Eugenio Barba nos trae “El árbol” del dolor y la esperanza

Por Horacio Otheguy Riveira

En la sala José Luis Alonso del Teatro de la Abadía sucede una representación asombrosa. El propio director Eugenio Barba acomoda a los espectadores a ambos lados del escenario, y se sienta a ver la función como uno más. El público se introduce en un mundo de lenguas diversas, que a veces entiende y otras no, pero le recorre un escalofrío único, doloroso y esperanzado que le lleva a realizar una experiencia que le deja bellamente conmocionado al final, cuando todo acaba y los intérpretes no vuelven a escena a cumplir con el clásico saludo de agradecimiento de los aplausos.

 

 

Actores procedentes de Bali, Canadá, Chile, Dinamarca, India, Italia y Reino Unido, evocan “un friso de promesas e ilusiones quebradas y una mirada llena de dolor a la historia de la Humanidad, a partir de los sueños de un niño”. Los actores del Odin no hablan el mismo idioma, provienen de diferentes países, por eso no cuentan historias a través de la palabra (semántica) si no que trabajan desde la emoción, construida en base a movimientos y sonoridades. Como todos los espectáculos del Odin TeatretEl árbol es una orquestación de signos dinámicos, metafóricos y literales que intentan decir algo al mundo interior de cada espectador.

 

 

El Odin Teatret con dirección de su fundador, Eugenio Barba, lleva 54 años recorriendo mundo. Desde su sede en Holstebro, Dinamarca, sus espectáculos son recibidos lo mismo en cualquier país de Hispanoamérica que en Nueva Delhi, ciudades de China o en un Festival de teatro en Alemania. ¿Qué tienen sus funciones para arraigar de tal manera en culturas tan distintas? Lo mismo que El árbol que ahora se presenta en Madrid: el dominio de un lenguaje universal que aglutina lenguas diversas, actores de distinta disciplina y origen étnico, y una gran vocación de solidaridad. Una ceremonia en torno a la violencia del negocio de la guerra sobre los inocentes que la padecen.

En El árbol, personajes específicos de culturas determinadas se enfrentan o alían, según convenga, en un discurrir en el que los cuerpos y sonidos plantean angustiosas o divertidas situaciones. Es el lenguaje universal de víctimas bajo el poder de verdugos adultos o niños soldados, con un alcance poético excepcional que se basa en la íntima cercanía entre artistas y espectadores; juntos recorren una emoción escénica que reinterpreta la implacable realidad que nos pasa por encima. Ninguna crueldad nos aflige lo suficiente; la televisión lo carcome todo. Se han visto reales pistoletazos de suicidas, gente prendiéndose fuego, fusilamientos y decapitaciones, niños ahogándose… Y además hay una gran industria de ficciones cinematográficas con una exposición día a día más violenta. El Odin Teatret aporta un Árbol en el que la gente inocente busca cobijo y de sus ramas penden juegos infantiles que alguien vendrá a destruir con saña. Un bárbaro que abraza a sus hijos y les asegura que todo lo hace por ellos mismos, por la patria, por la paz…

Un espectáculo que en nada se parece a lo que acostumbramos a ver. Con muchos puntos en común con otras funciones que pasaron por Madrid, El árbol ha brotado de una creación colectiva en la que participan todos los miembros de la compañía: los actores traen sus textos y sus ideas y el director les da forma con una escritura unificadora a la que añade una puesta en escena donde cada tono de voz, cada movimiento, tiene el significado que cada espectador le aporte, un auténtico coautor del espectáculo.

La experiencia vital de Eugenio Barba

La vitalidad del director-fundador de la Compañía es contagiosa. Y muy de agradecer su cordialidad: cuando sonríe se abren muchos de los senderos ya conocidos por sus seguidores. Odin es un poderoso dios escandinavo, portador de contradictorios atributos, tales como la guerra y la sabiduría. Una contradicción mitológica que a Eugenio Barba siempre le preocupó respecto a los seres humanos, y que recorre sus espectáculos con inusual profundidad.

  • La infancia siempre nos influye en nuestra evolución, y para mí ha sido muy importante la segunda guerra mundial. No la viví en ningún frente de combate, pero la vida no fue igual desde entonces, por los horrores cometidos y la miseria de todo tipo de la posguerra. De aquella barbarie han surgido muchas otras sobre las que los medios de comunicación dan muy parciales informaciones que resultan imposibles de retener para la mayoría de la gente. Me preocupan unas preguntas que considero esenciales: ¿Qué hubiéramos hecho ante una invasión alemana? ¿Cómo hubiéramos actuado en la guerra civil española, o en tantas otras que se producen en nuestro continente y fuera de él? ¿Hubiéramos podido escoger un bando? No valen las respuestas basadas en estudios de politólogos o historiadores, pues son preguntas dirigidas a todos nosotros como gente corriente, que no está abanderada en ningún partido político. Las contradicciones “naturales” del bien y del mal son fundamentales para intentar comprender la naturaleza feroz del ser humano a lo largo de la historia, pero más ahora que, en general, deberíamos tener un control absoluto sobre nuestras posibilidades de convivencia.

