Freya, una auténtica Stark

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Por Silvia Pato

@SilviaP3

La escritora  británica Freya Madeleine Stark (1893-1993) nació en París, ciudad en la que sus padres estaban estudiando arte.

Fascinada por el lejano Oriente, tal y como le había pasado a otras féminas de su época, aprendió árabe y persa, estudió Historia en Londres y cursó en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos.

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FUENTE: Alamut. Wikimedia.

Cuando, a principios de siglo, partió a viajar por esos territorios que durante años parecía que la llamaban, nadie hubiera imaginado que Freya se ganaría el sobrenombre de «la Lawrence de Arabia femenina». Siguiendo el itinerario realizado por Alejandro Magno, fue la primera europea que recorrió el Valle de los Asesinos y descubrió la fortaleza de Alamut.

Cuenta la leyenda que tan singular mujer, que hablaba nueve idiomas, aparecía en los salones de Londres, para escándalo de propios y extraños, acompañada de su lagarto azul del Yemen.

Fue contratada como espía por el Ministerio de Información británico durante la Segunda Guerra Mundial. Y en El Cairo fundó el movimiento antifascista la Hermandad de la Libertad (Brotherhood of freedom). Debido a sus servicios, le fue concedida la Cruz del Imperio Británico en 1953. Tras la guerra, Freya regresaría a sus expediciones por Asia.

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FUENTE: Rub al Khali by Nepenthes. Wikimedia.

Entre toda su producción literaria, nos encontramos una treintena de libros donde cuenta sus experiencias y conocimientos de las zonas que visitó y estudió con tanto afán, como Baghdad Sketches (1932), The Valleys of the assassins (1934), A winter in Arabia (1940), Letters from Syria (1943), Perseus in the wind (1948), Beyond Euphrates. Autobiography 1928-1933 (1951), Riding to the Tigris (1959), Rome on the Euphrates (1966) y The Journey`s Echo: Selected Travel Writings (1988).

Esta singular mujer, a la que Lawrence Durrell llamaba «la poeta del viaje», fue nombrada en 1972 Dama del Imperio Británico.

La última de sus residencias se encontraba en Asolo, Italia. A lo largo de su vida, Freya residió allí largas temporadas. De hecho, parte de su infancia la pasó en aquellas tierras, donde conoció al hijo del poeta Robert Browning, amigo de su padre.

Al final, fue la malaria la que pudo con una centenaria anciana que se convirtió, por derecho propio, en toda una leyenda.

FUENTE: Aramco World,   The New York Times

MÁS INFORMACIÓN: BBC radio

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