Viaje al Congo

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Viaje al Congo

André Gide

Editorial: Ediciones Península
Temática:
Viajes | General viaje y aventura
Colección: ODISEAS
Número de páginas: 272

El viaje realizado durante los años 1925-1926 por el escritor André Gide y el cineasta Marc Allégret, es irrepetible. Mucho ha cambiado todo desde el momento en el que el escritor eligió, para recorrer lo que hoy es República del Congo, Chad, República Centroafricana y Camerun, como inspiración, el libro de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas

André Gide había tomado bajo su protección a Marc, hijo del que había sido su tutor y amigo, el pastor Elie Allégret, diez años atrás. Tal y como prueba su correspondencia, el escritor se enamoró de manera inmediata del joven del que le distanciaban más de treinta años de edad. De aquella relación compleja su punto culminante fue el viaje que ambos emprendieron al Congo.

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André Gide © Marc Allégret

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Marc Allégret y André Gide © Marc Allégret

George D. Painter escribía sobre los motivos que llevaron a Gide a realizar el viaje: el escritor “experimentaba su acostumbrada necesidad de desaparecer antes de la publicación de una obra mayor”. La obra en cuestión era esta vez Los monederos falsos. El 18 de julio de 1925, pocos días después de terminarla, Gide partía al Congo.

Los dos artistas escribirían sus impresiones en sendos libros, Gide lo hizo en Viaje al Congo y un año después Regreso de Chad, Allégret las plasmó en Carnets du Congo.

A ambos les impresionó profundamente lo que vieron. Gide se sintió obligado a denunciar la política colonial francesa, lo que conllevó un largo debate que llegó hasta el Parlamento a su vuelta. Allégret tomó una gran cantidad de fotografías y filmó un documental Voyage au Congo en el que ponía en imágenes lo que Gide recogió en palabras.

El viaje al Congo fue una experiencia fundamental para Gide quien, como escribe el 4 enero de 1933 en su Journal (Diario), hasta entonces no había sabido interesarse en los hombres, “únicamente absorbido como estaba por la contemplación de mí mismo. […] De manera que fue necesario ese contacto con la oprimida raza negra para arrancarme de mi narcisismo”.

Muy serio todo y alejado de la corrección general que opinaba en sentido contrario a lo que aparece en el libro, no en vano el propio Gide fue considerado a su muerte por Sartre y Camus “el escritor más libre de su siglo”.

Estas son algunas de las instantáneas que Allégret consiguió en aquel viaje.

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No me basta con decirme, como hacemos a menudo, que los indígenas eran más desgraciados todavía antes de la ocupación de los franceses. Hemos asumido respecto a ellos unas responsabilidades a las que no tenemos el derecho a sustraernos. A partir de este momento, siento en mi interior un lamento inmenso; sé cosas sobre las que no puedo opinar. ¿Qué demonios me ha empujado a ir a África? ¿Qué he venido a buscar en este país? Antes, estaba tranquilo; ahora sé y debo hablar (pág. 89)

En julio de 1925, André Gide emprendió un viaje a las posesiones francesas de África ecuatorial como enviado especial del Ministerio para las Colonias. De aquella estancia, que duró aproximadamente un año, surgió este Viaje al Congo, una dura crítica de la política colonial del Elíseo que tenía muy poco que ver con otras obras contemporáneas escritas al dictado de determinados intereses políticos o comerciales. El libro, que provocó una verdadera convulsión social en Francia, no es tan sólo un testimonio vivo de una de las actuaciones más infamantes del hombre blanco en el continente negro, sino uno de los grandes exponentes de la literatura de viajes de todos los tiempos.

«Algunos libros de viaje levantan acta de la historia. Este Viaje al Congo contiene la declaración anticolonialista de André Gide. Se inicia con las expectativas estéticas propias de un posromántico: ansia insaciable de exotismo. Muestra por todas las cosas a la vez un interés desmesurado y paralizante, propio de un poeta. Un día no puede dormir. Siente “un lamento inmenso” por las injusticias que padecen los indígenas. La suerte está echada. El resto ya no será sólo literatura.» Juan Antonio González Iglesias, El País

André Gide nació en 1869 en París, ciudad donde murió en 1957. Su obra refleja todas las contradicciones de la ética y la estética contemporáneas. Tras unos inicios poéticos enraizados en el simbolismo, publica en 1897 Los alimentos terrestres, un decidido ajuste de cuentas con el puritanismo familiar y una exaltación de todos los goces carnales. A ella seguirán obras como El inmoralista (1902), Los sótanos del Vaticano (1914), Los monederos falsos (1925) o el celebérrimo Diario. Decepcionado por la impronta que el capitalismo imponía a las colonias, pero también por el curso que tomó la URSS en los años treinta (y que describió en sus famosos libros de viaje por África y la Unión Soviética), André Gide fue adoptando hacia el final de su vida una actitud de corte goethiano cuyo olímpico desdén no dejó de granjearle la crítica de autores más comprometidos. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1947.

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