Seis geniales directores de cine polacos

Despegando desde el dolor provocado tras la herida sufrida en la Segunda Guerra Mundial con la amarga ocupación nazi, por medio del ejercicio cinematográfico Polonia ha buscado su esencia más intima. Y en este proceso desarrolló maneras de narrar verdaderamente revolucionarias, que han influenciado la cinematografía mundial de forma importante.

Y qué mejor que sumergirnos en el cine polaco que a partir de sus más brillantes representantes, seis directores que han hecho escuela y enriquecido, sin duda, el fascinante legado del cine como uno de los lenguajes más cabales de la historia humana.

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Andrzej Wajda (1926)

 

Después de colaborar en el ejército de resistencia polaco durante la Segunda Guerra Mundial, estudió pintura e integró una de las primeras generaciones de la famosa Escuela de Cine de Lodz. Posteriormente dotó a su sobresaliente trilogía bélica –conformada por las cintas Generación (1954), Kanal (1957), y Cenizas y diamantes (1958), con un estilo muy característico, mismo que terminaría definiendo parte de lo que se conoció como “nuevo cine polaco”.

Se trata de una escuela que imprime poesía en los detalles, tanto en la forma (con sus encuadres) como en el fondo (con los contrastes que refleja dentro de un contexto social comprometido). El estilo de Wadja propuso movimientos de cámara integrados, con alto grado de dificultad, a la narrativa, una cualidad que luego distinguiría internacionalmente a los directores de fotografía polacos.

Tras abordar entrañables adaptaciones literarias –El bosque de los abedules (1970) y Las señoritas de Wilko (1979)– demostrando que era un maravilloso director de actores y que las emociones humanas también son políticas, Wadja retoma el cine de crítica política con filmes como El hombre de mármol (1977) y El hombre de hierro (1981), e inclusive participó activamente en el sindicato de su país.

En la última etapa de su carrera Wajda sigue cuestionando la manera de gobernar, los abusos del poder, y buscando la naturaleza constructiva del hombre. Su brillante carrera, la consistencia de su pensamiento y la calidad de sus obras, películas comprometidas con su tiempo, le merecieron recibir, de mano de Spielberg, el reconocimiento de la Academia estadounidense (Óscar Honorario en 2000).

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Krzysztof Kieslowski (1941-1996)

 

Después de estudiar en Lodz, inicia su carrera en la productora estatal, haciendo documentales cercanos al punto de vista obrero. Con sus primeros cortos de ficción ganó reputación en festivales internacionales, lo que rápidamente le permitió dirigir largometrajes que mantuvieron un carácter crítico hacia el Estado polaco, con temas sociales de relevancia práctica y filosófica.

Su serie televisiva rodada en cine, El decálogo (89-90), aborda cada uno de los 10 mandamientos católicos (en el mismo número de episodios) a partir dilemas que sus `personajes experimentan dentro de la realidad polaca. En este momento comenzó su colaboración con dos artistas que estarán presentes en toda su obra: el músico Zbigniew Preisner y el guionista Krzysztof Piesiewicz.

Tras reflexionar sobre la intersección entre el funcionamiento social, la moral y lo sagrado, con cintas como La doble vida de Verónica (1991), Kieslowski llevaría sus preocupaciones a un cine más accesible con la trilogía Azul, Blanco y Rojo (1993-94), rodada casi en su totalidad en Francia, y que presenta personajes que proyectan extensiones de los valores patrióticos que se gestaron durante la revolución francesa.

Lastimosamente Kieslowski murió muy joven y es difícil no contemplar que la evolución de su lenguaje habría llegado aún más lejos, complementando así el gran rigor de su obra.

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Roman Polanski (1933)

 

Aunque haya nacido en Francia es de familia judía polaca, lo que le valió perder a sus dos padres en un campo de exterminio y vivir una infancia atormentada hasta, eventualmente, estudiar cine en Lodz.

Polanski se separa de sus congéneres por su limitado interés en los temas sociales y el vasto interés en la psicología humana. Desde sus cortometrajes el carácter surrealista de este autor anunciaba un estilo lacerante, sin espacio para las sutilezas. Desde entonces su obra se ha deslizado entre el realismo fiel (Tess, La muerte y la doncella, El pianista) y la fantasía delirante (El inquilino).

Al dirigir Cuchillo en el agua (1962), una película llena de tensión, un falso thriller porque nunca pasa nada, Polanski demostró un dominio del montaje en su forma más pura, postulándose como un gran alumno de Alfred Hitchcock. Luego se inició dentro del género del horror psicológico, rodando Repulsión (1965) en Inglaterra, y siguió con enredados delirios, pesadillas con notable sentido del humor con Cul-de-sac (1966) y La danza de los vampiros (1967), para finalmente consagrarse en Hollywood con El bebé de Rose Mary (1968) y Chinatown (1974), una de las mejores películas de la historia del cine.

A partir de entonces su vida se cubrió de tragedia y polémica con eventos como el asesinato de su esposa, Sharon Tate, a manos de la secta de Charles Manson, o la acusación de violación a una menor de edad. Esto provocaría que Polanski cayera del cielo sin consagrarse completamente como uno de los mejores de todos los tiempos.