La vida en clave de teatro es una vida que le ha dado muchas satisfacciones recorriendo mundos muy diversos. En  toda Hispanoamérica (excepto Paraguay, por motivos de agenda) se reciben sus espectáculos con entusiasmo. Son grandes minorías al margen del teatro comercial.

  • No tengo nada contra el teatro comercial. Yo fui obrero y hombre de mar antes de interesarme por la actividad teatral, pero cuando lo intenté no fui aceptado. Busqué otras personas en mi misma situación y entre todos creamos el Odin Teatret, un hogar para todos nosotros que comenzó en Noruega (donde llegué de Brindisi, Italia, a los 17 años en busca de trabajo), pero se afincó en Holstebro, Dinamarca, nuestro taller de trabajo, y el lugar de donde partimos para todos los sitios donde nos invitan.

Desde Madrid volverán a Holstebro, para después partir a las Olimpiadas Teatrales de Nueva Delhi, India; luego Teherán, París, y, de momento, una ciudad de Rumanía donde les espera un Festival.

El día a día de las improvisaciones y los resultados finales tiene un componente de autocrítica muy valioso. El proceso de creación recibe la mirada de dos expertos en quienes confían para que les ayuden a potenciar su creatividad sin repetirse, corrigiendo debilidades propias de la creación artística. Ellos son: el asesor literario Nando Taviani, y el crítico teatral Thomas Bredsdorff, además de contar con dos asistentes de dirección: Elena Floris y Julia Varley, ambas también actrices.

La encantadora sonrisa de Eugenio Barba sólo se borra durante el breve tiempo que le dedica al “problema” de la financiación.

  • Durante 50 años recibimos una subvención del Ayuntamiento de Holstebro, y otro tanto por parte del Estado, a tal punto que se contrataba a los 10 intérpretes por un año entero. Pero la última vez el Estado nos ha recortado nada menos que el 70 por ciento, obligándonos a un ajuste muy serio. Los más viejos nos quedamos con nuestra pensión y no cobramos nada extra, los demás cobran medio sueldo algunos meses.

Un asunto delicado. “Mejor no hablar de dinero porque me pondré a llorar”. El largo brazo de los recortes culturales llega a todas partes. Pero Barba tiene mucha experiencia en sortear toda clase de dificultades, y su buen gesto, su apretón de manos sonriente y enérgico reaparece con la misma satisfacción con que recibe a los espectadores dentro de la carpa en que se ha transformado la sala, pronto invadida de sonidos y movimientos que crearán una atmósfera inolvidable.

 

Breve trayectoria de un teatro insólito

Desde 1964 las actividades del Odin Teatret como laboratorio han favorecido el crecimiento de un ambiente profesional y de estudio caracterizado por la actividad interdisciplinaria y por la colaboración internacional. Un campo de investigación es la ISTA (Escuela Internacional de Antropología Teatral), la cual desde 1979 se ha transformado en una aldea teatral donde actores y bailarines de culturas diferentes se encuentran con estudiosos para comparar e indagar los fundamentos técnicos de su presencia escénica. Otro campo de acción es el Theatrum Mundi Ensemble el cual desde 1981 presenta espectáculos con un núcleo de artistas provenientes de diferentes estilos y tradiciones. Bajo el nombre de Nordisk Teaterlaboratorium, jóvenes artistas y grupos se conectan estrechamente con la historia y experiencias del Odin Teatret desarrollando su propia autonomía artística en forma de residencias, co-producciones y actividades locales.

Hasta hoy el Odin Teatret ha creado 76 espectáculos representados en 64 países y contextos sociales diferentes. Durante el transcurso de estas experiencias se ha generado una cultura específica del Odin basada en la diversidad cultural y en la práctica del ‘trueque’: los actores del Odin se presentan a través de su trabajo a una determinada comunidad que los hospeda y esta responde con canciones, músicas y danzas de su cultura local. El trueque es un intercambio de manifestaciones culturales y ofrece no sólo una visión de otras formas de expresión, sino que es también una interacción social que desafía prejuicios, lingüísticas y divergencias de pensamiento, juicios y comportamiento.

El Odin y La Abadía siempre han mantenido un vínculo estrecho. Aquí se han visto: Kaosmos (1995), Mythos (2000), El sueño de Andersen (2004), Las grandes ciudades bajo la luna (2008) y La vida crónica (en la que La Abadía participaba como coproductor, en 2012).

Teatro de la Abadía. Sala José Luis Alonso, del 7 al 18 de febrero 2018

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Una respuesta a Eugenio Barba nos trae “El árbol” del dolor y la esperanza

  1. Gracias por la reseña.

    HUGO ALBERTO ARENAS HIGUERA
    15 febrero 2018 at 2:29 am

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