‘La torre de ébano’, de John Fowles

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«La torre de ébano»

John Fowles

Trad.: Miguel Ros

Impedimenta, 2017

391 páginas

22,80 euros

Por Rodrigo Fresán

Fuente: ABC

Cada vez más seguido, a uno le da por pensar en tiempos mejores en los que en lo más alto de las listas USA/UK (junto a los inevitables superventas; que, en cualquier caso, incluían a los tanto mejores que los de ahora Leon Uris o I. Wallace o Irwin Shaw o Morris West; y tengamos la piedad de no comparar a Robert Ludlum con Dan Brown o a Harold Robbins con E. L. James) había, también, alta literatura. Nombres habitués como los de Updike, Murdoch, Bellow, McCullers, Mailer, Capote… Y, entre ellos y ellas, esa muy pero muy «rara avis» que fue el británico John Fowles (1926-2005). «Best seller» de calidad que llegó a ese sitio empujado por el descubrimiento de una novela mágica y favorita («El gran Meaulnes» de Alain Fournier) y acaso por la inconfesada ambición de convertirse en el Thomas Hardy, maestro confesado) del siglo XXI.

Así, Fowles creó al «psycho-asesino» en serie moderno («El coleccionista», 1963), bordó aplicaciones fantásticas en el «bildungsroman» de culto adoptado por la Generación de Acuario («El mago», 1966 y revisada en 1978), ensayó por adelantado y con éxito maniobras metaficcionales y posmodernas por venir en la década siguiente («La mujer del teniente francés», 1969), trasplantes de la novela victoriana al siglo XX (Daniel Martin, 1977), alucinaciones sexuales («Mantissa», 1985), y hasta una reinvención de la novela histórica contaminada por la «sci-fi» («Capricho», 1985). Su filosofía puede encontrarse en su temprano «autorretrato de ideas» titulado «Aristos» (1964) y en las pocas entrevistas que concedió. En ellas queda claro que se consideraba «un outsider», amaba la naturaleza, odiaba a los académicos y solo respetaba a sus lectores.

«La torre de ébano» -conjunto de cuatro relatos y «nouvelle» de 1974- puede escalarse ahora como la bienvenida reentrada en su sistema y modales. Puesto junto al resto de lo firmado por Fowles, se descubre que juega también con temas y tramas de buena parte de su obra anterior. Fowles pensó en llamar al libro «Variaciones». Y de eso se trata: la novela corta y titular funcionando como aria (en su momento adaptada por la BBC con Laurence Olivier en el protagónico; lo que da una idea de lo popular que fue Fowles) narra el peregrinaje de un joven biógrafo, David Williams, a un maduro y autoexiliado y megalómano pintor inglés, Henry Breasley, en la campiña francesa con ecos de Henry James. «La visita al maestro», sí. Y, enseguida, la atracción por una de las jóvenes acompañantes del viejo ermitaño. El vals de las tentaciones y el retorno a una «normalidad» que nunca será lo que era.

El primero de los relatos, «Eludic», se presenta como traducción de relato medieval y galante firmado por una tal Marie de Francia en el que dos caballeros se disputan las atenciones de una dama. En «El pobre Koko», un maduro león literario recibe la visita de un ladrón/crítico quien lo reduce y arroja al fuego un manuscrito y, de nuevo, el duelo generacional. «El enigma» se ocupa de la desaparición de un exitoso político parlamentario que, a las pocas páginas, comienza a mirarse como el espejo de «Eludic». El misterioso «La nube» es, en principio, desconcertante y parece ajeno al paisaje; hasta que se entiende como la descripción, entre figurativa y abstracta, de una pintura definitiva y final y magistral del crepuscular Bearsley. Antes de eso -inesperadamente, página 153- el propio Fowles interrumpe y explica algo (no todo) en una «nota personal». Cabe apuntar que -37 años después-, David Foster Wallace se atrevería a hacer exactamente lo mismo en El rey pálido.

 

Por Rubén J. Olivares

Fuente: Letras en vena

Cuando empecé a leer “La torre de ébano” y descubrí que era un conjunto de cinco relatos – una novela breve y cuatro cuentos – se dibujó lentamente una mueca de sonrisa que despertó aún más mi interés por su lectura, pues sabía que este libro iba a poner a prueba la capacidad narrativa de su autor y su originalidad.

Fowles es un autor consagrado dentro de la literatura anglosajona que cuenta en su currículum con una extensa y variada obra que ha sabido captar la esencia de los gustos literarios del lector del s. XX. Se le podría considerar como uno de los creadores de la figura del psicho-killer en serie (“El coleccionista”), ha tocado géneros como las novelas de aprendizaje desde una perspectiva mística (“El mago”) convirtiéndola en un referente para la generación hippy de los 60, siendo capaz de adentrarse en el convulso entorno de las novelas posmodernas, (“La mujer del teniente francés”), además de escribir novelas con un peculiar prisma sexual (“Manitssa”) y mezclar relatos históricos con la ciencia ficción (“Capricho”). En las pocas entrevistas que Fowles dio en su vida siempre dejó claro que era un tipo bastante excéntrico, enamorado de la naturaleza y enemigo acérrimo del mundo académico. Quizás los únicos “intelectuales” a los que llegaba a respetar eran los lectores.

La torre de ébano no es una de las mejoras obras de Fowles, pero si constituye el mejor exponente para acercarse al talento de este autor y navegar por la temática que marcó sus obras, conocer su estilo narrativo, plagado de punzantes diálogos que retratan el perfil psicológico de sus personajes y el cuidado detalle en las descripciones del entorno en el que se mueven sus personajes, con las que consigue recrear una atmósfera particular en cada uno de sus relatos, adentrándonos más en la historia. Este compendio de relatos se inicia con la novela corta – o relato extenso- que da título a la obra “La torre de ébano” y que fue llevada a la televisión por la BBC. En este primer relato conoceremos la historia de un joven biógrafo, David Williams, que ha ido a pasar una temporada junto al autoexiliado y soberbio pintor inglés Henry Breasley, afincado en la campiña francesa. Pero como ocurre en este tipo de viajes, el propósito inicial a menudo queda truncado por los acontecimientos que marcan el desarrollo de este encuentro, derivando en una historia de atracción vetada para un joven casado, que marcará al mismo y para quien volver a la “normalidad” de su vida no será lo mismo.

El primero de los relatos breves “Eludic” es presentado como una traducción de un relato medieval en el que conoceremos, en apariencia, la historia de las aventuras de un prototípico caballero medieval y su relación con un triángulo amoroso entre su mujer y su amante (desconocedoras ambas de la existencia de la una y la otra) que podría ser más la historia de estas dos mujeres, por el protagonismo que ambas tienen en el relato. En “El pobre Koko” un maduro crítico literario tendrá que enfrentarse a un joven ladrón revolucionario y crítico literario con el que entablará una curiosa lucha generacional dialéctica y moral. “El enigma” es la historia de un parlamentario de éxito que ha desaparecido y al que debe encontrar un detective al que se le asigna el caso, aunque, sin ánimo de hacer spoiler lo mejor del relato es su narrativa. El último de los relatos, “La nube”, es quizás el más desconcertante de los relatos que componen la obra y que dejaré a los lectores que juzguen por sí mismos

“Que el dolor no lastre tu vida”

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