Cuestionario literario: Roberto de Paz

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los valientesLa búsqueda y hallazgo, virtual o real, de un mundo paralelo y la huida, casi desaforada, de la realidad vuelve a aparecer en esta segunda novela de Roberto de Paz, Los valientes, publicado por Salto de Página y con la cual  De Paz se consolida definitivamente como autor. En Los valientes, el escritor regresa sobre algunos de los temas que ya había explorado en su primera novela El hombre que gritó la tierra es plana, publicada en 2012: el deseo de huida, vinculado en su primera novela con el deseo de búsqueda y de descubrimiento de un pasado que se desconoce, vuelve a aparecer en Los valientes, donde, como ya sucedía en El hombre que gritó la tierra es plana, la huida, geográfica en su primera novela e introspectiva en esta segunda, conduce hacia una realidad paralela, hacia un mundo inexistente, que se convierte en el único refugio posible de un mundo, el real, que Roberto de Paz describe como una hostil prisión donde toda posibilidad de salvación está ausente. Si en El hombre que gritó la tierra es plana, De Paz recurría al género fantástico para crear un mundo ficticio, que no por casualidad recordaba aquel país de las maravillas en el que se adentra Alicia así como aquel utópico El Dorado de Voltaire,  en Los valientes los elementos fantásticos desaparecen en función de una novela donde “lo extraño” deja de ser un lugar físico para convertirse en un elementos de la introspección. De la huida geográfica de El hombre que gritó la tierra es plana, del descubrimiento de ese mundo de Maravillas paralelo y opuesto a la caótica, desenfrenada y hostil Nueva York a la búsqueda introspectiva e irrealizable en la práctica de un mundo paralelo en el que los tres personajes de Los valientes intentan refugiarse tras la inesperada muerte de William Gibbon,  padre y marido. Fallecido en el transbordador Challenger, durante el ejercicio de reentrada en la tierra, Gibbon es un astronauta que buscó precisamente en el espacio exterior la vía de escape de la realidad; el fallecimiento de  Gibbon puede considerarse como una huida frustrada, truncada por el repentino y mortal accidente, y, a la vez, como la única huida factible, pues mientras Gibbon desaparece, su mujer y sus dos hijos están condenados a hacer frente a su ausencia. Aparentemente no hay salida, no hay vía de escape: no hay viaje geográfico, pero tampoco el autor ofrece a sus protagonistas un mundo paralelo, una realidad otra en la que refugiarse como el protagonista de El hombre que gritó la tierra es plana. Los protagonistas de Los Valientes se definen, de ahí el título, por sucumbir a una búsqueda, existencial y absolutamente desoladora, no tanto de un mundo, sino de una realidad capaz de hacer olvidar lo acontecido: Julia, la viuda, abandona su carrera como física para encerrarse en el estudio obsesivo de los fantasmas y la relación de estos con posibles mundos paralelos; David, el primogénito, se encierra en el sótano en el obstinado, y algo absurdo, intento de construir  una máquina de movimiento perpetuo que rompa los principios inamovibles de la termodinámica tal y como la había soñado Leonardo Da Vinci y Tirso, el hijo menor, abandonada toda creencia y toda confianza, atrapado en la burocracia y en la desolación de un centro de servicios sociales, se refugia en la biografía de Rudo, un anciano cuya trayectoria vital es absolutamente novelesca. La huida, que define a la familia Gibbon, pronto se convierte en el liet motiv de Los valientes: todos huyen o, mejor dicho, todos tratan de huir a través de mecanismos, ya no fantásticos, sino reales: obsesiones, descreimientos, aislamiento o abandono, estas son las huidas reales. Roberto de Paz, abandonando el género fantástico, explora, un realismo hermético: el lenguaje científico, el interés por la ciencia, en concreto, la física, permite al autor envolver la novela de un halo de oscurantismo a la vez que la física y la ciencia en general se convierten en metáfora precisamente de esa huida y de esa búsqueda anhelada por los personajes. El interrogante continúo hacia lo inexistente, la hipótesis, como método científico y como propuesta vital, se convierten en la única vía de escape de una realidad en la que nada parece merecer el rescate.

robertodepaz

¿Cuál es su idea de felicidad perfecta?

Vonnegut solía contar que cada vez que compartía con su tío un buen momento, por cotidiano que fuera, éste interrumpía lo que estuvieran haciendo para advertir lo feliz de la situación. Perfecta o no, aspiro a ser capaz de reconocer esos destellos de felicidad cuando se presentan.

¿Cuál es su gran miedo?

El mismo que el de la mayoría: la muerte y lo que conlleva. Los demás desaparecen al encender la luz.

¿Cuál considera que es la virtud más sobrevalorada?

La sinceridad sin ambages, a poca distancia de la capacidad de trabajo.

¿En qué ocasiones recurre a la mentira? (en el caso que confiese mentir)

Cuando el cálculo coste-beneficio (para mí y para la persona a la que escamoteo la verdad) así lo aconseja. La mentira tiene muy mala prensa, pero resulta indispensable.

