‘El fantasma de la verdad’ de Toni Montesinos

PEDRO PUJANTE.

Imaginemos que un día cualquiera alguien recibe la inesperada visita de un personaje de ficción. Imaginemos que ese personaje es una bella mujer. Y por último imaginemos que quien recibe la extraña visita es el escritor y creador de la misma. Este es el supuesto que nos plantea El fantasma de la verdad, del escritor y crítico literario Toni Montesinos en su última obra. Hildur, la protagonista de una novela inédita de un escritor en horas bajas, aparece en la vida de su creador con la supuesta intención de ayudarle a recomponer su vida. Una vida deshecha sentimental y profesionalmente. El anónimo narrador y protagonista, una suerte de “apócrifo alter ego” del propio Montesinos, está a punto de divorciarse, su mujer le engaña y no le respeta y para colmo, la novela en la que ha trabajado durante más de dos años, Hildur, continúa en el cajón sin vistas a ser publicada.

Pero un día recibe la llamada de un personaje de ficción, Hildur, una belleza nórdica que ha traspasado los límites entre novela y vida, entre realidad extratextual y mundo diegético para, mediante un salto metaléptico, adentrarse en la vida de su creador para tratar de ayudarle a superar su crisis vital. Los juegos metatextuales son más complejos de lo que parece, porque el propio Montesinos es autor de una novela titulada Hildur cuyo argumento y personajes coinciden con los citados en esta que aquí comentamos. Este juego de autocitas permite profundizar en el entramado de la historia y dotarla de significados autoficcionales interesantes.

Aunque el lector se cuestionará en todo momento lo que está leyendo: ¿qué sucede realmente? ¿Es posible que un personaje fantástico acceda a la realidad o la mente trastornada de un escritor melancólico lo está inventado todo? ¿Es inocente esta bella nórdica o esconde  su visita algún oscuro motivo? Este es el juego al que nos somete con maestría, Toni Montesinos, un autor con una amplia trayectoria literaria que con gran acierto realiza un ejercicio narrativo de gran envergadura. Por un lado, despliega una historia repleta de intriga que subyuga desde las primeras páginas. Además, es capaz de establecer, con sutileza, digresiones que amplifican el mundo narrativo de la novela con reflexiones sobre literatura, sobre los límites entre ficción y realidad y, sobre todo, sobre el proceso creativo y sus consecuencias.

El fantasma de la verdad es una novela que goza de una prosa muy sólida, con un uso del lenguaje admirable que no se contenta con ser “consumida” como un mero entretenimiento. Además, este libro, con ecos de Auster, Poe y Vila-Matas, es una meditación sobre la vida, sobre la capacidad de nuestras mentes para crear fantasmas y sobre el poder terapéutico de la literatura. En cada página se deja entrever el amor profundo del autor por la literatura y su fe en la ficción.

Una historia memorable que, desafiando los tópicos y esquivando los géneros, funciona como deliciosa narración y como inteligente disertación metaliteraria.

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