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Jerzy Skolimowski (1938)

 

Podríamos empezar con el dato de que su padre fue fusilado por los nazis, formando parte de la resistencia. Se trata de un cineasta altamente expresivo que tras estudiar en, sí Lodz, inició su carrera ayudando en los guiones de Wajda y Polanski, al mismo tiempo que se dedicaba a boxear (de esta actividad realizó un documental). Enseguida dirigió largometrajes de bajo presupuesto, hasta que en 1967, filmó en Bélgica al icono de la nueva ola francesa, Jean Pierre Léaud, en La partida (Le départ). Ya consagrado desde muy joven como cineasta internacional, continuó con varios filmes rodados fuera de Polonia, entre los que destaca Deep End (1970).

Skolimowski advirtió en una entrevista que filmaba para complacerse a sí mismo. Sus historias se caracterizan por utiliza la ambigüedad para sembrar sorpresas en la percepción del espectador, saturándolo de cuestiones inesperadas. Las confusas acciones de los personajes de pronto le dan un carácter de sueño a la obra.

En 1978 vuelve a sorprender con la película trascendental El grito, que adapta en su guión un cuento de Robert Graves. Después vuela a Hollywood para filmar su cinta más ambiciosa en términos de presupuesto, Moonlighting (1982), que narra el viaje del protagonista, acompañado de trabajadores polacos, a Londres para ofrecer mano de obra barata. Y pareciera que este filme tendría algo de autoprofético, ya que desde entonces el propio Skolimowski ha permanecido en Hollywood, interpretando papeles como actor en películas como Marcianos al ataque, Antes de que anochezca y The Avengers.

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Andrzej Zulawski (1940)

 

Con una obra particularmente difícil de clasificar, Zulawski construye poderosas imágenes, fuera de las normas, que forman secuencias en la frontera del sueño, la pesadilla, y la realidad. Nacido en Ucrania, es creador de un cine que cuestiona técnicamente nuestra relación con la pantalla en términos temporales, ¿qué es lo que en realidad miramos ahí proyectado?

Zulawski estudió filosofía en la Sorbona de París (la aplica en todas sus cintas) y después estudió cine en el prestigiado IDHEC. En los 60 asistió a Wajda en más de un filme y luego sorprendió en 1970 dirigiendo su opera prima, La tercera parte de la noche, rodada en Polonia, que con elementos de una escabrosa ciencia ficción antecede a cineastas como Cronenberg y su terror bacteriológico. Con esta obra sacudió la censura polaca por primera vez e inauguró la tendencia que consiste en que por medio del cine fantástico critican los excesos del Estado.

Dos años después filmó El Diablo (1972), que tardo años en estrenarse por la censura. Se trata de una película aparentemente de aventuras, llena de escenas violentas al borde de lo absurdamente irreal y cuyo tono exacerbado motivó que Zulawski fuese tachado de “cineasta histérico”, término que le ha ofendido profundamente según sus propias declaraciones.

En 1977 Zulawski fue atacado por el gobierno en su nuevo rodaje, una grandilocuente cinta de ciencia ficción suave, postapocalíptica, rodada en Polonia. El globo plateado (1977) quedó inacabada, aunque existe una fantástica versión montada con los numerosos rollos de película salvados de ser quemados. Tras este suceso se dice que deprimido viajó a Nueva York con ideas suicidas y que Andy Warhol lo alegró un poco, animándolo a escribir otra vez lo que sería su gran obra maestra, Posesión (1981), filmada en Berlín, con Isabelle Adjani y Sam Neill.

Actualmente Zulawski sigue dando vida a estupendas películas donde sigue arriesgando apasionadamente en cada plano, en contra del cine común y corriente.

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Agnieszka Holland (1948)

 

La única mujer que integra esta lista, es una de las más talentosas cineastas vivas en el mundo. De toda está lista podría ser quien mejor se ha podido integrar a la industria Hollywoodense, con agraciados clásicos modernos como El jardín secreto (1993) adaptando la novela del mismo nombre y con música de Preisner; o Eclipse total (1995) el biopic sobre el poeta maldito Arthur Rimbaud, donde DiCaprio se convirtió en un respetable actor. Incluso ha dirigido capítulos de la excelente serie The Wire, y recientemente algunos de House of Cards.

Holland también tiene preocupaciones serias que tienen que ver con su país de origen, así ha destacado en el circuito de cine de arte, con dramas sobre la persecución judía por los nazis en la Segunda Guerra Mundial, como Amarga cosecha (1985), Europa, Europa (1990) y En la oscuridad (2011). Se ha destacado con sus dramas históricos elegantes y sutiles, que funcionan en taquilla, como La heredera (Washington Square, 1997) adaptación de Henry James o El tercer milagro (1999), con actores de primer nivel, y Copiando a Beethoven (2006).

Cineasta clara, efectiva y genuinamente emocional, Holland logra lo que el cine polaco raramente hace: comulgar con la audiencia común, conectar a un nivel sencillo y sin ninguna pretensión filosófica.

 

Una respuesta a Seis geniales directores de cine polacos

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    Wajda Art Project
    15 marzo 2018 at 9:33 am

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