Crónica de una explosión

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CRÓNICA DE UNA EXPLOSIÓN

Yan Lianke

Número de páginas: 480
Traducido por: Belén Cuadra Mora

AUTOMÁTICA

La pequeña aldea de Explotia, situada entre las cristalinas aguas del río Yi y las imponentes cumbres de la sierra de Balou, pasará, en escasos cincuenta años, de tener unos pocos cientos de habitantes a transformarse en una megalópolis de más de veinte millones de almas, capaz de rivalizar con Pekín y Shanghái. Esta titánica transformación, que se cimenta sobre la corrupción, la prostitución y la ambición desmesurada (representada por los respectivos líderes de las dos familias dominantes: el alcalde Kong Mingliang y la poderosa empresaria del sexo y la noche, Zhu Ying) acarreará inesperadas consecuencias para Explotia y sus habitantes. Una vez más, Yan Lianke, uno de los más grandes maestros de la literatura china contemporánea, nos sorprende con esta Crónica de una explosión, un texto que muestra las profundas heridas abiertas en la sociedad china actual y nos ofrece una imagen especular del gigante asiático que, al igual que la diminuta aldea, ha vivido durante las últimas décadas cambios tan increíbles y profundos que, muchas veces, sus resultados parecen sacados de una fábula fantástica.

Yan Lianke (Henán, 1958) es uno de los escritores chinos contemporáneos más reconocidos, controvertidos e independientes. Es autor de numerosas obras traducidas a más de veinte idiomas, entre las que destacan: Los besos de Lenin, El sueño de la aldea Ding, Al servicio del pueblo, Los cuatro libros, Días, meses, años y Crónica de una explosión. Ha sido galardonado con multitud de premios tan prestigiosos como el Franz Kafka, el Lu Xun y el Lao She chinos, y el Flower Trade of World Chinese Literature Award de Malasia. Ha sido candidato al Femina Prix y finalista en dos ocasiones del Man Booker International, así como propuesto para el Príncipe de Asturias de las Letras y el Nobel de Literatura. Si bien muchas de sus obras han sido censuradas en China y continuan sin poder publicarse o reeditarse, gozan de un innegable prestigio internacional.

Capítulo uno 

Adenda

I. palabras del autor

Respetados lectores, permítanme que exponga algunos hechos, en esta Nota, tal y como ocurrieron. Si la disputa u opiniones aquí vertidas les incomodan, les ruego que dirijan a mí sus insultos y eximan a mis colegas del Comité Editorial de toda crítica.

Primero: Accedí a dejar de lado la novela en la que trabajaba para aceptar el encargo de compilar y escribir esta Crónica de una explosión debido, además de a mi condición de nativo de Explotia, a la motivación real o potencial que supuso, debo reconocer, la elevada suma que me ofreció el Gobierno de esa ciudad, y que me dejó sin habla, pues solo en mis más felices sueños la hubiera imaginado. Ruego a los lectores que me comprendan, pues realmente necesitaba aquel dinero como alguien con demasiada testosterona precisa a una mujer. El alcalde envió a la capital a un secretario, que vino a verme y me anunció: «Profesor Yan, el alcalde ha dicho que puede pedir la suma que desee. Bastará con que no nos vacíe los bancos de la ciudad. Cualquier condición será aceptada». Estas palabras me dieron en el blanco, me derribaron, y caí prisionero del vil metal. Les ruego que se abstengan de preguntarme cuánto gané al escribir esta Crónica de una explosión; tan solo les diré que, terminado el trabajo, no tendré que preocuparme nunca más por cuestiones económicas. Cambiar de casa, un coche de lujo o incluso comprar fama y estatus con dinero no son ya para mí un problema.

Así, acepté el encargo de compilar y escribir Crónica de una explosión. Si les soy plenamente sincero, he de reconocer que poner por escrito esta Crónica supuso un verdadero esfuerzo, que realicé pensando no solo en los lectores y en toda la ciudad de Explotia, sino también en esa elevada y objetiva suma expresada en el contrato.

Segundo: Antes de tomar la pluma y comenzar a escribir esta Crónica, planteé tres peticiones que fueron aceptadas por el alcalde Kong Mingliang y por todos los miembros del Comité Editorial por unanimidad. Estas tres peticiones fueron las que siguen: (1) solo me serviría de los documentos y hechos que yo consideraba, guardándome el derecho a rechazar cualquier ejemplo, acontecimiento o exigencia que me fueran impuestos; (2) soy novelista, y lo que más importa a un novelista es la singularización. Emplearía mi propio estilo al escribir la historia, sin emular las pautas de redacción marcadas por las crónicas y registros tradicionales; (3) pedí que me asignaran una secretaria inteligente y encantadora, a ser posible recién licenciada en Letras.

Tercero: Sin perjuicio del método de impresión y publicación que acordara la municipalidad de Explotia, yo ostentaría los derechos sobre la obra, en calidad de importante autor de la misma, junto con dicha municipalidad. En el supuesto de que la ciudad de Explotia renunciara a reeditarla, yo me reservaría todos los derechos de edición, imprenta y autoría.

Cuarto: Todo reconocimiento y bene cio devengado de la traducción de esta Crónica de una explosión a lenguas extranjeras (incluidas ediciones en caracteres tradicionales para Hong Kong y Taiwán), adaptaciones audiovisuales, contenidos divulgados o serializados en línea, materiales o productos relacionados recaerían únicamente sobre su autor principal: Yan Lianke. Ni la ciudad de Explotia ni el resto de miembros del Comité Editorial disfrutarían de estos privilegios de reconocimiento y honorarios.

