Dos filósofos en un salón: Voltaire/Rousseau regresa a la cartelera madrileña

Por Susana Inés Pérez

Voltaire/Rousseau. La disputa, de Jean-François Prévand, se representa desde el pasado 20 de septiembre en el Teatro Cofidis Alcázar de Madrid, tras haber recibido multitud de críticas más que positivas durante la pasada temporada. Como su título indica, la obra se centra en el diálogo y enfrentamiento entre los dos filósofos, interpretados magistralmente por Pere Ponce y Josep Maria Flotats.

 

 

La acción tiene lugar en el opulento salón de la casa de Voltaire en Ginebra. Rousseau acude a Voltaire para averiguar quién ha escrito un panfleto en que se le acusa de haber abandonado a sus cinco hijos. Se pueden imaginar lo que viene a continuación: el choque entre dos personalidades opuestas, de ideologías dispares. Y es que los filósofos mantienen una conversación de hora y media perfectamente hilada y estructurada en que divagan sobre teatro, religión, filosofía o moral, e incluso de biología y botánica, y alardean de sus conocimientos.

Se trata de un montaje delicioso, en que prima la palabra y la construcción del personaje. Pere Ponce interpreta a un Rousseau excéntrico, lenguaraz, bocazas y fanfarrón, un hombre solitario, retirado de todo, supuestamente enfermo, que —según Voltaire—, se toma las cosas demasiado en serio. Josep Maria Flotats, por su parte, es un Voltaire irónico, de lengua afilada, pocas veces conmovido, un hombre acostumbrado a reunirse con todo tipo de personalidades y asistir a todo tipo de eventos, que, lejos de parecer antipático, resulta más bien cómico a ojos del público desde el primer momento en que recibe a su rival forzosamente, dirigiéndose a él como “mi pequeño filósofo” o “mi pequeño ángel”.

La impecable dramaturgia y dirección del propio Flotats mantiene al espectador pegado a la butaca: un pisotón y una palabra alta en el momento preciso, un cambio de posición o de postura, del sillón a la mesa, sentado o de pie, la continuación del diálogo entre bambalinas, una salida o entrada en escena a tiempo. Asimismo, desvela las características de los personajes en sus gestos, haciendo uso del atrezo; por ejemplo, Voltaire muestra gestos evidentes de fastidio ante la verborrea de Rousseau cuando, cafetera en mano, se dispone a servir el café en las tazas en varias ocasiones sin éxito al verse interrumpido una y otra vez.

El montaje se centra en las formas de pensar y vivir de los dos filósofos, por lo que en ciertos momentos podemos intuir una intención pedagógica que evita dogmatismos. A partir de la lucha dialéctica, los propios filósofos se ven forzados a repensar y replantearse sus opiniones, su pensamiento y su propia obra. En este sentido, la obra incide en las frustraciones de estas dos figuras históricas del siglo XVIII, mostrándonos también su lado más humano, picardías y contradicciones. Y es que, como los mismos espectadores, una vez fueron de carne y hueso. Como insinúa Voltaire, Rousseau quizá critica el teatro porque no es un buen dramaturgo y vive apartado del mundo porque le importa demasiado el qué dirán a pesar de que insista en lo contrario. El público, por otro lado, atiende a cada razón, posicionándose del lado del uno o del otro, o de unas y otras ideas, en un ejercicio que pone a prueba su rapidez mental y sus propias convicciones.

Uno de los momentos más interesantes del espectáculo es el debate sobre el progreso. Mientras Voltaire relaciona este concepto con la razón y la ciencia, Rousseau lo conecta con la cercanía a Dios, que podría lograr “el imbécil inocente”, “el buen salvaje”, ideas de las que parece retractarse hacia el final del espectáculo. En la misma línea, el desenlace plantea el dilema sociedad-individuo. ¿Hasta qué punto influye la sociedad en el individuo? ¿Hasta qué punto es responsable el individuo de sus propias acciones? ¿Quién sale victorioso de la disputa? Lo que prevalece es sin duda la admiración, especialmente la que Rousseau siente por Voltaire, del que se considera discípulo a pesar de sentirse rechazado.

Dos grandísimas interpretaciones; personajes, situaciones y reacciones con gran verdad; un clímax desgarrador; humor y reflexión; excelentes momentos de tensión dramática entre el ego y la emoción. Voltaire/Rousseau. La disputa es una obra imprescindible para los amantes del teatro, que puede verse de jueves a domingo hasta el 6 de enero de 2019 en el Teatro Cofidis Alcázar (C/Alcalá, 20).

Más información y entradas: https://gruposmedia.com/cartelera/voltaire-rousseau-la-disputa/

Autor Jean-François Prévand
Traducción Mauro Armiño
Dramaturgia y dirección Josep MariaFlotats
Escenografía Josep MariaFlotats
Iluminación Paco Ariza
Vestuario Renato Bianchi
Ayudante de dirección José Gómez
Diseño cartel Javier Jaén
Fotos marcosGpunto

Reparto Josep MariaFlotats y Pere Ponce

Una producción del Centro Dramático Nacional y Taller 75

 

 

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