Parece el argumento de un relato policíaco pero es la muerte de Émile Zola

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Por Alejandro Gamero (@alexsisifo)

Émile Zola

Émile Zola

El caso Dreyfus, episodio que tuvo lugar a finales del siglo XIX y que conmocionó a la sociedad francesa de la época, tiene todos los componentes para construir por sí solo un relato policíaco. Todo empezó cuando a finales de 1894 el capitán de origen judío Alfred Dreyfus fue acusado de haber entregado documentos secretos a las autoridades alemanas. Después de ser juzgado por un tribunal militar Dreyfus fue condenado a cadena perpetua acusado de alta traición. Poco importó que el coronel Georges Picquart, jefe del servicio de contraespionaje, demostrara en 1896 que el verdadero traidor había sido el comandante Ferdinand Walsin Esterhazy; tanto el gobierno como la opinión pública, influenciados por un fuerte sentimiento antisemita, se posicionaron en contra de Dreyfus, a pesar de que las pruebas apuntaban a su inocencia.

A raíz del caso Dreyfus Francia entera quedó dividida entre los enemigos y los defensores ‒los menos‒ del militar acusado. A la cabeza de estos últimos se encontraba el escritor Émile Zola, que en 1898 publicó en la primera página del diario L’Aurore un alegado a favor de Dreyfus y en el que se acusaba a todos los conspiradores, incluyendo al Ministro de Guerra y al Estado Mayor. Con esta carta abierta, titulada Yo acuso, Zola pretendía ser juzgado por difamación y de esta forma reabrir el caso Dreyfus, que a esas alturas ya estaba cerrado. Como consecuencia, estallaron infinidad de disturbios antisemitas por toda Francia, especialmente en París. La tensión existente hizo que Zola fuera condenado a la pena máxima, un año de prisión y 3.000 francos de multa, pero el resultado del proceso se vivió como una victoria para los partidarios de Dreyfus.

Para evitar declarar a Dreyfus inocente el gobierno decidió indultarlo en 1899. Si el odio que ya sentía hacia Zola una buena parte de la ciudadanía era considerable, tras al indulto de Dreyfus llegó a alcanzar límites verdaderamente peligrosos. Las amenazas de muerte hacia el escritor, que habían sido frecuentes desde la publicación del artículo, se multiplicaron de forma alarmante. Es en este contexto en el que habría que situar la misteriosa muerte de Zola el 29 de septiembre 1902.

Portada de L’Aurore con la carta Yo acuso

Portada de L’Aurore con la carta Yo acuso

   La noche del 28 Zola se encontraba en su casa de la rue de Bruxelles, en París, con su esposa Alexandrine. Como era un día húmedo y frío cuando fueron a dormir cerraron la ventana y la puerta del dormitorio, mientras la habitación se calentaba con unas pocas brasas encendidas que quedaban en la chimenea. A las tres de la mañana el matrimonio se despertó con una extraña sensación de mareo. Alexandrine iba a despertar a los criados pero Zola la detuvo porque pensaba que se trataba de una simple indigestión. Sin embargo, en realidad estaban sufriendo una intoxicación por monóxido de carbono. A la mañana siguiente, a las nueve en punto, los criados tuvieron que forzar la puerta para acceder al dormitorio. La escena era desoladora: Zola estaba tendido en el suelo, prácticamente muerto, y Alexandrine estaba en su cama, inconsciente. Los médicos no tardaron en llegar al domicilio, y durante veinte minutos trataron de reanimar al escritor, pero ya era tarde para él. Alexandrine, en cambio, fue trasladada al hospital y sí pudo salvar su vida.

   El 5 de octubre tuvo lugar en el cementerio de Montmartre el funeral, al que asistieron unas 50.000 personas, entre las que se encontraban ministros del gobierno, funcionarios y delegaciones de mineros y de masones. Incluso los soldados presentaron armas cuando pasó el coche fúnebre pasó. El escritor Anatole France fue el encargado de pronunciar un discurso en alabanza de Zola, cuyo final decía «Envidiémosle, su destino y su corazón le hicieron la suerte más grande. Él fue un momento de la conciencia humana». Al entierro también asistió, por supuesto, Alfred Dreyfus, que presentó sus respetos a la familia del fallecido.

Los rumores de que Zola había sido asesinado no tardaron en circular como la pólvora por todo París. La primera persona que apuntó esa posibilidad fue su amante Jeanne Rozerot, con la que el escritor tenía dos hijos. Se abrió una investigación para tratar de determinar las verdaderas causas de la muerte de Zola. Eso sí, las pruebas que había en la época no eran tan eficaces como las de hoy en día: se metieron varias cobayas en el dormitorio cerrado y al sobrevivir descartaron que hubiera monóxido de carbono en el aire. No se encontró ninguna prueba determinante. Se desmanteló la chimenea y se concluyó que llevaba mucho tiempo sin ser limpiada, pero aparte de eso nada. El forense, por su parte, se negó a hacer públicos sus informes y anunció que la muerte de Zola se había debido a causas naturales.

Años más tarde, en 1953, una investigación publicada por el periodista Jean Borel en el diario Libération afirmó que Zola había sido asesinado por un deshollinador enemigo de Dreyfus llamado Henri Buronfosse. Este habría bloqueado la chimenea de la casa de Zola y sin que nadie lo notara la habrían desbloqueado temprano al día siguiente. Parece ser que el culpable confesó su crimen en su lecho de muerte, en 1927. Sin embargo, aunque algunos biógrafos de Zola dan por cierta esta confesión, lo cierto es que no hay ninguna prueba que nos lleve a pensar que así fue como ocurrió.

   En 1908 los restos de Zola fueron exhumados y trasladados al Panteón de París, máximo honor en Francia. Una vez más se formó un gran revuelo en la ciudad. Muchos nacionalistas, enfurecidos, trataron de detener el coche fúnebre para evitar que llegara al Panteón pero fueron detenidos por la policía y por el ejército. A la ceremonia asistieron Alexandrine, Jeanne ‒junto con los dos hijos que había tenido con el escritor‒ y, cómo no, Alfred Dreyfus. La tensión llegó al extremo de que un periodista, Louis Gregori, trató de asesinar a Dreyfus con dos disparos. Sin embargo, Gregori pudo ser detenido a tiempo por la policía y Dreyfus solo sufrió una herida leve en el brazo. Finalmente los restos de Émile Zola fueron depositados en la misma cripta donde se encontraba otro gigante de las letras francesas, Victor Hugo.

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2 respuestas a Parece el argumento de un relato policíaco pero es la muerte de Émile Zola

  1. El caso Dreyfus tuvo tanta repercusión que dio origen no solo a la publicación literaria novelada, sino también a una obra de teatro y un filme con amplia repercusión en Argentina durante los años 1950 y 1960.

    Eduardo Jorge Arcuri
    3 mayo 2015 at 18:11 pm

  2. Hermoso artículo, riguroso homenaje a un escritor sensacional que lleva muchos años en el olvido en España. Emocionante recuerdo de unos episodios en torno a una de las personalidades más valientes de la gran novela francesa. El final, junto a Victor Hugo, un dato muy significativo, pues ambos fueron los que más incidieron en la ficción realista con muy importantes indagaciones en conflictos sociales. De hecho, los mineros que fueron al funeral de Zola, lo hicieron agradecidos ante aquel padre tan intelectual que se había “molestado” en mirar en sus atormentadas existencias con Germinal…

    Horacio
    3 mayo 2015 at 20:56 pm

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