Nightcrawler (2014), de Dan Gilroy

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Por David Martínez Garrido.

nightcrawler_posterAdmiro la osadía de Dan Gilroy, guionista de contrastada eficacia y dilatada trayectoria (El legado de Bourne, The Fall, Acero puro) al debutar con una película tan maravillosamente retorcida, ácida y perturbadora.

Gilroy, que tiene la enorme suerte de pertenecer a una estirpe de cineastas (su padre es el director y productor Frank Gilroy, y su hermano el director Tony Gilroy), retuerce y amplía la realidad para acercarla a nuestra mirada, y enseguida reconocemos en ella muchos aspectos siniestros, casi demoníacos, que normalmente permanecen escondidos en nosotros. Latentes y silenciosos, no dejan de componer nuestra naturaleza interna. Nos muestra ese lado oscuro como hace tiempo no lo veíamos, al estilo de los más grandes. Y todo esto mientras disfrutamos de tensas escenas de acción que nos dejan jadeantes, exhaustos. Una amarga intensidad que acelera durante el metraje hasta que en la parte final, tenemos la sensación de no hacer pie ni un segundo.

La historia es muy exagerada, libre y pasada de rosca, y aún así, convence. Mérito del guión, bien ensamblado y muy pulido. Y es que Gilroy es todo un especialista a la hora de ponerse a escribir, y aquí también lo demuestra, con unos diálogos que arrebatan con intensidad y encajan con precisión de relojero. Unas interpretaciones (todas ellas) muy creíbles y de un nivel extraordinario. Una fotografía estilizada, y una banda sonora (obra del gran Newton Howard) que subraya muy bien las emociones, terminan por rematar un producto muy bien perfilado.

El actor Gyllenhaal, tras su anterior y trascendente papel en Prisioneros, confirma en esta película su actual estado de gracia, demostrando que es capaz de cualquier registro. Sin duda es un actor que va a más. Nos ofrece su lado más perverso y sombrío en una interpretación deslumbrante y más carismática de lo habitual. A través de su personaje Lou Bloom, nos muestra una personalidad muy compleja. Si al principio de la cinta parece entusiasta y decidido, pronto se va tornando amenazante, ralo y obsesivo. Ni una sola luz de solidaridad, ni un atisbo de compasión en su mirada. Desesperado por trabajar y después de varios fracasos, termina como periodista freelance. Oficio en el que Lou se muestra vil, cruel, abyecto, mendaz, desposeído de valores, con un comportamiento manifiestamente objetivista. Enseguida se muestra trastornado por una ambición enfermiza por medrar en la profesión y despuntar sobre la competencia. Su apetito inagotable le permite enredar fácilmente a Rick (Rizwan Ahmed, soberbia interpretación), aprovechándose de su miseria para exprimirle al límite en todos los sentidos. Juntos recorren las entrañas de Los Ángeles a toda velocidad, descubriendo el lado más sórdido, oscuro y frío de la ciudad. Por sus peligrosas calles, transitan a la caza de crímenes y accidentes para después regatear su venta a la televisión, destapando los entresijos de los bajos fondos del periodismo.

nightcrawlerCon las cámaras siempre en ristre, los buscadores de sucesos macilentos se mueven por este infierno hoffmanesco, explorando cualquier forma de muerte o violencia. En este negocio todo vale mientras consiga impactar, y todo se graba de manera implacable y despiadada. Ningún crimen jugoso puede quedar en el tintero. Ni una gota de sangre fuera de las pantallas. Los canales de noticias rivalizan ferozmente por comprar el morbo que demandan los espectadores.

Para encontrar un antecedente cinematográfico con parentesco argumental, tendríamos que remontarnos hasta 1960,  a la estimable película El fotógrafo del pánico de Michael Powell, donde un asesino traumatizado disfrutaba fotografiando a las víctimas mientras morían.

El retrato de ambientes sórdidos, sin embargo, me ha recordado bastante a Taxi Driver, al intentar recrear el lado perverso de la gran ciudad de forma extremadamente impactante y descarnada. Gilroy seguramente ha bebido de estos y otros clásicos, absorbiendo muy bien algunas buenas ideas, pero su cinta es original en su desarrollo, con una narración moderna, poderosa, y una puesta en escena electrizante. Es una película con vocación visiblemente comercial, pero con un gran respeto por el trabajo artesanal. Tiene sello propio y mucho oficio.

Rene Russo, que está realmente grande y magnética en su sutileza, mantiene intacta su capacidad de hipnotizar al espectador con su gran expresividad. Su avieso personaje también se inclina inexorablemente hacia el atractivo lado oscuro del poder.

Nightcrawler  representa un retrato retorcido pero interesante de la atracción del ser humano por la maldad y el poder. Y representa un nuevo análisis de la evolución de la codicia desmedida y la ambición sin escrúpulos. Nada nuevo bajo el sol, pero esta notable película lo cuenta de una forma cruda, directa y corrosiva, y por eso resulta muy recomendable.

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