Y así sucesivamente…

Queridos lectores, relato aquí lo que no debiera mostrarse, como el caballero que saca a la luz sus suciedades. Léanlo e insúltenme. Si alguno de entre todos ustedes puede subirse al estrado de la castidad, con el fresco viento entre las manos y el sol alumbrándole el rostro, podrá entonces tacharme de puta y ramera, decir de mí que soy un novelista inmoral, insultarme hasta la muerte y ahogarme en un mar de salivazos. Pero antes de ahogarme, déjenme expresar una petición más, como al condenado a muerte se le permite pronunciar una última voluntad:

Lean esta Crónica de una explosión. Aun si no pasan más que de unas cuantas páginas, o de unas cuantas decenas de páginas, su lectura será la ofrenda oral de mi sepultura.

II. Comité editorial de Crónica de una explosión

Director honorario: Kong Mingliang, Alcalde de Explotia.

Director ejecutivo y autor: Yan Lianke, Escritor y Catedrático de la Universidad del Pueblo de China.

Subdirector: Kong Mingguang, Catedrático de la Universidad de Pedagogía de Explotia y ex Director del Comité Editorial de Crónicas del condado de Explotia.

Miembros del Comité Editorial (ordenados por número de pinceladas del apellido)1:

Kong Mingyao Relevante empresario de Explotia;

ChenYi Catedrático de la Universidad de Pedagogía;

He Zhaojin Docente del curso especial de Lengua y Literatura del Centro de Educación Secundaria de la Municipalidad;

Su Dianshi Docente de la Academia de Formación de la Municipalidad;

Yang Feng Personal administrativo;

Yang Xicheng Personal administrativo;

Ji Jinjin Funcionario de la Concejalía de Cultura, experto en folclore;

Zhao Min Artista audiovisual de la Federación de Arte y Literatura de la Municipalidad;

Ou Yangzhi  Auxiliar administrativa.

Ilustraciones: Luo Zhaolin

Revisión: Jin Qingmao

Contabilidad: Liang Guodong, Dang Xueping

III. resumen Cronológico de esta edición:

Agosto de 2007 – El Gobierno de la Municipalidad decide revisar y reeditar la crónica de la ciudad de Explotia, acordándose cambiar el título Crónica local de Explotia por Crónica de una explosión;

Septiembre de 2007 – Se crea el Comité Editorial de Crónica de una explosión, con Kong Mingguang, catedrático de la Universidad de Pedagogía de Explotia, como Subdirector;

Octubre de 2007 – El Comité Editorial se reúne por primera vez y ocializa el inicio de los trabajos de compilación sobre la base de las anteriores crónicas del condado;

Crónica de una explosión

Marzo de 2008 – Finaliza la fase de documentación;

Marzo de 2009 – Se concluye un primer borrador, que se imprime y distribuye entre los diferentes departamentos del condado para recabar opiniones;

Diciembre de 2009 – Se lleva a imprenta Crónica de una explosión;

Febrero de 2010 – Concluye la impresión;

Octubre de 2010, Día Nacional – A fin de lograr una amplia difusión de Crónica de una explosión, el Gobierno de la municipalidad contrata por una alta suma al conocido escritor YanLianke, a fin de que reescriba el texto y lo sitúe entre las obras más relevantes de su tiempo, en calidad de testimonio biográco, relatando la evolución de Explotia de aldea a villa, de villa a municipio y, más tarde, a ciudad y megalópolis, y para que sirva de oda a sus héroes, personalidades y habitantes;

10 de octubre de 2010 – El conocido escritor Yan Lianke regresa a su tierra natal, donde acepta tanto el encargo de reescribir Crónica de una explosión como el puesto de director del Comité Editorial, y comienza a trabajar en la obra;

Fines de noviembre de 2010 – Tras ingentes lecturas, investigaciones, entrevistas y reflexiones, Yan Lianke presenta una serie de propuestas para la redacción de esta Crónica, incluida la petición de seguir su propio estilo personal, lo que es finalmente aceptado por el alcalde;

Febrero de 2011 – Yan Lianke traza la estructura de Crónica de una explosión;

Octubre de 2011– Comienza la escritura formal de Crónica de una explosión;

Marzo de 2012 – Yan Lianke viaja a la Universidad Bautista de Hong Kong para participar en un taller internacional para escritores y naliza la parte principal de Crónica de una explosión;

Agosto de 2012 – Se concluye el borrador de Crónica de una explosión;

Septiembre de 2012 – El texto es entregado al Gobierno de Explotia y a funcionarios de todos los niveles para su lectura y valoración, despertando una gran conmoción y dando lugar a interminables discusiones y vituperios, para acabar convirtiéndose en una crónica singular que los habitantes de Explotia se pasan de mano en mano y leen en la intimidad.

2013 – La edición en lengua china de Crónica de una explosión ve la luz de forma simultánea en la China continental, Taiwán y Hong Kong. Las autoridades municipales y los diferentes departamentos y administraciones, así como los intelectuales y ciudadanos de a pie de Explotia, coinciden en renegar de esta Crónica absurda y excéntrica, desencadenando una ola de protestas sin precedentes en contra de la historia local. Se declara persona non grata a Yan Lianke, que desde ese momento no podrá regresar a Explotia, su ciudad natal.

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