibles para cualquier amante de la música por muy bisoño que sea. Los ritmos espídicos de Till the End of the Day, All the Day and All of the Night o You Really Got Me, en la que realizó una introducción “bluesera” que sirvió como explicación de los orígenes musicales de su banda, fueron coreados y disfrutados por el público, algo que también sucedió con la icónica Lola. Dedicated Follower of Fashion se inició con ritmos entre folkies y flamencos para más tarde acometer las bellas Sunny Afternoon, entonada cuando la noche ya se empezaba a acomodar, y Waterloo Sunset.

Pero evidentemente la banda inglesa no sobrevive sólo de sus clásicos coreables, tienen un baúl de temas casi inacabable de un nivel altísimo y de una variedad sorprendente. Por ejemplo hubo espacio para la melancolía que atraviesa composiciones como Days, A Long Way from Home o el homenaje al Hollywood clásico de Celluloid Heroes. En el otro extremo sonó la bailable y divertida Come Dancing, la pegadiza Where Have All the Good Times Gone o la levemente psicodélica See My Friends. La rotundidad que desprendieron I’m Not Like Everybody Else o 20th Century Man sirvió como momento álgido y el rock and roll de Low Budget fue el elegido para dar por concluido el show.

Difícil explicar o realizar una valoración netamente artística del espectáculo ofrecido por Ray Davies en el Jazzaldia. Si quitamos la emotividad, e incluso a veces lo simbólico, al mundo de la música, o del arte en general, estamos perdidos. Así que se podrían decir los fallos o carencias que hubo a lo largo de la actuación, pero al final quien pisaba el escenario era uno de los genios que ha dado la música popular, y lo que allí se escuchó, mejor o peor, es parte de su legado y eso no tiene parangón ni hay nada que pueda eclipsarlo.

 

 

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