José Carlos Valverde: ” ‘Nostalgia’ surgió por una catarsis de emociones”

SONIA RICO.

Nos encontramos ante Nostalgia 22 poemas de Abril , un libro para leer en una tarde lluviosa, o cualquier momento de recogimiento con una taza de café en la mano y disfrutar el instante. Leerlo es darse un capricho.

Este singular y precioso libro contiene 22 poemas en prosa poética que enlazan los ciclos de la vida con las estaciones. El título nos anuncia lo que encontraremos dentro: un paseo plácido por la vida, la muerte, el distanciamiento, la pérdida y el amor desde una perspectiva tranquila, como de quien ha hecho las paces con el pasado ¿se puede estar en un lugar mejor?

José Carlos Valverde es escritor, periodista y promotor de la cultura a través de varios canales, una labor que hoy en día nos hace mucha falta.

-José Carlos ¿Es posible recordar sin nostalgia?

La nostalgia forma parte de la vida, del recuerdo. Reflexionar sobre el pasado nos acerca al mundo. Es parte del individuo porque le ayuda a sobreponerse, a vivir. Es indispensable e indivisible.

Cada persona tiene su historia personal, pero yo no sería capaz de conocerme sin mirar al pasado. Ni siquiera podría aceptar mis errores y, en menor número, mis aciertos (algunos habrá. Supongo). Creo que nadie lo podría hacer. La nostalgia es un trozo de calidez humana que se ha ido forjando a lo largo de nuestra vida con el paso del tiempo. Incluso los malos recuerdos sostienen un halo de nostalgia.  Porque nos establecen unos patrones para mirar hacia el pasado, y también al futuro, desde una perspectiva empírica. Me resultaría imposible recordar sin nostalgia, la necesito para ser feliz.

-¿Cómo surgió la idea que fue motor del proyecto?

Por azar. Nostalgia fue una desconexión, una catarsis de las emociones.

Escribí el primer poema en Madrid. En la habitación de un hostal de mala muerte. Estaba solo y en un momento extremadamente sensible de mi vida. Había llegado a Madrid para realizar un máster sobre escritura creativa en el Hotel Kafka. Aquella tarde, durante las clases, habíamos trabajado junto a Marta Agudo la prosa poética de Baudelaire. Fue una explosión literaria. Un punto de inflexión.

Empecé a escribir prosa poética para canalizar los recuerdos. No quería desprenderme de ellos, porque forman parte de mí, de mi felicidad. Pero necesitaba convivir con el pasado y volver a sonreír rememorándolo.

-La idea de enlazar las estaciones con los ciclos de la vida es ya de por sí poesía pura… 

La obra se sostiene por completo sobre ese paralelismo. Su recorrido sigue patrones muy similares. La llegada del solsticio de invierno viene acompañada del frío. Las horas de luz son menores y, en cierto modo, permanecemos recluidos y ajenos al exterior. Hay un dominio de la oscuridad sobre la luz. Sin embargo la llegada del equinoccio (primavera) genera alegría, color.

Cuando el individuo cae hay opacidad, pesimismo. Al levantase y seguir vuelve luz, la superación.

Ambas cosas no llegan y sorprenden, se generan. Son ciclos en constante cambio. En el caso de la naturaleza hay un camino a seguir: del solsticio al equinoccio. En el del individuo existe un recorrido, un canal: ausencia y presencia. Despedidas y encuentros. Ese intervalo es la vida misma.

-Las ilustraciones dan un toque muy bello ¿Fue intencionado incluirlas desde el inicio? 

Fue idea de mi compañero de ondas en la SER Jesús Sánchez. Yo quería fracturar el ritmo del texto. Dar descanso al lector y marcar los cambios de color en la escritura. Establecer fases, canales como los he bautizado, que delimitaran el camino a seguir.

Creé cuatro breves digresiones que aparecen intercaladas en el libro. Él me propuso ilustrarlas y enseguida pensé en Paco Ortega (De qué color es tu recuerdo). Autor moronense de literatura infantil. Un genio de la sensibilidad.

Empezamos a trabajar en primavera. Le envié el primer boceto a finales de abril. En Junio recibí las primeras ilustraciones. Quedé perplejo, había adaptado la idea por completo. Puso la guinda al proyecto. Me contó con sus ilustraciones, portada inclusive, lo que yo no conocía de Nostalgia. Fue increíble. Estoy muy satisfecho con el trabajo final. Nostalgia lleva también el corazón de Paco.

-La prosa poética ¿se cocina a fuego lento?

Por supuesto. Como toda la literatura. El autor, al igual que el lector, pasa por fases a la hora de enfrentarse a un  texto.

He reescrito y desechado numerosos poemas antes de llegar al resultado final. Al lector le sucede algo parecido cuando relee una obra. Siempre acaba sacando nuevas visiones e intenciones que desconocía.

La literatura se cocina a fuego lento.

-Hay mucha reflexión interna en estos poemas. Supongo que has hecho una labor grande de introspección

Nostalgia es un ejercicio de introspección absoluto. Todos tenemos ese punto de reflexión interior en algún momento de nuestra vida. El ser humano está eternamente vinculado a la ausencia y la presencia. Vivimos entre ese trayecto vital. Esta obra refleja eso de una forma generalizada.

-Ya habías escrito antes ensayo, artículo periodístico, teatro, ¿cómo te ha resultado la experiencia?

Muy enriquecedora. Mis inicios estaban vinculados con la poesía, donde coqueteé con el verso. Más tarde accedí al mundo del carnaval, allí escribí durante casi una década repertorios para agrupaciones. Finalmente puse punto y final a esa etapa y comencé con la práctica del relato. Fue entonces cuando publiqué mi primer proyecto, Jirones de un Relato. Seguí trabajando y años más tarde publiqué La oscura alternativa, un thriller filosófico. Todo esto lo he ido compaginando con las columnas de opinión para la prensa y una obra de teatro coral que plasmaba, o fabulaba, la leyenda del Gallo de Morón.

Disfruto con la escritura en general, y trabajar la prosa poética ha supuesto un verdadero reto personal. Aunque soy un poco nómada en cuanto a género literario se refiere, y necesitaba dar un giro en mi actividad creativa, soy un prosista radical.

-Un nostálgico ¿puede sentir nostalgia también del futuro?

Sinceramente no lo sé. Yo siento pavor cuando pienso en el futuro. Soy un poco existencialista en ese sentido, y lo era mucho más hasta que llegó mi hija. En cambio me tranquiliza saber que fui feliz en el pasado, y percibirlo me ayuda a vivir el presente. Es importante ser feliz manteniendo el recuerdo a cierta distancia. No sé qué nos puede traer el mañana, y reflexionar sobre ello me genera mucho nerviosismo. Sobre todo cuando observo el mundo que nos rodea. Ahora mismo no puedo sentir nostalgia por lo que vendrá.

-¿En qué proyecto estás trabajando ahora?

Ahora estoy centrado en las presentaciones de la obra (acabaré en junio del próximo año). Pero en cuanto cierre este ciclo quiero descansar. Necesito parar con urgencia. Leer, leer, y volver a leer. Pero sobre todo estar con mi hija.

Tengo algunos proyectos en mente, una novela y varias colaboraciones, pero no hay nada establecido a corto o medio plazo.

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