¿Se muerde la lengua antes de expresar determinadas opiniones por temor al qué dirán?

Claro, sospecho que como todos.

¿Cuándo fue la última vez que tuiteó o publicó algún comentario en las redes sociales con plena libertad?

Cuando aprendí que tuitear equivale a salir a una plaza abarrotada y lanzar un grito cuyo eco me sobrevivirá.

¿Qué es para usted la libertad?

Una necesidad, y a la vez el más prostituido de los grandes conceptos. Cuando alguien se define como liberal no sé si alegrarme o temblar.

¿Siente el ser una persona reconocida públicamente le resta libertad con respecto a la persona anónima?

No soy ni de lejos reconocible públicamente, pero imagino que serlo comporta ciertos peajes.

¿Hablar y expresar públicamente opiniones políticas o silenciarlas?

Depende. El griterío en relación a determinados temas ya resulta difícil de aguantar, todos opinamos de todo sin la debida reflexión. Sin embargo la participación de todos aquellos actores que puedan aportar valor al debate es necesaria. En otras palabras: si no tienes nada interesante que decir, escucha al resto.

¿Activismo público o compromiso privado?

Compromiso privado siempre como base. Sin ello sólo queda el selfie. Si después llega el activismo, perfecto.

¿Informarse o ser informado?

Acudir a la fuente, digerir los hechos sin la intervención de terceros… No creo que sea posible informarse, al menos en sentido estricto. A lo máximo que aspiro, que no es poco sabiendo de donde venimos, es a poder escoger qué información consumir. Internet ha roto el monopolio, la variedad de puntos de vista es abrumadora, con unos intermediarios –unos informadores–, más vigentes que nunca. Unos u otros, pero a todos nos informan.

¿Qué es para usted y qué valor tiene la información?

Información es saber en qué época del año se debe plantar el cereal que dará de comer a tus hijos. Algo así de importante.

de pazLa cultura, ¿cuestión de esnobismo o conocimiento transversal?

Me repele bastante la utilización del capital cultural acumulado para marcar diferencias, su empleo como herramientCa de estratificación similar a la renta o la clase social. Cultura es conocimiento, y lo es en un sentido más amplio de lo que a algunos creen.

¿Todo es cultura? O, mejor dicho, ¿qué no es cultura para usted?

Siendo estrictos, toda expresión, toda creación que se incorpora al acervo humano es cultura, y como tal tiene valor. Sin embargo no me siento cómodo con esa concepción casi antropológica. Sin entrar en contradicción con la respuesta anterior, creo que no todo es cultura. No me lo parece aquello que prescinde de cualquier dificultad en su propuesta, que no comporta cierto esfuerzo en su creación o consumo. No son cultura las letras de éxito que parecen escritas por alumnos de primaria, los productos diseñados para vender gracias al atajo de colocar a un famoso en portada.

¿Sus referentes culturales son literarios, musicales, artísticos, cinematográficos…?

Mi cabeza es uno de esos platos de bufet con todos los ingredientes posibles, pero con el predominio literario lógico en alguien que escribe. No obstante, confieso que cada vez me influyen más las historias narradas en imágenes, ya sea en el cine, la televisión o el comic, que de un tiempo a esta parte es lo que consumo con más apetito.

¿Un autor para releer?

Robertson Davies

¿Un autor recién descubierto?

Jon Bilbao.

¿Una película, una obra de teatro o un espectáculo recientemente visto y que no olvidará?

Acabo de volver a ver Dogville, y confirmo mi primera impresión: obra maestra.

La creación, ¿un arte, una pasión o un ofició que se puede aprender?

Hay pintores que tras perder las manos consiguen pintar con los pies. Todo en la vida puede aprenderse, también la creación. Hay mucho de oficio en ello. Nunca he asistido a ninguno, pero me sorprenden los colegas escritores que niegan la utilidad de los cursos de escritura.

¿Todos podemos escribir un libro?

Solo una minoría conoce las diferentes escalas musicales, pero todos llegamos a cierta edad sabiendo escribir. Todos podemos comenzar a escribir un libro, pero solo una minoría persevera hasta terminarlo.

¿Todos podemos publicar?

Hoy en día el que quiere publicar, publica. Puede que por eso el número de millonarios no pare de crecer.

¿Todos podemos ser artistas?

Sí, siempre que caigamos en gracia al encargado de sancionar qué es arte.

El éxito, ¿personal o profesional?

Si hay que escoger, personal. Siempre.

El éxito, ¿fama, dinero, reconocimiento o no necesariamente?

No es imprescindible, pero si el éxito conlleva dinero y reconocimiento, mejor. Todos queremos que nos quieran.

¿Cuál considera que es su gran logro?

Vivir rodeado de buena gente, aunque esto tiene mucho más que ver con la suerte que con cualquier mérito por mi parte.

¿Cuál es su lema?

Be a simple man.

 

 

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