El accidente más misterioso del siglo XX en ‘Diana, Réquiem por una mentira’

AASHTA MARTÍNEZ.

La escritora Concha Calleja traza un valiente relato sobre la vida de Diana de Gales y su misteriosa muerte en Diana, Réquiem por una mentira (Almuzara). A lo largo de casi 300 páginas, Calleja reúne multitud de testimonios forenses, pruebas policiales, entrevistas y documentos inéditos hasta la fecha para presentar un ameno y revelador manual.

El libro analiza en profundidad el perfil psicológico de Diana y la personalidad de Carlos de Inglaterra. Para la autora, Lady Di se enamoró de Carlos y también de la idea de ser una princesa. Asegura, además, que este fue un amor que le llegó demasiado pronto a Diana, antes de que esta tuviera capacidad para razonar. “No solucionó sus conflictos con el pasado y Carlos abrió la veda marcando la pauta de lo que serían las posteriores relaciones de la princesa, siempre con la huella asociada del abandono…. […] Cuando le conoce era una adolescente poco sofisticada, bonita, inmadura, de familia aristocrática, traumatizada por el divorcio de sus padres, necesitada de afecto y virgen”, cuenta.

Según afirma la escritora, la relación estaba abocada al fracaso casi desde el principio. “Antagónicos por naturaleza -y por su propia herencia personal-, la pareja inició una relación secreta para el mundo, brotada por distintos intereses. Los de ella, completamente emocionales, y los de él, convenientes para cumplir con los requisitos que su corte le exigía. Así es. Diana encajaba a la perfección en el modelo establecido de cómo elegir a una princesa”, apunta en el libro. A eso hay que sumar el idilio que Carlos mantuvo con Camila Parker durante todo el matrimonio de este con Lady Di.

Pero, sin duda, el episodio más controvertido de su vida es, precisamente, el de su muerte, que continúa siendo un misterio veinte años después. Entre otras cosas, se desconoce dónde descansan los restos mortales de la princesa. “Tengo la sospecha de que el cuerpo de la princesa Diana no descansa en la pequeña isla artificial de Althorp, la finca de la familia Spencer y cuna de Diana, donde dicen que fue enterrada y donde se desplazan al año cientos de turistas para rendirle homenaje frente al mausoleo que su hermano Charles, el IX conde Spencer, se apresuró a construir tras su muerte, y que ha convertido en todo un negocio”, explica la autora. De hecho, muchos piensan que su cuerpo está en realidad en la capilla (mausoleo) de la iglesia Santa María la Virgen, de Great Brington, con todos los Spencer.

Y aquí viene la gran pregunta: ¿fue un terrible accidente o un premeditado asesinato? Calleja se decanta por lo segundo, a la luz de todos los detalles que recoge sobre lo ocurrido durante la fatídica noche del 31 de agosto de 1997. Eso sí, reconoce que nunca podrá saberse a ciencia cierta quién lo hizo, ya que los cuerpos de los fallecidos se incineraron en su día.

Chirrían demasiadas cosas en el mediático suceso. Chirría que Henri Paul, el chófer, escogiera una ruta más larga para ir desde el hotel Ritz hasta el apartamento de Dodi, y que condujese bajo ingentes cantidades de alcohol y fármacos (“muchos aseguran que, en realidad, era un hombre a sueldo del servicio secreto británico MI6 y de otros servicios de inteligencia”). O que esa noche no funcionaran las cámaras de seguridad de tráfico CCTV  en el recorrido que hizo el Mercedes siniestrado. O que tardaran 45 minutos en trasladar a Diana desde la ambulancia al hospital, saltándose durante el recorrido varios hospitales más cercanos.

También chirría que los archivos con los informes hospitalarios de autopsias y partes médicos desaparecieran del hospital, o que a Diana la embalsamasen sin hacerle la autopsia (“preceptiva en todos los casos de muerte súbita y violenta”) y sin haber recibido ningún permiso para hacerlo (“Al Fayed padre está convencido de que el objetivo era intentar ocultar el embarazo de la princesa Diana”).

Demasiadas sombras en un caso que, sin duda, pasará a los anales de la historia del misterio.

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